CONFERENCE
Lo que no se vio del Rayo - Estrasburgo: la bandera de Palestina de Ilias, el pómulo roto de Óscar Valentín y el Mundial para Lejeune
Vallecas rugió para quitarle la ansiedad a un equipo que se celebró su botín, aunque se le hizo corto después de una segunda parte volcánica

Vallecas rugió ante la victoria del Rayo contra el Estrasburgo / Telefónica

Es difícil de explicar lo que se vive en un partido de fútbol en Vallecas. Es una experiencia que cualquier aficionado al fútbol recomienda vivir una vez en la vida. En el desenlace de la línea 1 de metro de Madrid se encuentra la parada de Portazgo. Una de sus bocas abre el destino hacia un estadio que se desintegra cada partido, pero cuya magia es, precisamente, ser un lugar que está a punto de disolverse. Que el Rayo esté a las puertas de una final europea como la Conference es un tributo al fútbol que ha rebobinado para mantener sus esencias antes de que una remodelación, o lo que es peor, un traslado, destruya todo lo construido por una afición que se lo merece todo.
Isi ‘Palagol’
El diario SPORT estuvo situado fuera de las cabinas de prensa. El reducto pijo del periodismo donde todavía se trabaja con cierta solvencia estructural. Vivimos el Rayo 1 – 0 Estrasburgo desde la misma grada, donde las sensaciones se contaminan del ánimo de una afición que es indescriptible. Porque de ella forman parte los vecinos de un barrio que en realidad es una gran ciudad, porque en el distrito de Vallecas viven 360.000 vecinos. Y, sin embargo, del Rayo es cualquiera que haya caído alguna vez en la calle Payaso Fofó, que es un escenario extravagante para los visitantes. Donde el coche de alta gama de algún jugador aparca al lado de una furgoneta de puro curro. Y todos se respetan, porque los une una franja inmortal.
Isi Palazón es el ejemplo perfecto de lo que ha supuesto el Rayo en los últimos años. Un equipo con una brillante dirección deportiva que empezó con Andoni Iraola y ha proseguido con un Iñigo Pérez al que sitúan en Villareal. Justo en el espectro contrario de la baraja futbolística. El delantero de Cieza se llevó el disgusto del siglo al ser rechazado por la cantera del Real Madrid.
Encontró su redención recogiendo melocotones en Murcia. Ahora, lo único que tiene claro es que le gusta más la cerveza que el ron que le otorga el cántico que le brinda una afición al mejor de sus representantes. Un jugador que se mordió la lengua después de recibir una sanción absurda de siete partidos que el Rayo consideró como indecente. Aunque él quiso pedir perdón, “por ejemplo que da a los niños”.
Isi ‘Palagol’, como le apodan en la grada, es la imagen de un currela hecho futbolista profesional. Estar del lado del Rayo no obliga a votar por una SAD que tiene un amplísimo margen de mejora. Pero ha llegado a un punto de la temporada en el que todos reman en una misma dirección. El impulso de una fuerza desmedida que se convirtió en una atronadora protesta contra dos decisiones arbitrales que pueden decidir la eliminatoria.
La primera fue la bula de roja con El Mourabet, quien en el minuto 52 cometió una dura falta sobre Ilias Akhomach sin opción de jugar la pelota. La segunda, una absoluta imprudencia de Penderes, el portero del Estrasburgo, quien en el minuto 82, queriendo sacar rápido, pisó el tobillo de Jorge de Frutos. En ambos casos, negligencia del equipo arbitral encabezado por el lituano Donatas Rumsas.
Tratado de Estrasburgo
El representante de una de las ligas con peor coeficiente de Europa se vio totalmente sobrepasado por el contexto de un partido que empezó con el capitán Óscar Valentín llevándose un golpe que le hizo jugar con el pómulo roto. Una lesión que, pese al visible moratón de su cara, no la dio a conocer el jugador tras completar un partido brillante. "Perdí visión y noté que se me subía una bola tras el golpe", confesó tras la victoria frente al Estrasburgo. Un partido que el Rayo empezó a ganar en una previa cargada de botes de humo y proclamas como las lanzadas por el capitán de la franja.
"Muchas gracias por estar aquí con nosotros, a todos los que vais a entrar en el estadio, os tenemos que agradecer el gran esfuerzo que habéis hecho, es algo histórico lo que estamos viviendo, solo quiero pediros una cosa, hoy son 90 minutos dentro del campo que lo disfrutéis, que os olvidéis de todos los problemas que tengáis en vuestra vida personal y que lo disfrutéis porque cuando pasen los años valoraremos lo que estamos viviendo, daros las gracias, dar las gracias al equipo y vamos a por ello", proclamó el de Ajofrín.
No hay un solo jugador que no tenga claro a quién representa. Y la mayoría se sienten con la libertad suficiente para protagonizar gestos como el de Ilias Akhomach, uno de los últimos en llegar, quien en la eterna celebración con el estadio, decidió coger una bandera de Palestina del fondo de Bukaneros para ponerla en medio del terreno de juego. Un gesto acompañado de agradecimiento hacia la grada que siente como propia.
Todos los jugadores van a salir convertidos en héroes esta temporada. Algunos lo son desde hace tiempo, como Florian Lejeune, para el que los aficionados reclamaban la internacionalidad con Francia, aprovechando la presencia de hinchas galos. “Deschamps, llámalo”, rezaba una de tantas pancartas identitarias en un estadio que se quedó en pie hasta media hora después del fin de un partido que es la primera parte de una eliminatoria histórica.
El Rayo venció el miedo, que era el obstáculo más importante. Centrifugo al Estrasburgo, fielmente arropado por los suyos, curiosamente, contrarios a la multipropiedad que, bajo el paragüas del Chelsea, les ha permitido vivir esta aventura. En el fondo, todos quieren ser como el Rayo. Caóticos y verbeneros, quienes no renuncian a un baile europeo aunque ello pueda suponer un descenso. Porque la vida en Vallecas es jugársela a cada paso. Y toda autocensura está de más en el autoproclamadísimo “puto Rayo”.
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