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Cunningham, el antirracista del Real Madrid al que ovacionó el Camp Nou: "Gracias a él, los niños negros soñaron con ser alguien"

Sergio, hijo del exjugador madridista, reconstruye la vida de su padre con SPORT en Vallecas, donde el apellido Cunningham sigue siendo una institución del Rayo, que visita este domingo el Bernabéu

Sergio Cunningham, ante el altar de recuerdos que tiene de su padre, Laurie, exjugador del Real Madrid o Rayo que rompió moldes.

Sergio Cunningham, ante el altar de recuerdos que tiene de su padre, Laurie, exjugador del Real Madrid o Rayo que rompió moldes. / DENÍS IGLESIAS

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Vallecas

En el Estadio de Vallecas, hogar del Rayo, lucirán escenas míticas en la historia del club franjirrojo a las que se unirán, sin duda, las que esta temporada están protagonizando en Europa. Wilfred, el 'Tamudazo', las escenas del Matagigantes, los goles de Guilherme en el Bernabéu, el gol de Míchel al Girondins en UEFA, las ligas del equipo femenino... De entre todas las imágenes, una llama la atención: es la imagen de Hugo Maradona, el hermano del Diego, abrazado a Laurie Cunningham. Un apellido, este último, que sigue vivo en las gradas del campo gracias a Sergio, su hijo, vecino del barrio.

Una relación de padre e hijo a través de los recuerdos

Recibe a SPORT en su casa, donde hay un auténtico museo en honor a su padre. Un jugador que rompió moldes, al ser el futbolista negro que quebró el racismo visceral que existía en los 70 en Inglaterra. A finales de esa década se convertiría en el fichaje más caro en la historia del Real Madrid. Costó cerca de un millón de libras esterlinas, el equivalente a 195 millones de pesetas. Las lesiones menguaron el rendimiento de un futbolista que salió ovacionado del Camp Nou en un clásico y terminó siendo ídolo en Vallecas.

Cunningham murió en un accidente de tráfico el 15 de julio de 1989, cuando su hijo era prácticamente un recién nacido. Sin embargo, Sergio ha perpetuado la memoria de su padre con un sinfín de recuerdos que lucen en su casa de Vallecas, convertida en una especie de museo

Hasta que perdió la vida en un accidente de tráfico el 15 de julio de 1989. Su hijo Sergio era prácticamente un recién nacido que ha construido una relación con su padre a través de los recuerdos. Sus fuentes son múltiples: desde su madre, la familia de Laurie de origen jamaicano o los que fueron compañeros del futbolista, pero sobre todo de la persona. Los que conocieron al delantero aseguran que Sergio es un calco de Laurie, de ahí que hablar con él es, de algún modo, hacerlo con un talento por el que incluso los que no eran del Madrid o del Rayo pagaban por ver.

Sergio Cunningham, en su casa, viendo uno de los múltiples álbumes de recuerdos de su padre.

Sergio Cunningham, en su casa, viendo uno de los múltiples álbumes de recuerdos de su padre. / DENÍS IGLESIAS

"Mucha gente me dice: 'Si nunca le conociste, ¿cómo le puedes querer tanto?'. Mi padre murió el 15 de julio del 89 y yo nací el 2 de marzo del 88, así que recuerdos suyos no tengo. Pero desde pequeño, en casa he tenido trofeos, imágenes y sobre todo muchas preguntas que he ido descubriendo, primero gracias a mi madre, después con todos los que le conocieron", relata alguien que también ha orientado su vida a través del fútbol. Estuvo en las canteras del Madrid o del Atlético y ahora transmite los valores que aprendió de su padre en Club Recreativo La Guindalera.

