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REAL MADRID

Alarma e indignación contra los jugadores "tóxicos" que condenaron a Xabi Alonso

El abucheo del Bernabéu también se dirigió a jugadores como Fran García o Asencio, culpables directos de la derrota contra el Celta, y otros como Valverde o Bellingham, responsables de la mala temporada

Merecida victoria del Celta ante un desastroso Real Madrid en el Bernabéu

Merecida victoria del Celta ante un desastroso Real Madrid en el Bernabéu / SPORT

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

Cuentan las voces cercanas al Real Madrid que la victoria en el clásico frente a un Barça diezmado por las bajas fue lo peor que le pudo pasar al proyecto de Xabi Alonso. Hay una imagen que demuestra lo contraproducente que resultó aquel 2-1, alimentado por la ira contra un Lamine Yamal que destapó la insolencia de un vestuario que ha terminado por devorar a su entrenador. Un gesto de la "toxicidad" que mueve a este núcleo de jugadores. Esa fue la palabra más repetida a la salida del Bernabéu tras la derrota contra el Celta.

La desautorización a Xabi Alonso

Tras aquel triunfo contra el Barça, el técnico vasco saltó al campo para sofocar lo que consideró como una celebración excesiva. Los jugadores del Madrid celebraron por todo lo alto una victoria que parecía una Liga para ellos. Básicamente, porque cortaba la sangría de humillaciones que habían sufrido la campaña pasada frente a los de Flick en un 'galacticidio 2.0.' que va camino de repetirse en la presente.

El marcador que refleja el 0-2 final con el que el Celta retrató al Madrid en el estadio blanco.

El marcador que refleja el 0-2 final con el que el Celta retrató al Madrid en el estadio blanco. / AP

La ganancia en el resultado se tradujo en una pérdida completa de la autoridad de Xabi Alonso, quien, desde entonces, se ha visto desautorizado en todas sus decisiones. En algunos casos, los cambios metodológicos rozan el absurdo, como el hecho de acortar los vídeos para que los jugadores mantengan la atención. A esto se le suman las reclamaciones contra las suplencias y los cambios de posición.

Desde entonces, Xabi Alonso ha pasado de ser un entrenador intervencionista, dispuesto para construir una nueva realidad para la que había ganado tiempo con victorias, a un mero gestor de 'egos'. Un técnico que se engaña a sí mismo para no martirizarse, como se vio en una rueda de prensa posterior a la debacle contra el Celta en la que evidenció agotamiento al refugiarse en lugares comunes que no llevan a ningún lado.

Reunión a altas horas en el Bernabéu

En tiempos de crisis, que en el Madrid se desatan con un simple empate, el primer culpable es el entrenador. Pero esa fase está superada. Porque Xabi Alonso sí mostró en el Mundial de Clubes que el equipo, a pesar de sus notables carencias en parcelas críticas como la creación, sí puede ser un conjunto oficio. Capaz de presionar, jugar en espacios cortos y sorprender al rival. Para ello se necesita un compromiso que se ha diluido. Y eso tiene que ver, en gran parte, por los jugadores.

El Bernabéu también lo sabe. El año pasado no tardó en señalar a Mbappé cuando el francés fue incapaz de responder a las expectativas generadas por su fichaje. Hoy, el galo, junto a Courtois o el lesionado Militao, es el mejor de los culpables públicos de una situación que ha terminado por atropellar a un entrenador confundido. Un técnico al que le dieron las llaves un lunes y se las quitaron el viernes, por poner un ejemplo extremo de lo poco que ha durado el crédito para un exfutbolista que está condenado.

Tal y como informaba 'El Mundo', los máximos responsables del Madrid se quedaron hasta última hora en Chamartín en un gabinete de crisis. El coche de Florentino Pérez fue el último en salir. Saben en la zona noble que después de los pitos a Fran García o Raúl Asencio por su mal partido; o el rencor que se va acumulando contra baluartes como Valverde o Bellingham; la mirada del Bernabéu terminará por dirigirse al palco. Porque ahí reside la responsabilidad última de lo que está sucediendo en el club.

Zidane y la quimera de un futuro a medio plazo

De ahí que más allá de entender el partido contra el Manchester City como un ultimátum para Xabi Alonso, existen dudas sistémicas que van más allá del presente inmediato. Porque el vasco está condenado salvo milagro anticipatorio que depende de Mbappé o Vinicius, a los que se les concede la capacidad para resolver partidos por su cuenta. Por detrás, a esperar, con una defensa diezmada por la baja de Militao, quien después de dos cruzados se ha convertido en un mejor fichaje que Huijsen.

Arda Güler, jugador del Real Madrid, se lamenta durante el partido contra el Celta.

Arda Güler, jugador del Real Madrid, se lamenta durante el partido contra el Celta. / Chema Moya / EFE

Lo lógico en un Madrid donde se valora la experiencia, porque los problemas requieren una intervención directa para evitar excusas como el "estamos en construcción" de Xabi Alonso. Lógico en cualquier equipo, pero no en el su propia historia le fagocita en situaciones como la que vive donde la desesperación vuelve a poner sobre la mesa nombres como el de Zidane. El último, junto con Carletto, que articuló un equipo ganador, pero con más calidad y oficio del que demuestra un grupo acomodado en su toxicidad. Al que le sirven más las excusas y los culpables externos que una solución sincera a los problemas.