REAL OVIEDO-LEVANTE
El Levante se basta de Carlos y Etta Eyong ante un Real Oviedo sin pólvora
Los azules, dominadores aunque sin acierto arriba, caen ante un rival directo, un cuadro granota que escala posiciones en la tabla

El delantero del Levante Etta Eyong, durante el partido de LaLiga ante el Oviedo / EFE
Nacho Azparren
Dominó casi siempre el Oviedo. Jugó bien por momentos. Entró por ambas bandas y generó centros. Pero no se recuerdan paradas de mérito de Ryan, meta del Levante, salvo una manopla cuando ya se habían cumplido 65 minutos. Que el Oviedo tenía problemas arriba es algo que se sabía y que ni el increíble desenlace de Mestalla puede maquillar. Ante el Levante se volvió a percibir algo de eso, unido a que el equipo sigue encajando con demasiada facilidad. La suma de factores, más un polémico 0-1 con Munuera Montero molestando en la acción previa, dio como resultado un 0-2 para el Levante, rival directo: una de esas derrotas que duelen y que mandan al Oviedo al parón de selecciones con algunos nubarrones ahora que parecía empezar a clarear.
Entró muy bien en el choque un Oviedo dinámico, rápido en la circulación y afilado en las alas. Con Hassan resolviendo con lujos los desafíos, como un taconazo para habilitar a Lucas a los 3 minutos en una acción que acabó en centro peligroso de Rahim. El lateral zurdo también parecía inspirado. Poco le faltó para convertirse en asistente de Rondón a 7, pero el cabezazo de fue arriba. Lo más parecido a una ocasión, a un “uy”, llegó a los 12 en la primera ocasión en la que los azules pudieron correr. Brekalo eligió bien en el desvío, y se fue hacia dentro, probó el lanzamiento en una posición ideal, pero a su definición le faltó tacto.
Poco se sabía hasta entonces del Levante ni de sus cuatro atacantes, ahogados por la efectiva presión local. Suficiente tenían los de Calero en doblar esfuerzos atrás, sobre todo cuando Hassan recibía para retar.
Como se ve, había empezado bien plantado el Oviedo, acumulando llegadas, con balón, aunque sin grandes ocasiones sí se percibía que poco a poco iba decantándose la balanza del lado azul. Rondón permanecía bien vigilado por los dos centrales levantinistas y a Brekalo no le concedían los espacios que sí le regaló el Valencia, pero Hassan y Rahim, además de Reina entre líneas, eran motivos para creer en que el primer gol podía llegar en cualquier momento. Solo era cuestión de afinar porque la propuesta era bonita y efectiva. Pero a la media hora, una acción aislada hizo virar el rumbo. Una jugada con miga.
Porque todo parte de un rechace en la frontal que parece de Reina, pero que el medio pierde por tener que esquivar en su carrera a un Munuera Montero, colegiado, mal posicionado en la acción. La pelota pasa al Levante, que la lleva hasta la zurda de Manu para centrar. Carlos Álvarez controla en el área y la clava la escuadra. Reina, y en realidad todo el Tartiere, es un clamor contra Munuera que concede el gol sin titubeos. Lo contrario hubiera significado reconocer un error de principiante: su pésimo seguimiento del juego en la acción. Y como el VAR calló, el Levante se puso por delante.
Al Oviedo, el gol le sentó como un tiro. Porque se vio de pronto por debajo en el marcador y las piernas empezaron a pesar, llegando más tarde a los duelos, retrocediendo un poco más. Fueron los mejores minutos de los de Calero y a los azules solo les quedó la misión de alcanzar el descanso sin más daños porque el peligro de despedirse del duelo era evidente. Bailly, con un bloqueo marca de la casa, ayudó en la tarea.
Recuperó el pulso el Oviedo tras el receso y el Levante le invitó de nuevo a mandar, con intención, claro, de explorar los espacios. Los de Paunovic siguieron en la tónica, más dominio que llegadas y escasas intervenciones de Ryan. A Rondón le faltó una marcha en un servicio al hueco de Colombatto nada más volver. Y poco después fue Reina el que lo intentó con un zurdazo muy arriba en una acción que Rahim no pudo aprovechar mejor.
No llegaba tanto el Oviedo pero tenía a Aarón tranquilo. La única opción granota fue un control y chut de Etta Eyong en el área que bloqueó, cómo no, Bailly.
Movió el banquillo entonces Paunovic, con Viñas y Cazorla al verde (al descanso había ingresado Chaira por un desacertado Brekalo) y, por fin, se vio a Ryan. Primero avisó Viñas con un cabezazo sorprendentemente desviado en una oportunidad que parecía claro. Sí enchufó bien la testa Carmo después a servicio de Hasan, pero el meta visstante manoteó abajo.
La más clara vendría a los 70. Cazorla encontró a Chaira y este pisó la frontal y encañonó. La bola rebotó contra el palo cuando el Tartiere iniciaba el festejo de gol.
El gol de la sentencia
Pero lo que llegó fue el gesto de lamento. Porque machacó el Levante. A la segunda que tuvo, para dentro. Llamativo contraste con el Oviedo. Oriol Rey probó desde la frontal y pilló a todos desubicados. El balón se fue al poste pero Etta Eyong lo seguía de cerca y aprovechó esa fe para embocar y, de paso, sentenciar el partido.
Porque lo siguió intentando el Oviedo en el último cuarto de hora. Nada que reprochar a la actitud. Poco al juego, que siguió siendo dominante con el rival. Pero sin una pizca de acierto en la última zona del campo, ahí donde se definen los partidos.
Murió el partido constatando que al equipo le falta una marcha arriba, o kilos de calidad, y con Munuera Montero contribuyendo al desconcierto general con varias decisiones inexplicables. Ryan sí apareció decisivo en la última acción del choque, tapando un gol cantado de Chaira cuando el partido agonizaba.
Castigo severo para un Oviedo aceptable hasta tres cuartos, hasta la zona donde están los partidos – y los millones en fichajes- y desapacible descanso en este parón de selecciones que servirá para hacer balance de 8 jornadas de campeonato con alguna luz y varias sombras. Que tocaría sufrir es algo que se conocía de antemano.
Vía: La Nueva España
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