Gemma Triay: de la ansiedad en el tenis a encontrar su camino en el pádel
La jugadora menorquina repasa en el podcast oficial de Bullpadel su trayectoria personal y deportiva, marcada por la presión temprana, una segunda oportunidad inesperada y su ambición de seguir en la élite cinco años más

Gemma y Delfi durante la final de Bruselas / Silvestre Szpylma/Premier Padel
Angie F.G.
La número uno del pádel mundial, Gemma Triay, ha abierto su lado más personal en el 'Bullpodcast', el podcast oficial de Bullpadel, donde ha repasado su trayectoria desde sus inicios en el tenis hasta su consolidación como una de las grandes referentes del circuito.
Triay recordó una adolescencia marcada por la exigencia y la presión. “Siempre he sido muy autoexigente”, confesó, llegando a revelar episodios de ansiedad severa: “Vom itaba antes de los partidos porque tenía mucha presión”. Una experiencia que le ha dejado huella hasta el punto de admitir que “intentaría que mis hijos no tuvieran tanta presión como tuve yo”.
Su carrera dio un giro radical tras una grave lesión a los 16 años que la mantuvo un año alejada de las pistas. A los 17, tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar el tenis. “Me planteo seriamente si dejo el tenis y me voy a estudiar”, explicó. Se trasladó a Barcelona para llevar una vida “normal”, alejada de la competición, aunque con el tiempo reapareció el deseo de competir: “Echaba de menos el gusanillo”.
El descubrimiento del pádel
Ese “gusanillo” lo encontró casi por casualidad en el pádel. “Me dejaron una pala en un torneo universitario y me encantó”, recordó. A partir de ahí, su progresión fue meteórica, aunque no exenta de dudas. “Sentí que la vida me estaba dando una segunda oportunidad”, aseguró, reconociendo que, a diferencia del tenis, en el pádel volvió a disfrutar: “Aquí me lo estaba pasando bien, sin tensión ni presión de sufrir”.
La menorquina también hizo balance de su evolución mental, uno de los aspectos clave en su carrera. Admitió que en sus primeros años en la élite aún mostraba debilidad en momentos complicados: “Cuando las cosas iban mal aparecían los enfados y la frustración”. Un proceso que cambió especialmente tras su etapa con Alejandra Salazar: “Aprendí a disfrutar sufriendo y a gestionar mucho mejor las emociones”.
Sobre su trayectoria, Triay se mostró orgullosa de haber crecido desde las previas hasta la cima: “He vivido todas las facetas de un jugador”. También reivindicó su mentalidad competitiva actual: “No siento que haya fracasado en nada. Siempre he intentado dar mi 100%”.
Pensando en ser madre
En el plano más personal, la jugadora reconoció el sacrificio que implica la élite: “Te pierdes cumpleaños, bodas… pero soy consciente de que esta es mi vida y me encanta”. Aun así, mira al futuro con claridad: “En mi cabeza tengo cinco años más porque quiero ser madre”. Su objetivo es retirarse en plenitud: “No quiero arrastrarme en la pista”.

Salazar y Triay celebrando un triunfo en Asunción / World Padel Tour
Finalmente, tuvo palabras de admiración para Salazar, a quien considera “la mejor jugadora del mundo”, y valoró también el potencial de su actual compañera, Delfi Brea: “Tiene mucho que dar todavía”.
Triay encara ahora el futuro con ambición y serenidad: “Voy a tratar de disfrutar estos años, dar mi mejor versión y ganar los máximos títulos posibles”.
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