"Tengo la sensación de que mi padre siempre está presente. El otro día, en Vallecas, sentí un cosquilleo muy fuerte porque sé que estaba ahí. Es difícil de explicar, pero sé perfectamente que estaba allí. Y lo mismo le pasó a compañeros que tuvo como Zamorano, quienes decían que veían físicamente a mi padre en la grada", explica, desde la mística, Sergio, protagonista del homenaje que se le brindó a su padre en los prolegómenos del Rayo - Real Madrid de la jornada 12, el 'derbi Cunningham', porque enfrentó al equipo donde terminó su carrera (1986-1989) y con el que ganó una Liga y dos Copas de España (1979-1982).

Homenaje a Laurie Cunningham en los prolegómenos del Rayo - Real Madrid de la temporada 2025/2026, disputado en Vallecas.

Homenaje a Laurie Cunningham en los prolegómenos del Rayo - Real Madrid de la temporada 2025/2026, disputado en Vallecas. / REAL MADRID

El día que puso al Camp Nou en pie en un clásico

Entre ambas experiencias pasó por diferentes equipos como el Manchester United, el Sporting de Gijón, el Olympique de Marsella o el Leicester. Incluso en el Rayo, con el que no pudo vivir el regreso a Primera, viviría una temporada intermedia en el Wimbledon. Cunningham parece que nunca se fue de los sitios en los que fue feliz. Y en los que no, también dejó su impronta. Su primer equipo fue el Leyton Orient, donde en un partido contra el Millwall, famoso por sus hooligans, que tienen el lema "No one likes us, we don't care" ("No le gustamos a nadie y no nos importa"), saltaron desde la grada para pegarle después de que Laurie levantase el puño tras aguantar una sarta de insultos racistas.

Después tendría un paso sensacional por el West Bromwich, que le convertiría en internacional. Con los Baggies formaría una tripleta afrodescendiente rompedora junto a Cyrille Regis y Brendon Batson. "Con Cyrille tenía muy buena relación. Se murió hace unos años y estuve en su entierro. Fuimos al estadio del West Brom, en Birmingham. El cura estaba hablando y de repente se posaron dos aves negras en una valla. Hubo un silencio tremendo. Se quedaron toda la misa y, cuando terminó, se fueron volando. Fue súper mágico. Yo tenía la sensación de que eran ellos", relata Sergio.

El Madrid se fijó en él tras un partido de la UEFA. Querían ganar la 'Séptima'. Fichó por el conjunto blanco a razón de 195 millones de pesetas de la época. El más caro en ese momento, una auténtica locura.

Sergio Cunningham

— Hijo de Laurie Cunningham, exjugador del Real Madrid o Rayo

En una época en la que no todo el fútbol se retransmitía, Cunningham activó el interés de los equipos extranjeros en un partido de la antigua UEFA del West Brom contra el Valencia de Mario Kempes. "El Madrid se fijó en él. Querían ganar la 'Séptima' y dijeron: 'Necesitamos a este morenito'. Fichó por el conjunto blanco a razón de 195 millones de pesetas de la época. El más caro en ese momento, una auténtica locura. Más si cabe, porque solo podías fichar a dos extranjeros entonces. El alemán Ulrich Stielike y mi padre. Pagar tantos millones por un jugador exótico, negro y el Madrid... Llamó la atención desde el primer día", rememora Sergio sobre la llegada de Laurie a España.

Los que vieron jugar a Cunningham en directo cuentan que era un adelantado a su época en todas las facetas: "Por eso destacó y la gente lo tiene en la retina. Tenía unos cambios de ritmo únicos y una planta inmensa. Con el Madrid ganó dos Ligas y una Copa del Rey, aunque quizás el partido que más se recuerda fue un clásico en el Camp Nou del que salió ovacionado. Como lo de Ronaldinho en el Bernabéu, pero mucho más. Mi padre iba a sacar un córner y todo el sector de esa grada se levantaba animando a un jugador del Madrid. Eso no se ha visto en la vida".

