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REAL MADRID

El madridismo se harta de todo y de todos: del último señalamiento a Vinicius al "Florentino, dimisión"

El estadio del Real Madrid apuntó a los jugadores y el palco en un partido tenso que solo se relajó con los goles de Mbappé y Asencio

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, y el de lLevante, Pablo Sánchez (d), durante el partido de Liga que el Real Madrid y el Levante.

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, y el de lLevante, Pablo Sánchez (d), durante el partido de Liga que el Real Madrid y el Levante. / JAVIER LIZÓN / EFE

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

El Real Madrid - Levante era un plebiscito para entender la situación actual del conjunto blanco. Una crisis deportiva e institucional que se mantendrá adormecida después de un triunfo que no es sanador. Un 2-0 que simplemente sirve a Arbeloa para avanzar después de la debacle de Copa y que recuerda el ambiente de hostilidad que se vivirá en el Bernabéu cada vez que sienta a los suyos vulnerables. Una circunstancia que se ha vuelto habitual ese curso, donde ya se ha escuchado el "Florentino, dimisión", que evidencia la magnitud de lo vivido. Aunque Arbeloa, como escudo, defendió a su presidente y el responsable de que esté al frente del primer equipo: "Los que le pitan no quieren al Real Madrid"

Descontento y enfrentamiento: "Es una vergüenza"

El encuentro era una bomba de relojería, a pesar de las posturas enfrentadas en el seno de la hinchada blanca. De un lado, un sector más oficialista, que rechazaba los abucheos como muestra de descontento. Identificado, por ejemplo, con la Grada Fans, el grupo de animación oficial del club, que, según distintas fuentes, tenían instrucciones para no participar en la pitada generalizada. Esta era la postura del otro bando, que se impuso por encima de cualquier tregua en el inicio.

¡Final del himno marcado por pitidos y gritos de dimisión para Florentino!

Denís Iglesias

Desde la previa, el ambiente fue hostil. Por los puentes de la carretera de circunvalación M-30 aparecieron unas pancartas ofensivas contra Florentino Pérez que duraron poco en público. Lo suficiente para que se difundiesen en redes sociales, donde se cocinó la protesta que estalló en el partido. "No había visto nada parecido, es una vergüenza", masticaban los aficionados que apuraban el bocadillo y la bebida en un encuentro convocado a la hora de la comida.

Pero los devorados fueron unos jugadores sobre los que primero no hubo distinción. Desde la salida al campo de los porteros, en el calentamiento, se percibió un clima de frustración que terminó llevándose por delante a todos los actores implicados en el Madrid. El único indultado, por falta de tiempo, fue Álvaro Arbeloa. El escudo humano que puso en el campo a los principales responsables de la crisis deportiva, unos jugadores que sufrieron la tensión desde el principio.

El palco y las estrellas se quedan sin protección

Al final del encuentro, las notas, con Asencio aprobado y Vinicius acumulando el enésimo suspenso, pese a la defensa a capa y espada de Arbeloa. El brasileño pidió paz y no la tuvo. Hizo varios regates y reclamó aplausos. No los tuvo. El Bernabéu le considera como uno de los grandes culpables de la situación actual, sobre todo después de los enfrentamientos con Xabi Alonso. Todo ello, a pesar de que dio la cara en la Supercopa y fue la única gran estrella titular en Albacete.

¡Silbidos ensordecedores en el Bernabéu!

Denís Iglesias

Lo de menos con el extremo ya es su renovación, porque el sentimiento de cariño con el público no se ha actualizado. Después de un idilio que duró años, hasta el Balón de Oro, la relación está completamente rota. Vinicius se fue dolido. Más que ninguno. Y dejó el señalamiento a Bellingham o Huijsen, otros de los que salieron marcados del duelo, en un segundo plano. La representación de un proyecto a la deriva en el que, por primera vez en dos décadas, se apuntó al palco, aunque esto también provoque un encendido debate interno sobre la pertinencia del gesto.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, aguantó una pañolada y pitada que reflejó el hartazgo de una afición que no se acuerda del pasado o de las Champions ganadas. A la que solo le vale un presente complejo, en el que ha visto cómo dos títulos se escapaban en una semana. Una Supercopa y una Copa del Rey que dibujaron un complejo de inferioridad que se llevó por delante a un Xabi Alonso que perdió la confianza del máximo mandatario. Una figura de autoridad que también ha perdido la condición de intocable en una de las temporadas más complicadas que se recuerdan. Y en la que queda todavía mucha tela por cortar.