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De futbolista del Real Madrid a dirigir un estanco en Móstoles: el giro radical de un canterano que jugó con Zidane

La luz que vivió dos eclipses, un salto al primer equipo en 2001 con dos lesiones graves de rodilla: el lateral derecho de Madrid fue elegido por Del Bosque pero el destino le llevó a inaugurar un estanco justo a su esposa

Algunos jugadores de la plantilla del Real Madrid en el año 2005

Algunos jugadores de la plantilla del Real Madrid en el año 2005 / AGENCIAS

Álvaro Pastor

Si el deporte tiene una parte negativa, esas son las lesiones. Un mantra repetido, pero que por insistente no implica que no sea cierto. En el fútbol, el punto rojo de la diana son las lesiones de rodilla, donde los meniscos pueden jugar la peor de las pasadas. El miedo invade a todos aquellos que se encuentran en el brete, por ejemplo, de la rotura de los ligamentos cruzados, y las opciones de colgar las botas aumentan.

El Real Madrid vivió de primera mano ese tenebroso mal de ojos. El destino se cebó en la primera década de los 2000 con un canterano de Fuenlabrada al que, paradójicamente, primero le tuvo que sonreír la suerte, para que después el tiempo le colocara al frente de un estanco en Móstoles.

Óscar Miñambres, futbolista (cuando pudo)

Óscar Miñambres era un atlético lateral derecho. Con buenos conceptos ofensivos y defensivos, el madrileño contaba los entrenamientos en Valdebebas, aunque en el Castilla. Su oportunidad de subir el escalón al primer equipo llegó en 2001. Un tal Vicente del Bosque, entrenador de la selección española en la Copa del Mundo ganada en 2010, dirigía a un Real Madrid con jugadores como Zinedine Zidane, Pavones, Casillas o Roberto Carlos.

Rodeado de estrellas, Miñambres tenía toda la banda derecha a sus 20 años y todos los que le quedaban por delante. Una carrera en la que debutó en Champions League, asistiendo a Santiago Solari en un gol fundamental contra el Oporto. Su papel de suplente durante los próximos años, le obligaron a contar en silencio las temporadas con paciencia. Figo, Beckham, Raúl, Ronaldo, etc. Miñambres vivía el sueño desde un segundo plano, hasta que cruzó el país para marcharse cedido al RCD Espanyol en el 2004.

Miñambres y Luis Figo en su etapa en el Real Madrid

Miñambres y Luis Figo en su etapa en el Real Madrid / AGENCIAS

Donde parecía abrirse una puerta, se acabó cerrando con candado otra. El fútbol acometió la injusticia puntual de asestar con una dura lesión de rodilla a Miñambres, que fue descartado para el resto de la temporada. La falta de continuidad no le impidió volver al club blanco. Cerca de recuperarse, el destino volvió a golpear, está vez en Madrid, en el club de su vida. Una nueva lesión de rodilla sin ni siquiera haber pisado en su vuelta el Santiago Bernabéu.

Fue en 2007 cuando el lateral volvió a la normalidad con el Hércules CF, pero la falta de eficacia en las operaciones y una carga muscular incapaz de devolver el nivel al canterano, le llevaron a apagar la luz del fútbol y cerrar la puerta para definitivamente retirarse. "Dejé de ver partidos, me hacía mucho daño", reconocía en una entrevista a Relevo.

Buscar y encontrar: Miñambres, un hombre nuevo y un hombre de negocios

Tener hijos que jueguen al fútbol supone una extraña reminiscencia para Miñambres. El tiempo ha pasado desde que empezó una nueva vida con 26 años. Ahora tiene 42 años, y la nueva realidad del madrileño está aún en Madrid.

Su mujer y él tienen un estanco en Móstoles, regentado desde que el propio canterano no le quedó otra que emprender en un negocio peculiar pero todavía rentable. Dos Ligas, dos Supercopas de España, una Champions League y una Supercopa de Europa. El palmarés futbolístico de Miñambres es guardado con cariño. Ahora hay un escaparate, pero con cajetillas, mecheros y otros accesorios, son los que marcan su vida.

Miñambres, exjugador del Real Madrid

Miñambres, exjugador del Real Madrid / AGENCIAS

No es el único giro empresarial de Miñambres. Los partidos de su equipo los ve también desde una estación de Inspección Técnica de Vehículos (ITV) en Illescas, Toledo, que gestiona en colaboración con otros socios y amigos. Siempre ha comentado que el mundo del motor le encantaba, pero por ahora no ha planteado encajar las piezas de otro negocio. Pero ante todo, Óscar Miñambres se ha buscado y se ha encontrado.

Es feliz y lo seguirá siendo, aunque tenga que rememorar la nube de su etapa como blanco viendo las nubes de humo de los clientes que salen de su tienda.

Vía: El Periódico de España