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Lo que no se vio del Real Madrid - Real Oviedo: el 'show' del 'clan Mbappé', bufandas de Florentino y un Bernabéu desolador

El estadio blanco vivió otro capítulo de una crisis prolongada con pancartas retiradas contra el presidente y un estallido del francés contra Arbeloa como traca final de la semana más tensa

Pitidos a Mbappé en el Bernabéu nada más salir a calentar

Denís Iglesias

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Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

Pues el problema del Real Madrid no es la prensa, que asiste día a día a jornadas históricas. O algo así. Se terminan los adjetivos para definir la temporada del club blanco, convertido en un 'show' mundial. La semana en la que Florentino Pérez convocó elecciones en una intervención en la que acusó a los medios de tirar una bomba atómica en Chamartín terminó con Mbappé guillotinando en público a Arbeloa. Le dieron igual los pitos. Tanto a él como a lo que se considera como su 'clan' y que lidera su madre Fayza Lamari.

Pancartas ignífugas para un incendio

El ambiente previo al encuentro frente al Real Oviedo era el del anticipo de un festivo. El día de San Isidro, otra jornada de difuntos en Valdebebas, que sufre un problema grupal. En los puestos del Bernabéu apareció un nuevo elemento: bufandas con la cara de Florentino Pérez, a la altura de Mbappé, Cristiano, Juanito y hasta Bad Bunny. Dentro, fueron protagonistas dos pancartas contra un presidente que se bajó al barro intercambiando pareceres con un aficionado y ordenando la petición de selfies que tuvo. Incluso uno de los hinchas que sale en la secuencia completa lleva una camiseta con 'Floretino, 16'.

La prueba de que todo funciona distinto en el Real Madrid. Los asientos delante del palco deberían estar blindados ante cualquier injerencia. Después, un ejercicio de caza y captura de dos pancartas, situadas en los córners, con los mensajes "Florentino, culpable" y "Florentino, vete ya". La excusa trasladada: tenían que ser de material ignífugo y con el certificado correspondiente. La realidad: censura televisada, porque pese a la rápida actuación de los empleados de seguridad, las imágenes se difundieron globalmente.

Una encuesta a vuelapluma teniendo en cuenta los comentarios de los asistentes al partido daría una mayoría absoluta para Florentino, que saludó al Bernabéu con los brazos abiertos como un emperador. Pero lo que tuvo enfrente fue la Roma de Nerón. Un incendio difícil de extinguir donde cada detalle fue un leño más con el que alimentar la hoguera. Y el mayor combustible lo puso el 'clan' Mbappé. No solo Kylian, quien se dedicó a matar mosquitos en el banquillo siendo "el cuarto delantero", como criticó en zona mixta.

Mbappé, el favorito de Florentino

En el palco de la familia y amigos del francés, con Fayza Lamari, su madre y representante a la cabeza, hubo una reacción clarividente ante los pitos que recibió el jugador del Real Madrid cuando salió al campo. No hay gestos gratuitos. Menos aún cuando no hay intentos de disimular, sabiendo que hay mil cámaras como las de DAZN observando cada gesto. Por eso salió Mbappé a revienta calderas ante los medios que Florentino puso en el disparadero esta misma semana.

A cinco minutos para el inicio del encuentro, el Bernabéu presentaba un aspecto desolador. Los huecos se cubrieron a cuentagotas en un partido donde el juego fue lo de menos. Los espectadores se enfrentaron entre ellos con aplausos y pitos. Los únicos que convocaron consenso fueron canteranos como Gonzalo. Después, a gritos. Miradas extrañas y caras de no entender nada de lo que pasa en un equipo reducido a cenizas. Donde Mbappé ganó la partida de Vinicius desde el saludo del presidente a los jugadores. "Este es el Mbappé del PSG", advertían los corresponsables franceses en el Bernabéu. Que no son pocos. Fueron los primeros que advirtieron sobre los efectos a medio plazo de la llegada de Mbappé.

Divorcio del galo con Arbeloa, el estadio donde está llamado hacer historia y sus compañeros. Alaba le negó el consuelo en el que pudo ser su último partido con la camiseta del Real Madrid. Bellingham ni le miró cuando terminó el encuentro. compartió risas con Carvajal en el banquillo, otro de los enemistados con Arbeloa. Hasta en los escasos 15 minutos de entrenamiento abiertos a la prensa, a la que Florentino culpa de una confabulación, se palpa la lucha de taifas de un vestuario dividido en mil pedazos. Donde hay enfrentamientos entre compañeros, risas a destiempo y un nivel de toxicidad contra el que deberá lidar el nuevo capataz. Mourinho es el favorito para convertir un entierro en un proyecto creíble.