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REAL MADRID

El impacto de Jude Bellingham en un ataque menos poblado

El retraso posicional del jugador inglés en las dos últimas temporadas han destrozado a él y al Real Madrid

Real Madrid - Deportivo Alavés I El enfado de Bellingham / LALIGA

Pablo Díaz

Pablo Díaz

Madrid

En el Real Madrid, el caso de Jude Bellingham empieza a ser preocupante. Sus aportaciones de gol han ido disminuyendo con el paso de las temporadas. Del momento de su llegada en el que el equipo empleaba aquel 4-3-1-2 donde el inglés acumulaba cifras de impacto de hasta 37 aportaciones de gol (contando goles y asistencias), se ha pasado a registros más discretos, bajando primero a 29 y, estancándose esta temporada en 10 (6g y 4a). Un descenso que no podría justificarse sin mirar lo que ofrece el equipo sobre el campo. 

El defensa brasileño del Betis Natan de Souza (2i) lucha con el británico Jude Bellingham (2d), del Real Madrid, durante el encuentro correspondiente a la jornada 32 de LaLiga que disputan Real Betis y Real Madrid.

El defensa brasileño del Betis Natan de Souza (2i) lucha con el británico Jude Bellingham (2d), del Real Madrid, durante el encuentro correspondiente a la jornada 32 de LaLiga que disputan Real Betis y Real Madrid. / JULIO MUÑOZ / EFE

Durante su primer tramo en el Real Madrid, Bellingham actuó prácticamente como lo que se conoce falso 9, apareciendo constantemente en zonas de remate y siendo una amenaza directa en el área. Pichichi del equipo aquella temporada ganando — entre otras cosas — la Champions. Sin embargo, su posición ha ido retrasándose con la llegada de Mbappé y el empeño de encajar a los 4 galácticos. Y aunque tiene condiciones naturales de ‘8’, no solo de ‘10’, la realidad es que en este Madrid no está explotando su máximo potencial. 

Bellingham y Mbappé durante un partido con el Real Madrid

Bellingham y Mbappé durante un partido con el Real Madrid / Valenti Enrich/Sport

El equipo se ha visto obligado a desplazarle hacia zonas más alejadas del área por una doble razón: la escasez de mediocentros puros y, al mismo tiempo, el exceso de atacantes. Una descompensación estructural que se traduce directamente en el rendimiento individual. Bellingham participa más en la base de la jugada, pero pierde su impacto en los últimos metros. Básicamente lo que le hace diferencial. 

Paradójicamente, cuando el ataque es menos poblado —es decir, cuando el Madrid se estructura con tres atacantes en lugar de cuatro— su figura vuelve a destacar. En ese contexto, su aparición indetectable en el área cobra sentido: puede llegar desde segunda línea, atacar espacios con desmarques, recibir en ventaja cerca de zona de remate e incluso generar desequilibrios a través de su elegante conducción. Con cuatro atacantes, en cambio, estas situaciones desaparecen. El equipo, al contrario que el resto de grandes europeos, no tiene ni los movimientos ni los mecanismos para ordenar ese volumen ofensivo, y Bellingham queda diluido. Esto también es reflejo de que el Madrid tiene al entrenador más ocupado en gestionar el vestuario que en desencadenar estas situaciones.  

Jude Bellingham y José Mourinho, tras la final de Champions en Wembley en 2024.

Jude Bellingham y José Mourinho, tras la final de Champions en Wembley en 2024. / AGENCIAS

Aquel “niño de oro” que aterrizó en el Santiago Bernabéu con su icónica celebración de brazos abiertos empieza a difuminarse entre roles que no terminan de encajarle del todo. No es una cuestión de talento, sino de contexto. 

Y el debate vuelve al punto de siempre: ¿puede este Madrid sostener a sus grandes figuras ofensivas sin sacrificar el equilibrio? ¿O es necesario tomar decisiones traumáticas para priorizar un fútbol más moderno y menos anárquico? La gran duda no es si son buenos —eso es incuestionable—, sino si son compatibles rindiendo todos a su máximo nivel sobre el mismo campo.