REAL MADRID
La revolución insuficiente que condena a Arbeloa: "Siento pena por él"
Aunque en el club valoran el trabajo del salmantino en una situación límite, la temporada sin títulos sentencia a un entrenador cuyo futuro será la primera de una serie de decisiones cruciales

Arbeloa: "No me preocupa en absoluto mi futuro" / Perform
Los números son tozudos con Álvaro Arbeloa. En 21 partidos: 13 triunfos, un empate y siete derrotas que han conducido a perder los tres títulos en juego: la Copa, contra el Albacete; LaLiga, en múltiples escenarios; y la Champions, frente al Bayern. En el Allianz, el Madrid compitió, que era el mínimo exigible para no tomar una decisión en caliente, pero una segunda temporada en blanco es inasumible para cualquiera. Solo Zidane, con todo el patrimonio que tenía detrás, resistió tras una situación similar.
Arbeloa genera debate
Arbeloa llegó en enero con una imagen de interino que logró sacudirse en marzo. En su haber queda haber promocionado a canteranos como Thiago Pitarch y hacerse con el control de un vestuario díscolo hasta la médula con Xabi Alonso. Pero no fue suficiente. Tras caer contra el Bayern, el técnico —que la pasada temporada dirigía al Juvenil del Madrid— firmó su sentencia y abre una grave crisis de sucesión. Volverán a abrirse las carpetas de enero en un club donde solo Zidane y Ancelotti han triunfado en los últimos tiempos.

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El entrenador, promocionado desde el Castilla, se definió como “hombre de club” en todas sus intervenciones. Era una forma de cubrirse las espaldas para retornar a la estructura después de ejercer de apagafuegos. Sin embargo, ha tenido la ambición suficiente como para propiciar un cambio de modelo que no ha terminado de cuajar. La incapacidad para competir en LaLiga ha sido una losa demasiado pesada, cubierta con el relato de una conspiración arbitral que se enarboló en la resaca del Allianz.
“Siento pena por Arbeloa y siento pena por muchos de los jugadores del Real Madrid porque fueron mucho mejores que la semana pasada y fueron excelentes en todo el campo. Defendieron mejor en equipo, atacaron mejor”, le defendió Steven Gerrard tras la derrota contra el Bayern. Arbeloa ha tenido la capacidad de ganarse apoyos externos después de vencer a Guardiola, Mourinho o Simeone.
Florentino siempre le ha tenido en buena consideración, y esa relación le permitió escalar hasta llegar a la cúspide de la pirámide. Ahora bien, queda por ver qué quiere hacer el propio Arbeloa. Tras naufragar contra el Bayern, aseguró que no pensaba en su futuro. Pero es él mismo quien debe decidir su camino, incluso por delante del club: apostar por una carrera como entrenador de élite fuera de la estructura del Real Madrid o iniciar un proyecto propio en casa.

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Un cambio de modelo
Arbeloa ha ganado apoyos en el vestuario, pero este ha quedado desautorizado para influir en las decisiones tras lo sucedido con Xabi Alonso y el desenlace de la temporada. El gran problema a la hora de buscar un sustituto es, precisamente, ese: ¿quién será capaz de domesticar a una plantilla a la que se le dio pleno poder? Hasta la llegada del salmantino, cada cambio generó un incendio: desde la dinamita del Clásico que encendió Vinicius hasta las quejas de Valverde por su posición.

Arbeloa, en titulares: "Mourinho no necesita sentarse en el sofá gris" / Perform
Es algo que cualquier entrenador que llegue debe asumir. Una asignatura que resolvió Arbeloa por su conocimiento del club y de sus estructuras, pero que incluso para alguien con experiencia en la entidad, como Xabi Alonso, fue una quimera. La metáfora del sofá gris seguirá en Valdebebas esté quien esté al frente del equipo. La fórmula mágica entre autoridad y cercanía no casa, por ejemplo, con muchos de los nombres que aparecen en las quinielas, como Klopp.
Ahora bien, Florentino, en su larga lista de decisiones, motivado por el fin de un ciclo y por la situación actual, podría plantearse un cambio de rumbo que rompa con las inercias anteriores. Un club que promueva una reforma estructural en todos los sentidos, lo que implicaría una nueva dirección deportiva e incluso la entrada de un inversor que suponga un carpetazo al viejo modelo de las seis Champions. Y, en medio de esa catarsis, Arbeloa, cuya continuidad equivaldría a validar la autoridad de los jugadores, en el camino hacia un segundo Galacticidio.
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