El mito de "Cunningham, fiestero"

Episodios como este han sido contados en filmes y, sobre todo, el libro Different Class: La historia de Laurie Cunningham de Dermot Kavanagh. Una historia de auge y declive que empezó en un Betis-Real Madrid, cuando el veterano defensa local Bizcocho le hizo una dura entrada con la que le rompió el dedo pulgar tras un pisotón. Empezó entonces un calvario que le obligó a pasar por quirófano para operarse el dedo roto y también sufrió otras dos intervenciones por problemas en la rodilla.

"Claro, tú haces un partido de diez, sales aplaudido en el Camp Nou y luego empiezas a sacar un siete, un ocho… y la gente dice: 'Hemos pagado tanto, te hemos visto hacer esas locuras, ¿por qué no nos sigues dando eso?”, relata Sergio sobre Laurie, quien en vez de correr parecía que levitaba. Iba en las puntas de los pies. Un jugador fino que ambicionaba con "ser mejor que Pelé, porque confiaba muchísimo en sus aptitudes". La presión fue grande, por el alto precio de su traspaso en un tiempo donde el rendimiento de los extranjeros, por las fichas limitadas, se miraba con lupa.

Recortes de prensa de la época en la que jugó Laurie Cunningham y el libro 'Different Class' de Dermot Kavanagh que cuenta su historia de vida.

Recortes de prensa de la época en la que jugó Laurie Cunningham y el libro 'Different Class' de Dermot Kavanagh que cuenta su historia de vida. / D. I.

Empezó a correr la fama de que se dejaba ver más de noche que de día. "Incluso dijeron que el Madrid le había puesto un detective y que tenía un agujero en la puerta de su casa por donde se escapaba por las noches. Eso era mentira. Cuando me hice mayor, conocí a mi tío, su hermano, quien me dijo: 'Para que te hagas una idea, Sergio, en Madrid solo había dos negros: tu padre y yo. Muchas veces le confundían conmigo'". Pero hubo un día en el que Laurie sí estaba en la discoteca Pachá con una muleta.

"Dijeron que estaba bailando, pero la historia real es que habían asesinado a mi tía Norma y a mis primas. Mi tío Keith vino a Madrid y convenció a mi padre para ir a un reservado. '¡Joder, estoy lesionado, me van a pillar!'. Era un modo de desconectar por el drama que había pasado. Mi padre cometió el error de ir y aparecieron las portadas: 'Cunningham, fiestero'. Aquel episodio, como era lógico, le pasó factura en el aspecto psicológico", recuerda Sergio mientras hojea las memorias de su padre.

Racismo, clasismo y la final perdida de 1981

El Cunningham jugador se fue diluyendo, a pesar de conservar recursos como el saque de córner con el exterior. Una técnica que parecía un efecto óptico con el que hipnotizaba incluso a sus detractores. Que los hubo, furibundos por la capacidad de Laurie para romper los esquemas. "En Inglaterra vivió una época de muchísimo racismo. Tú ibas por las calles de Londres y había carteles de 'Prohibido negros, perros e irlandeses'. Imagínate lo que supuso vestir la camiseta inglesa. Michael Robinson me dijo: 'Gracias a Laurie, los niños negros pudieron soñar con ser alguien'. Ya no digo ser futbolista, sino simplemente ser alguien", rememora Sergio en un potentísimo ejemplo de la disrupción que provocó su padre.

Sigue habiendo energúmenos en el campo. Pero ni de broma pienso que España sea un país racista, como llegó a decir Vinicius en su día. Lo que sí existen son estúpidos que van al campo para hacer el insulto fácil. Hay que señalarlos, echarlos y multarlos

Sergio Cunningham

— Hijo de Laurie Cunningham, exjugador del Real Madrid y Rayo Vallecano

Con el tiempo se han repetido ataques como el sufrido por Saka en la Eurocopa 2020 después de fallar un penalti en la tanda de la final. "Sigue habiendo energúmenos en el campo. Pero ni de broma pienso que España sea un país racista, como llegó a decir Vinicius en su día. Lo que sí existen son estúpidos que van al campo para hacer el insulto fácil. Hay que señalarlos, echarlos y multarlos", argumenta Sergio, quien en su etapa como futbolista también tuvo que escuchar a más de un indeseable. Aunque también los hay que quisieron ver en él las formas del extremo que levitaba.

