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Una vuelta en Primera

Sobre el saldo azul hasta la fecha

Jugadores del Real Oviedo y el Real Betis pugnan por el balón en un centro lateral.EFE/Eloy Alonso. (OVIEDO) (BETIS)

Jugadores del Real Oviedo y el Real Betis pugnan por el balón en un centro lateral.EFE/Eloy Alonso. (OVIEDO) (BETIS) / Eloy Alonso / EFE

Pelayo Botas garcía-Barrero

El Real Oviedo ha cerrado la primera vuelta de la temporada con una sensación tan incómoda como reveladora: seguimos en la pelea, pero el margen de error ya es mínimo. El título de esta columna no es casual. Tras diecinueve jornadas, el Oviedo solo ha ganado dos partidos, y ambos llegaron con el primer entrenador de los tres que han pasado por el banquillo esta campaña. Un dato que no se puede maquillar, pero que tampoco explica por completo la realidad del equipo.

Porque el fútbol no es solo estadística. También es contexto, sensaciones y evolución. Y, en ese apartado, el Oviedo de Almada empieza a transmitir algo diferente. Tres empates en tres partidos pueden parecer poca cosa en la clasificación, pero son mucho más en el juego. El equipo está más junto, mejor organizado, más reconocible. Defiende con mayor orden, compite cada balón y, sobre todo, vuelve a llegar al área con cierta continuidad.

El último partido ante el Betis fue el mejor ejemplo. El Oviedo estuvo cerca de ganar, volvió a generar ocasiones claras y volvió, también, a sentirse perjudicado por decisiones arbitrales difíciles de digerir. No es una excusa, pero sí una realidad repetida esta temporada: cuando el equipo parece dar un paso adelante, algo externo termina empujándolo dos atrás. Y, aun así, el equipo no se cayó. Siguió compitiendo. Siguió creyendo.

Con la primera vuelta cerrada, el espejo es claro y poco complaciente. Para alcanzar los famosos 40 puntos que suelen marcar la permanencia, el Oviedo necesita ganar casi uno de cada dos partidos de los 19 que quedan. Es una cifra exigente, incluso para equipos en dinámica positiva. Para uno que ha ganado solo dos partidos en media temporada, parece casi una utopía.

Pero el fútbol vive de utopías. Y de pequeñas señales. Y, ahora mismo, el Oviedo tiene alguna. Tiene un entrenador que empieza a dejar huella. Tiene jugadores que vuelven a sentirse útiles. Tiene una afición que, pese a todo, no ha dejado de empujar. Y tiene algo que durante muchos meses no tuvo: la sensación de que los partidos ya no se pierden antes de jugarlos.

La clasificación no entiende de matices, es cierto. Solo de puntos. Pero el oviedismo sí. Y el oviedismo sabe distinguir entre un equipo perdido y un equipo en reconstrucción. Este Oviedo aún no gana, pero ya compite. Aún no suma de tres, pero ya no regala. Aún no ilusiona del todo, pero ya no desespera como antes.

Queda una segunda vuelta entera. Quedan 19 partidos. Quedan errores por corregir, decisiones por acertar y, seguramente, más injusticias por soportar. Pero también quedan oportunidades. Y mientras las haya, el Oviedo tiene la obligación de agarrarse a ellas.

Porque este club ha sobrevivido a cosas mucho peores que una mala primera vuelta. Y porque, aunque hoy la salvación parezca lejana, sigue siendo posible. Difícil, sí. Muy difícil. Pero posible.

Y mientras haya posibilidad, mientras quede esperanza, el oviedismo seguirá creyendo. Aunque la primera vuelta haya sido dura. La permanencia todavía está por escribirse.

¡Hala Oviedo! n

Vía: La Nueva España