REAL MADRID
Vinicius desquicia a la Real Sociedad para meterle presión al Barça
El Real Madrid duerme líder tras golear sin Mbappé a un rival desdibujado con dos penaltis que inventó el brasileño junto a los tantos de Gonzalo y Valverde

En esta vida y en cualquiera, ser feliz es beneficioso para la salud. Vinicius, que se ha pasado meses cabreado contra el mundo, sabe que sonreír le beneficia más que el enfrentamiento continuo. Estiliza hasta sus regates y con ellos su volatilidad para que cada entrada parezca un penalti. Rompió la estabilidad emocional de Aramburu el día de San Valentín con dos penas máximas decisivas (le anularon el 'hat-trick') para dejar a la Real en la lona. Dos penaltis en los que el brasileño pasó del estado sólido al líquido. Tres puntos más en un Bernabéu que vio, por un día, el mundo de color de rosa, viendo dormir líder a su equipo tras una goleada.
Placidez con Mbappé suplente
Arbeloa tiene un sofá gris que se ha convertido en el diván de una plantilla donde cada movimiento provoca un efecto dominó. Esta semana sentó en él a Carvajal, que, pese a la presión de los entornos, sobre los que habló el técnico blanco, fue suplente contra la Real Sociedad. Fue titular Trent ante un hueso escaldado por el trajín de la Copa. El inglés no tardó en demostrar que su pie es generosamente mejor que el de la competencia. Es de las pocas ideas que había dejado hasta la fecha.
Puso una parábola para que Gonzalo reivindicase, una vez más, que jugar con delantero centro (cuarta diana en Liga) es indispensable en un equipo que necesita merodear el área para sentirse seguro. Vio el 1-0 desde el banquillo Mbappé, cuya rodilla es una cuestión de Estado y misterio. No notó su ausencia en la primera parte un Madrid ordenado en un 4-4-2 que, si por Arbeloa fuese, sería su refugio de aquí a final de temporada. El reto es mantener la concentración para no caer en jugadas como el penalti que hizo Huijsen.
Un pase entre líneas de Soler para Yangel Herrera descosió la zaga blanca, donde el central quedó retratado al medir mal. Oyarzabal no falló en el 21, como tampoco lo haría minutos después Vinicius. Aramburu jugó con el peligro de que un jugador como el brasileño entre en el área rival, donde el efecto de la gravedad se altera. Hay que ir con manual de prevención de riesgos en cada paso adelante. No falló a lo 'panenka' el brasileño, el recurso más peligroso desde los once metros.
Aunque el verdaderamente nocivo para el rival fue el extremo, que obligó a dos y hasta tres vigilancias de los de Matarazzo. Esta deslocalización de recursos permitió abrir un hueco en la frontal que aprovechó Valverde para llevar el balón a la escuadra de un Remiro que esta noche no tuvo poderes de superhéroe, como contra el Barça. Pudo Gonzalo aumentar la goleada tras un gran pase de Valverde, pero con el 3-1 se llegó al descanso de una forma tan cómoda que hasta al Bernabéu le pareció extraña.
La vida entre penalti y penalti
Nada más salir de vestuarios, otro escorzo que podría estar en la modalidad olímpica de patinaje. Caño del brasileño y tirabuzón en cuanto supo que había superado a Aramburu. La queja amarga del 'txuri-urdin' contra Hernández Maeso se quedó en eso. Un lamento por otra pena máxima que el brasileño transformó para abrir una ventaja que le permitió a Arbeloa levantar del sofá a Carvajal para darle minutos. De nada le había valido a Matarazzo meter dos cambios en el intermedio.
Fue tal el estado de relajación del estadio blanco que se permitió intercambiar cánticos entre fondos mientras veía cómo Courtois aparecía para evitar que la ventaja menguase. Arriba, Vinicius, en su particular día de los enamorados. Todo ello, antes de visitar al Benfica de Mourinho, quien provocó el divorcio más reciente en un Real Madrid que se tomó la parte final del partido como una sobremesa después de un banquete al que Mbappé no estaba invitado.
Esto permitió a Gonzalo disfrutar entre líneas ante un equipo de Matarazzo al que, efectivamente, le impresionó el Bernabéu. Como en la cena de esta semana, acudieron todos en busca de minutos para ganar rodaje frente a lo que viene. Una eliminatoria crucial en el camino de un club capaz de firmar un 4-1 y en el lance siguiente pegarse un tiro en el pie. Un equipo enamorado de la irregularidad que puede olvidarse de enemigos externos.
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