REAL MADRID
Mbappé y Vinicius piden perdón en el funeral de un Bernabéu que castiga a Camavinga
Victoria triste y por la mínima del Madrid ante el Alavés con los goles de su dupla atacante entre pitos tras la eliminación contra el Bayern en Champions

Noche de difuntos en el Bernabéu, que vio cómo el Madrid retenía tres puntos para LaLiga. Sin más. No hubo sensación de meterle presión al Barça. Todo el fuego fue propio. Mbappé y Vinicius pidieron perdón con sus goles, especialmente el brasileño, que hizo un gesto explícito con las manos unidas. Al francés le dio la risa tras su tanto de rebote. El simple cumplimiento -por la mínima, tras el gol de Toni Martínez- de un deber que llega tarde.
Mbappé y Vinicius, pitados
Arbeloa, con los días contados en el banquillo del Real Madrid salvo giro de guion, puso todo sobre el tapete. No había excusas: la presión recaía sobre los autores de una temporada negligente. El recibimiento fue desolador. Ni siquiera hubo un atisbo de rabia contra un equipo que hizo pasillo, junto al Alavés, a los campeones de la Youth League. Los únicos que se llevaron una ovación en un Bernabéu de difuntos.
El tono se elevó tras el pitido inicial. Los primeros balones que tocaron Vinicius y Mbappé estuvieron acompañados de abucheos. La dupla de estrellas, irreconciliable, como símbolo de la caída de un imperio. Se quitó parte de los males el francés, quien encontró un gol en un rebote. Ni lo celebró: solo sonrió por la casualidad, consciente de lo que le ha perseguido el récord inútil de tantos en un año natural.
Fue a la media hora de juego, después de que el Alavés lanzase varios avisos. Carreras estuvo contra la espada y la pared, con un zumbido de críticas en los oídos del que no se deshizo en la primera parte. En cada golpe de los madridistas había temor porque, pese a que LaLiga siga en juego matemáticamente, la mente está en el Mundial. Valverde lo sintió tras un impacto contra Sivera.
Fue peor para Militao. Antes del descanso hizo un remate forzado, cayendo al suelo, que se estrelló en el travesaño. Detrás del disgusto por fallarlo llegó el miedo por la caída. Otra vez la maldita pierna izquierda, que llevó al brasileño a pedir el cambio de inmediato. Dejó el campo por su propio pie, pero lo hizo santiguándose. Tras la primera exploración, un calambre.
La inmolación de Camavinga
Antes del intermedio, un disparo de Toni Martínez al palo, una gran parada de Lunin y un remate de Mbappé intentando sorprender al meta del Alavés como si fuese Güler. A diferencia de los intentos del turco, el del francés se fue desviado y dejó al Bernabéu con cara de pocos amigos. Un estadio al que pidió perdón Vinicius después del segundo gol en el 50. Una gran definición desde 30 metros.
Al público le valió para no hacer más sangre, aunque pensó sobre las ocasiones marradas en el Allianz. Otra celebración apagada. Más si cabe por parte de un jugador al que algunos responsabilizan de poner la primera piedra del desastre con su protesta frente a Xabi Alonso en el clásico. Cada cambio, un plebiscito. Güler, autor de un doblete contra el Bayern, se llevó el aplauso.

Arbeloa habla con Camavinga antes de salir al terreno de juego en el Real Madrid - Alavés / Juanjo Martín / EFE
Mastantuono, fichaje fallido, cargó con una reprimenda que puede anteceder a su salida del club en forma de cesión. Peor fue el recibimiento para Camavinga, que en su primera acción llegó fuera de tiempo y dio pisotón. Una falta de confianza terrible perforada por la bronca en cada acción. En el banquillo, Bellingham torció el gesto al verse como la estrella sacrificada frente a la dupla goleadora.
El 2-0 fue el reflejo de que al Madrid le basta con un par de zarpazos para deshacerse de la mayoría de rivales en LaLiga. Sin embargo, la absoluta falta de oficio ante el Girona o el Getafe, por citar dos accidentes recientes en casa, demostró que esta plantilla no es capaz de activarse por inercia.
Necesita sentir la presión para comportarse como un equipo, la única solución posible. Ahora ya es tarde, por mucho que Lunin se cabree con los suyos cuando ve que hasta un Alavés muerto provoca un palo ante la indiferencia de una defensa dantesca. Con su gol en el descuento, Toni Martínez terminó retratando al Madrid ante la enésima bajada de brazos de una plantilla que jugó como si fuera el último partido de la temporada. Y quedan encuentros de sobra para que la apatía vuelva a ser un infierno.
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