REAL MADRID
Un Madrid atormentado por Anfield vuelve a tropezar ante el Rayo 'matagigantes'
Xabi Alonso no consigue pasar página con respecto a la derrota de Liverpool y termina frustrado por la incapacidad para ganar en Vallecas

El Real Madrid se deja dos puntos ante el Rayo Vallecano / SPORT

Quiso Xabi Alonso pasar página con respecto a lo de Anfield como si el 1-0 en Liverpool fuera una mala resaca. Cortando las preguntas sobre un análisis que daba por zanjado. Pero este Madrid sigue necesitando un antibiótico para su falta de juego, un virus que se extiende por todas las líneas. Cuando encuentra un equipo que le iguala en intensidad, como el Rayo, el sistema inmunitario blanco se resiente. Todo queda a merced de una vacuna milagrosa e individual. Vallecas volvió a ser la tumba de un grande.
'Vinisistema' ante la falta de juego
Hay una lona decimonónica en este campo modesto, pero orgulloso, que pone "Siempre en el recuerdo". Un resto pandémico que contrasta con el fondo animoso que da energía al 'EuroRayo', pero que sirve de aviso para los visitantes como el Real Madrid. Los de Xabi Alonso, con el parche por la herida de Anfield camuflado, solo habían ganado uno de sus últimos cinco viajes al barrio que reivindicó su independencia de la capital con un tifo socarrón. Uno más para terminar con fobia a salir de la M-30 (carretera de circunvalación madrileña).
El mismo carácter del equipo de Iñigo Pérez, desacomplejado, lo que le ha permitido poner contra las cuerdas al Barça y al Atlético. El que mejor entendió esa invitación al divertimento fue Vinicius, empeñado en desmarcarse de los preceptos tácticos de su entrenador, quien quiere tenerlo todo controlado. Y no es fácil cuando se introducen cambios como la titularidad de Asencio o Brahim. Tuvo el brasileño la primera ocasión clara en el 22 después de una combinación en espacios cortos.
Batalla, como un muro empedrado, se tiró antes de ver por dónde iba el remate a bocajarro del '7' para frenar a un equipo que desarrollaba a medias sus argumentos. Presión, sí, pero no al pasador, lo que provocó el avance continuado desde las alas franjirrojas. Con Ratiu (la pareja de baile de Vinicius, al que el sacó una amarilla) obligando a Courtois a intervenir. Hizo sufrir a Carreras, que sigue sin entenderse con su compañero. Con el 'Vinisistema', un poco de Güler y algo de Bellingham. Hasta ahí, con el Madrid atascado en sus ideas y Xabi Alonso pensando en sustituir a Huijsen por Militao tras un mal corte que le costó la amonestación. Algo que finalmente pasaría.
La resistencia del barrio contra la capital
Vallecas se centraba en Vinicius, el único al que veía con cariz amenazante en un campo al que ya le había deseado el descenso a Segunda. Nada más lejos de la realidad de un club que, pese a jugar en Conference el jueves, redujo a Mbappé a un peatón en el primer tiempo. Dio un paso necesario el Madrid en la segunda parte, con algo tan simple como detectando por dónde salía el balón de un Rayo que vio asomar al francés a la hora de juego con un remate al segundo palo.
Con las camisetas azules encima, Iñigo Martínez miró al banquillo en busca de refresco. Cuando los jugadores estructurales salen al tapete se nota, por eso Militao aportó jerarquía. Con todo, a pesar de elevarse las revoluciones, la batalla del Madrid era un ejercicio anárquico que iba desde una entrada correctora de Asencio a ver al central llegando al área. Como respuesta, la receta habitual de Vallecas, resumida en una San Silvestre de carreras que podía terminar en cualquier remate.
Vinicius se borró de las ayudas a Carreras, como dando por entendido que lo suyo era atacar, lo que provocó un buffet libre para Ratiu. Llamada al caos en el Madrid al ser incapaz de imponer la calidad individual contra el trabajo rayista. Un Valverde al límite, con un cañonazo, agotó otro de los recursos. Lo mismo le pasaba a un preocupado Xabi Alonso, que, tras ver el fracaso de la titularidad de Brahim, le dio la responsabilidad a Ceballos. Control en medio de una tormenta que no cesaba.
Lo mejor para el Madrid era su capacidad para frenar las contras de un Rayo que obligó a los blancos a mirarse en el espejo de sus defectos. Los de un equipo que no actúa como tal más que para las celebraciones de un clásico en el que creyó haber curado todos sus males, cuando la realidad es que habitan en un vestuario con muchos nombres propios, pero carente de sintaxis. Y así, es imposible redactar un discurso que dure toda la temporada.
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