"No todos los que dicen 'negro' son necesariamente racistas. Lo que hay es mucho clasismo. Me crie en Chamberí (un barrio céntrico de Madrid) y cuando iba en chándal alguna señora miraba para atrás y se agarraba el bolso. En cambio, si voy con mocasines o americana, sucede justo lo contrario", ejemplifica Cunningham hijo. Lo sabe bien por su padre, un hombre que rompió las reglas en un momento de cero apertura a cambiarlas. Logró el hito de hacerse un hueco en el Madrid de 'los García', copado de jugadores del Castilla, donde ser extranjero era una anomalía.

Galería de recuerdos y trofeos que Sergio Cunningham guarda de su padre.

Galería de recuerdos y trofeos que Sergio Cunningham guarda de su padre. / D. I.

Era un fútbol totalmente distinto, donde el inglés era un verso libre cuya historia pudo cambiar un 27 de mayo de 1981, el día en el que el Real Madrid perdió por última vez en una final europea. Fue contra el Liverpool en el Parque de los Príncipes. Cunningham fue titular, junto a los Agustín, Camacho, Del Bosque, Juanito o Santillana. En el banquillo, la dirección del yugoslavo Vujadin Boskov. El conjunto 'red', que conocía bien a Laurie, planteó sobre él una férrea defensa.

"Podría haber sido la 'Séptima' de Cunningham, pero no fue así. Mi padre llegaba muy tocado por las lesiones y Boskov lo puso con el objetivo de tener alguna contra, por la velocidad que tenía, pero aquello no resultó. Con todo, aquel Madrid será recordado como el comienzo de la modernización. El primero que empezó a fichar extranjeros y creo una marca en Europa", sostiene Sergio desde cerca del hogar que terminó siendo el último de su padre.

Un barrio que le recordaba a Leyton, donde se crió. Por eso asumió jugar en dos temporadas con la camiseta del Rayo. En la segunda, antes del trágico accidente, ayudaría al conjunto de la franja a volver a Primera con compañeros como Hugo Maradona, con el que ahora comparte mural en el exterior del campo donde realmente se sintió a gusto. "Por eso yo también me vine a vivir aquí, porque sigues teniendo esa sensación de pueblo y de pertenencia", siente Cunningham, quien desde que tiene uso de razón nunca ha dejado de cultivar la memoria de un ídolo distinto a todos.

En el 'Museo Cunningham' de Vallecas hay joyas como esta camiseta 'maradoniana'.

En el 'Museo Cunningham' de Vallecas hay joyas como esta camiseta 'maradoniana'. / D.I.

P. ¿Cómo te contaron que tu padre había fallecido?

R. Yo era muy pequeño, pero al final, en todos los álbumes de fotos que tengo, incluso tenemos recortes de periódico de cómo quedó el coche. Mi madre, recuerdo que yo tendría unos 10 u 11 años, fue cuando me contó: “Tu padre está en el cielo”. Íbamos a Inglaterra a la tumba.Ten en cuenta que mi madre tenía 32 años cuando se quedó viuda y mi padre 33. Es muy difícil contarle a un niño las circunstancias. Para ella no fue fácil. Pero como yo viví sin él, fue como: “Bueno, es lo que me ha tocado”. Siempre me han dicho que mi padre estaba presente y, de alguna manera, siempre ha estado dentro de mí. Siempre he tenido la sensación de: ojalá haberle conocido. Yo siempre digo lo mismo: si pudiese hablar con Dios, en vez de morir a los 80, morir a los 79 por pasar un rato con él, lo haría sin dudarlo.