CHAMPIONS
El Madrid pide perdón al Bernabéu y un estelar Vinicius no acepta sus disculpas
Festín goleador de los de Arbeloa para fortificarse en el 'top 8' con el brasileño como gran figura, que prefirió celebrar el gol y asistencias con sus compañeros en lugar de con la grada, rendida al buen humor de Bellingham

Vinícius Junior celebra con Álvaro Arbeloa su gol contra el Mónaco. / AFP7 vía Europa Press

Sin el cataclismo de Copa contra el Albacete, Arbeloa tenía una pasarela propicia para fortalecerse en sus primeros días como nuevo entrenador del Real Madrid. Tras la visita al Belmonte, dos partidos como local: contra el Levante, en descenso; y un Mónaco en crisis. Todo se desmoronó a las primeras de cambio para una pitada histórica que obligó al salmantino a sacar del sótano a un equipo que buscó la reconciliación con su público en la Champions, donde tanto han vivido juntos. Con Vinicius como gran estrella, quien repitió en este papel con dos asistencias, un gol y otro provocado.
El Real Madrid fue muy superior a un Mónaco anticompetitivo. Un 6-1, maquillado por Teze, en el que Mbappé tuvo que pedir perdón a un Bernabéu que no encontró correspondencia en el amor recuperado hacia Vinicius. El brasileño no miró a la grada y se refugió entre sus compañeros pese a recibir la ovación de un público que empezó fracturado y terminó convencido de remar junto. Bellingham optó por regodearse con un sexto tanto que celebró burlándose de los que le acusan de tener una agitada vida nocturna. Una celebración a trago limpio.
Mbappé pide perdón
Arbeloa ha evitado hablar de fútbol en sus primeras intervenciones. Tampoco ha tenido el contexto propicio para hacerlo hasta ahora. Por lo que sus alineaciones son la mejor declaración de intenciones. En una demostración ancelottiana (presente del nuevo en el palco), puso a Camavinga en el lateral y sentó a Gonzalo para que Mastantuono sumase crédito a la cuenta de confianza que inauguró contra el Levante. El Bernabéu no va a pasar ni media a sus jugadores y se lo recordó en la salida al calentamiento, con pitos de los más puntuales.
Es decir, los que llegan antes que nadie al campo, incluso en las noches europeas, donde suelen colarse muchos VIPS. Tuvo enfrente el Real Madrid un equipo propicio, que le dejó espacios para ejercer su creatividad. No le hizo falta al conjunto blanco hacer una presión efectiva para ponerse por delante rápido en el marcador. En la primera ocasión, Mastantuono filtró para Valverde dentro del área, que le 'regaló' otro gol a Mbappé, quien se reivindicó en la previa como líder de la sala de prensa. Nada más relajante que el gol, aunque alguno viva en continua tensión. Por eso el galo quiso pedir perdón.
Detrás de cada fallo, una advertencia. Sigue habiendo un sector incómodo con que la crítica se penalice en un Bernabéu de máxima exigencia. El mismo al que señaló Arbeloa en rueda de prensa. Un efecto reactivo que lleva a situaciones incómodas como la que vivió Vinicius cada vez que tocó el balón. Después de una ruleta fallida, saltaron las alarmas que apagaron los aplausos reactivos de un estadio todavía dividido. Antes, en el minuto 25, se unió con el doblete de Mbappé. Un gol nacido de una jugada perfecta en la que Güler filtró un balón para el brasileño, quien puso una buena asistencia para el galo.
Bellingham se 'bebe' un gol
Incluso en un duelo que debería ser plácido para los de Arbeloa, Courtois torció el gesto en más de una ocasión al ver cómo su defensa se desencajaba en la defensa del balón parado. De ahí que el 2-0 llegase al descanso con el asterisco de una gran oportunidad de Ansu Fati, incapaz de conectar con éxito un pase atrás de Caio Henrique. El belga también vio retemblar el travesaño con un gran disparo de Teze desde fuera del área. Para una reconciliación perfecta, el Bernabéu exigía cero desconexiones que en otro momento habría consentido.
La segunda mitad arrancó con Ceballos yendo al campo en lugar de un Asencio con un fuerte golpe en la tibia, lo que llevó a Tchouaméni a retrasar su posición. No se desconectó el Real Madrid de la película de acción que era un partido donde el Mónaco parecía el filial blanco. Por primera vez, -de verdad, sin aire jocoso- se escuchó el "Franco, Franco" en el Bernabéu después del tercer tanto, obra del argentino, que aprovechó una buena acción de Vinicius, quien volvió a rechazar la mirada de la grada, a pesar de que le recompensó con un cántico.
El brasileño provocó el cuarto de la noche, aprovechando un error de Teze. Se sacó de la chistera un nuevo pase raso que ya esperaba Arda Güler. Kehrer consiguió lo que no podía en la portería rival. Un autogol al que se sumaría un quinto acierto de Vinicius, quien no aceptó las disculpas del feudo que volvió a rendirse a sus pies. El brasileño, que tantas veces ha pedido el apoyo de la grada, se lo dedicó a sus compañeros. Faltaba el 'bonus track' de Bellingham, quien se 'bebió' un gol demostrando que el sentido del humor es más letal que cualquier enfado.
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