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CHAMPIONS

El maestro Mourinho ridiculiza al aspirante Arbeloa y deja al Madrid fuera del 'top 8'

Fracaso del conjunto blanco en Da Luz, donde fue arrollado por el Benfica, que le obligará a jugar la repesca y... puede ser su rival (o el Bodo noruego)

Mourinho le enseñó lo que es la épica al Madrid: ¡Historia viva de la Champions!

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Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

Era un partido con mucho en juego para el Madrid más allá del derroche sentimental de La Décima y la novela romántica entre Arbeloa y Mourinho. Todas esas historias son magníficas para la previa. Pero las crónicas son más duras y secas, como lo fue un Benfica superior, que se metió en la repesa con un gol de Trubin, el portero, en el último segundo. Los mensajes en sala de prensa tuvieron efecto. En concreto, los del sucesor de Xabi Alonso diciendo que los de arriba no tienen por qué correr más. Y con los esfuerzos negociados, el Madrid se fue a la repesca merecidamente. Las consecuencias de vivir en una montaña rusa emocional que convirtió en campeones a los mismos jugadores -terminaron nueve- que perdieron dos títulos en una semana. La tragicomedia no termina aquí, porque Mourinho puede volver a ser el rival en los playoffs (o el Bodo).

Tifón del Benfica contra la pereza

Arbeloa quiso fortificarse con el once que le había permitido despegar. La única novedad, Tchouaméni por delante de Camavinga. Pero la Champions se juega a otro ritmo, como le hizo saber un Benfica eléctrico desde el pitido inicial que cargó al pivote francés con una amarilla en el minuto 2. Prestianni se puso al mando de las hostilidades.

Antes del cuarto de hora, Prestianni se llevó en el bolsillo a Carreras para poner un centro raso que Pavlidis no pudo definir ante un Courtois obligado a vestirse de santo. Sacó una mano prodigiosa tras un derechazo de un Prestianni loco por la música, el MVP del encuentro, que vio cómo su rosca la desviaba con la yema de los dedos el belga para llevarla al larguero.

Antes, los locales vieron cómo el VAR rectificaba un penalti de Bellingham. Demasiadas situaciones al límite con Sudakov marcando el ritmo. Hasta que en el primer balón tocado por Mbappé, el balón fue para dentro, después de un buen centro de Asencio. El gol que podía comerse todo el dominio anterior. Hasta que Pavlidis aprovechó un resbalón de Asencio, que había tenido un cabezazo para el segundo, para asistir a Schjelderup en una contra letal que firmaba un justo empate.

Cabreos y éxtasis local con Trubin

En las transiciones, el Madrid fue un drama, con los de arriba holgazaneando. Valverde, bajo palos evitó el doblete de Schjelderup y Barreira falló a puerta vacía en la acción siguiente. Pues eso, los detalles, como el egoísmo de Pavlidis en una definición. El delantero se redimió justo antes del descanso al transformar un penalti por agarrón con Tchouaméni. Fuego en medio de la lluvia lisboeta, bajo la cual Mourinho mostraba una media sonrisa.

Asencio se fue con una amarilla al túnel de vestuarios tras una algarada que anticipaba cómo sería el segundo tiempo. Salió en la foto del 3-1, obra de Schjelderup, quien con un potente derechazo retrató lo que sigue siendo el Madrid. Un equipo con más efecto que oficio, donde Mbappé tiene que sacar siempre las castañas del fuego. Por mucha innovación que quiera armar Arbeloa, la solución para recortar diferencias fue la de siempre: Güler sacándose a dos de encima y asistiendo al galo.

Los de Arbeloa llegaron tarde a los duelos y el Benfica, con mucho que ganar, se dejó llevar por la energía tan propia de los equipos de Mourinho. Prestianni volvió a sacar de quicio a Carreras para asignarle otra amonestación. Como en los viejos tiempos de Xabi Alonso, empezaron los conflictos de banquillo. Porque al final, todo va de ganar. Güler se fue gritando contra todos los demonios después de ser sustituido. Lo peor estaba por llegar. Muerte 'a la portuguesa': tanto del Sporting y el Madrid, que terminó con nueve por las expulsiones de Asencio y Rodrygo, a la repesca, por egocéntrico y presuntuoso. De regalo, un gol del portero del Benfica, un Trubin antológico que metió a su equipo en la repesca.