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Los jugadores del Madrid se quedan sin protección: del "se cree Guardiola" al "no resiste a la Supercopa"

La plantilla queda expuesta con el relevo que deja a Álvaro Arbeloa como hombre por y para un club en el que han fracasado los proyectos de autor

El delantero del Real Madrid Kylian Mbappe (d) y su ya extécnico, Xabi Alonso (i), durante el entrenamiento efectuado en la víspera de la final de la Supercopa de España.

El delantero del Real Madrid Kylian Mbappe (d) y su ya extécnico, Xabi Alonso (i), durante el entrenamiento efectuado en la víspera de la final de la Supercopa de España. / Kai Försterling / EFE

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

El lunes 12 siempre será que un martes 13 en el Real Madrid. Así quedará reflejado en los libros de la historia blanca, donde no encuentrean su lugar los entrenadores de autor como Xabi Alonso. El vasco ha sido la última víctima de un proceso en el que los técnicos son de quita y pon salvo que logren títulos. Cuando dejan de hacerlo, son rebajados a un segundo plano por el que han pasado desde Carlo Ancelotti a Zinedine Zidane, a pesar de lo ancho de su palmarés. Ese es el pasado que antecede a un Arbeloa que hoy se estrena como entrenador del primer equipo.

El primer síntoma de debilidad

El entrenador del Castilla es el escogido por Florentino para un relevo forzado y anticipado. Una decisión tomada desde hace tiempo. El entorno afín al club creyó más en Xabi Alonso que en sí mismo. Fue más fiel al entrenador por una mejoría sin títulos que él mismo, quien terminó cayendo preso de su propia traición. El "refuerza su puesto" o "gana crédito" fue un lugar común en la lectura de un 3 -2 contra el Barça que era un examen final donde el vasco suspendió. Ni defensa de cinco ni oportunidad final de Carreras: suspenso.

A partir de ahí, una decisión premeditada desde que el Celta retrató en el Bernabéu a un cuadro que abandonó cualquier precepto competitivo de largo plazo. Una derrota dolorosa que anunció el fin de un entrenador que no logró ninguno de los objetivos prometidos. Por lo menos, no los que definen una trayectoria. Véase: control del juego, propuesta reconocida y el anunciado rock n' roll que dejó de sonar tras la primera gran derrota del Mundial de Clubes frente al PSG.

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Esta primera situación de inferioridad había venido precedida por la primera decisión de peso: Xabi Alonso, al torneo internacional. Ni interinos ni agonías de Ancelotti. A partir de ahí, drones, vídeos y ruedas de prensa de fútbol hasta que el relato se resquebrajó contra el PSG. Por primera vez, la autoridad del vasco quedó en entredicho, sobre todo al poner la primera excusa: "No, nuestra temporada empieza ahora". La culpa delegada en un Ancelotti con el que ha terminado por compartir problemas.

El veredicto del Bernabéu al cambio

Aunque pasó de puntillas, el primer gran topetazo de Xabi Alonso sucedió en el Mundial de Clubes, cuando el vasco ensayó la semifinal frente al PSG sin Vinicius. El encontronazo se solventó con la lesión de Trent, que dejó al brasileño en la titularidad del 4-0 en contra. Sería el inicio de una tormentosa relación que pasó por la bronca pública en el cambio del clásico. La evidencia de un vínculo que ha sido irreconciliable, pese al abrazo público en el encuentro contra el Alavés. El partido concebido como una muerte súbita para Xabi Alonso que solo arregló el resultado.

Xabi Alonso da instrucciones a sus jugadores durante la pausa para la hidratación en la final de la Supercopa de España

Xabi Alonso da instrucciones a sus jugadores durante la pausa para la hidratación en la final de la Supercopa de España / Kai Försterling / EFE

Pero la confianza estaba rota y desde entonces el vasco ha sido un funambulista. Los entornos han sido un torbellino de filtraciones desde el que se transmitieron mensajes como el "Se cree que es Guardiola", desvelado por 'The Athletic'. Un comentario despectivo sobre el intervencionismo del entrenador que venía de ser capitán general en el Bayer Leverkusen cuya historia cambió con un doblete histórico que borró la idea de derrotado histórico del conjunto alemán. En cuanto Xabi Alonso se percibió como sentenciado, los jugadores empezaron a darle abrigo.

Sabían y saben que serán los siguientes. Porque el Bernabéu no ha dirigido su ira contra Xabi Alonso en ningún momento. En parte, los aficionados percibían una desautorización manifiesta desde el palco, ahora sin protección tras sacrificar su escudo. La excusa del fallido giro de timón ha quedado invalidada. Con Mbappé como eje a medio plazo y con Vinicius renacido, pero sin renovar, el vestuario está expuesto de aquí a final de temporada donde Arbeloa tiene más por ganar que ninguno.

A pesar de que la noticia del despido provocó una reacción de estupefacción tanto en el primer equipo como en el filial, la realidad es que antes de la final contra el Barça, el entorno de algún peso pesado transmitía lo siguiente: "No resiste a la Supercopa". Y esto sin saber el resultado, anticipo de un final consumado en el vuelo de vuelta a Madrid con José Ángel Sánchez, director general de club y valedor del fichaje de Xabi Alonso, como ejecutor de un profesional liquidado de "mutuo acuerdo", una fórmula para camuflar un fracaso entre ambas partes.