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REAL MADRID

El Madrid pierde la cabeza y los puntos en un Bernabéu desquiciado

El Celta retrata a los de Xabi Alonso en un partido en el que terminaron con nueve tras las expulsiones de Fran García y Carreras

Merecida victoria del Celta ante un desastroso Real Madrid en el Bernabéu

Merecida victoria del Celta ante un desastroso Real Madrid en el Bernabéu / SPORT

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

Al Madrid ya no le quedan excusas a las que agarrarse. Los resultados, la construcción o Mbappé le había servido a Xabi Alonso para paliar los múltiples incendios de un vestuario que no creía en él. La paz armada y mediatizada ha resultado por ser un trampantojo que no tapa las carencias evidentes de un equipo que perdió la cabeza y los puntos ante el Celta. Un doblete de Swedberg retrató a un cuadro carente de oficio, que, solo con diez, tras la expulsión de Fran García, se revolvió. Una derrota que les deja a cuatro del Barça, pero a un abismo emocional del líder. Terminó con nueve, tras la expulsión de Carreras, para resucitar el fantasma de la conspiración arbitral.

Militao retrata las carencias

Xabi Alonso afrontó el regreso al Bernabéu con un ojo en la enfermería y otro en el partido del miércoles, contra el City, que orientará su presencia en el 'top 8' de la Champions. Enésimo juego de equilibrios en el que Güler volvió al centro del campo y Rüdiger, después de dos encuentros completos, se fue al banquillo para preservar su integridad. Con Asencio de lateral derecho y Carreras de central, rezó el vasco para que todo se mantuviera en su sitio el máximo tiempo posible.

La entereza le hasta el minuto 21, cuando Militao se fue al suelo tras una carrera con Pablo Durán en un mal ajuste defensivo de su equipo. Se hizo el silencio en el Bernabéu. El hombre más en forma del Madrid, junto a Mbappé y Courtois. Figura fundamental, pese a dos roturas de cruzado consecutivas. Porque sí, el conjunto blanco sigue siendo viudo de Kroos, pero el '3' había reducido el ahogo atrás.

No estuvo cómodo del Madrid ante un Celta correoso que intentó dormir el partido en una primera mitad en la que la salida forzosa del brasileño rompió el ritmo. Porque es imposible no empatizar con un compañero que no fue capaz ni de pisar el suelo en su salida forzosa, que acabó con el reposo de Rüdiger. El equipo gallego quiso darle a los de Xabi Alonso de su propia medicina, esperando en bloque bajo, jugando con el 'crono' y mordiendo a las espaldas de una defensa desnaturalizada.

Radu desquició al Bernabéu

Gestos que lo prueban: Carreras estirando los brazos para parar a Durán, que tuvo un mano a mano con Courtois; o Asencio perdiendo con la mirada a Bryan Zaragoza. Todos los problemas los ha venido solucionando el Madrid esta temporada con la pegada de Mbappé, que ha hecho olvidar las pizarras y las disputas internas. Sin embargo, tanto cambio de cara impidió ver una propuesta definida de los locales, que percutieron la puerta de un Radu salvador.

Antes de la lesión de Militao, Bellingham lo intentó de cabeza a la salida de un córner. Superada la media hora de juego fue Güler quien obligó a actuar al portero del Celta en dos tiempos. El turco maldijo su suerte poco después ante un Bernabéu enrarecido, que penalizó con pitidos los intentos descontrolados de Asencio o Rüdiger desde fuera de área. Con Mbappé desaparecido, Vinicius tuvo la más clara. Pero Radu era el rey que desquiciaba al campo blanco con sus paradas y saques infinitos.

Pero el problema estaba en casa. La sala de máquinas de los blancos está abandonada. Nadie quiere meterse a repartir carbón y eso provoca situaciones como la que desencadenó el tanto del Celta. Un remate de espuela perfecto de Swedberg, a pase de Bryan Zaragoza, el Demonio de Tasmania vigués. Courtois no pudo hacer nada. En realidad sí. Se echó encima de sus compañeros para recriminarles su pasividad. Los de Giráldez habían necesitado apenas un par de contras para ver la vulnerabilidad de un rival sin alma.

Con nueve jugadores

La recuperó tras la expulsión de Fran García. El lateral sufrió una desconexión que le llevó a ver dos amarillas en menos de un minuto. La primera, por un derribo sobre Carreira en una contra y la segunda después de una falta a Swedberg. Ni un atisbo de protesta, a pesar de que el Bernabéu encontró la excusa perfecta para recuperar el chivo expiatorio arbitral, que espoleó a los madridistas en inferioridad.

"¡Échale huevos!", cantaba un fondo desesperado que pedía una reacción a la desperada. Llegó, como también la amargura por no haberla visto antes. Como si hubiese que morir primero para mantener las constantes vitales. El partido era ya un duelo callejero. El caos personificado: Courtois saliendo a parar las contras, Vinicius intentando engañar a Quintero González y el público con los soniquetes habituales este tipo de partidos: "Corrupción en la Federación", "Negreira" y hasta contándole los segundos a un Radu imbatido. Swedberg, con un doblete, apuntaló el triunfo tras la expulsión de Carreras. El culmen para una película de terror.