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La emoción de la familia de Luis Aragonés por el recuerdo de los oviedistas en el Metropolitano: “Oviedo es nuestra segunda casa”

"Lo más bonito fue ver aficionados de los dos equipos hermanados por la estatua", indica Moqui, hija mayor del histórico entrenador

“Con Asturias tenemos muchos lazos familiares; mi abuela Generosa era de Candás, una asturiana de pro: no veas cómo estaba su arroz con leche”, cuenta Moqui

La estatua de Luis y varias fotos antiguas.

La estatua de Luis y varias fotos antiguas. / REAL OVIEDO CULTURE FANS

Nacho Azparren

Oviedo

No siempre le coincide bien por el horario, pero Moqui, la mayor de los cinco hijos de Luis Aragonés (junto a Rocío, Luis, Yolanda y Marta), tenía claro que el Atlético de Madrid–Real Oviedo no se lo podía perder. Había muchos recuerdos acumulados. En la previa, camino de la puerta de entrada al Metropolitano, pasó por delante de la estatua tributo a su padre y su sorpresa fue mayúscula al verle engalanado con una bufanda del Oviedo, un par de fotos con Tensi y un ramo de flores con su frase más representativa en clave oviedista: “Nunca llovió que no escampara”. “Fue algo conmovedor, no me lo esperaba”, relata a LA NUEVA ESPAÑA la primogénita de los Aragonés tras asimilar todo lo vivido.

La iniciativa para decorar la estatua del Sabio corrió a cargo de un grupo de aficionados, Real Oviedo Culture Fans, y el detalle le llegó a la familia. “Lo más bonito de todo fue ver gente del Atleti y del Oviedo, cada uno con su bufanda, haciéndose fotos juntos, hermanados por la estatua”, comenta Moqui.

Para Luis, el Atleti siempre ha sido lo primero. Eso no se discute. Pero Oviedo siempre ocupó un lugar especial en su corazón, como él mismo reconoció. Fue en la capital asturiana donde debutó, en 1960, en Primera como futbolista. Fue allí donde dirigió la última temporada en el viejo Tartiere.

Raíces en Asturias

Al Principado, además, les unen a los Aragonés sólidos lazos familiares. Todo empieza con la madre de Luis, Generosa, nacida en Candás, una “asturiana de pro”. “De las de cantarte el Asturias, Patria querida. ¡Y no veas cómo estaba su arroz con leche!”, cuenta Moqui.

No se detienen los lazos con la abuela candasina. A comienzos de los 80, Florencia Aragonés, hermana de Luis, se instaló en el barrio gijonés de La Arena junto a su marido, Malaquías Molpeceres, y abrieron un negocio, el Horno de Gusmain, que empezó vendiendo un poco de todo (pan, pollos asados, tortillas, boños preñaos...) y que fue especializándose en pastelería hasta ganarse una deliciosa fama: “Los mejores churros de Gijón”.

“Seguimos manteniendo mucha relación con Asturias porque hay muchos primos viviendo allí, en Candás y en Gijón. De hecho, hace poco estuvimos allí por el fallecimiento de una prima”, indica Moqui, “por suerte ahora podemos mantener el contacto a través de grupos de WhatsApp y nos encanta ir de visita”.

Luis, en Oviedo

Aragonés siempre contaba que su primera experiencia en Oviedo, año 60, le sirvió de “mili”: era la primera vez que salía de Madrid y aquello le valió para foguearse. A los azules les dio en el campo un empujón necesario para evitar el descenso, sobre todo con su actuación en la promoción por la permanencia ante el Celta. Marcó en el partido de ida. Luis era un chaval, pero ya mostraba carácter.

Pero fue su segunda etapa, la de entrenador, en la 1999/2000, la que más disfrutó el de Hortaleza. No tanto por el fútbol –la temporada fue irregular y solo pudo salvarse al final– como por lo vivido en la ciudad. “Estaba como en su casa. Ya sabéis cómo es él, que de primeras es serio... Pero en Oviedo, no; estaba en su salsa, como si llevara toda la vida entrenando al equipo”.

A Oviedo, Luis acudió con Pepa, su esposa. Los cinco hijos no lo hicieron, ya eran mayores, muchos con sus vidas hechas. Pero también respondía a una rutina fraguada años atrás. “La primera vez que mi padre salió de Madrid para entrenar fue a Barcelona. Yo tenía unos 20 años y mi hermana Rocío, 19. La idea inicial era que se llevaran a los tres pequeños, pero les convencimos de que nos quedáramos Rocío y yo al cuidado de todos. Así estaríamos siempre juntos”, cuenta Moqui, que asumió pronto responsabilidades: a la más pequeña le sacaba 12 años.

Cuentan que fue Pepa la primera en sentir el flechazo con Oviedo. Que cuando estaban viendo casas para vivir, con Luis aún sin estar plenamente convencido del fichaje, y tras un paseo por el centro, ella tomó la iniciativa: “Tú haz lo que quieras, que yo me quedo aquí”. “Sí, eso fue así”, confirma Moqui entre risas; “es que Oviedo es precioso. Yo iba mucho de visita. Estaba trabajando en Coruña, acababa de tener mi primer hijo y recuerdo ir muchos fines de semana y festivos, de pasar las tardes con el carrito por el Campo San Francisco. Era una ciudad maravillosa para pasear”.

Destaca también la hija de Luis el carácter de la gente que se encontró: “Mis padres estaban muy bien acompañados allí. Pero es que todo el mundo era muy cariñoso, muy cercano. Incluso los que no conocías. Era algo que me sorprendió. Oviedo es nuestra segunda casa”.

Luis, hombre de frases recordadas, también dejó un reguero de sentencias ingeniosas en Asturias. A la hora de quedarse con una, Moqui se adelanta un año, cuando el Mallorca certificó el descenso del Oviedo con Luis entrenando a los baleares. Fue ahí, sobre el mismo césped, cuando pronunció aquella sentencia tantas veces recordada desde el ascenso del pasado 21 de junio: “Ese nunca llovió que no escampara es una frase bonita, para recordar. Él sintió mucho aquel descenso del Oviedo, le dolió”.

“Tengo que decir que a la familia nos guardan un cariño enorme en todos los sitios en los que estuvo mi padre. Pero lo de Oviedo siempre ha sido especial”, asevera la primogénita de Luis, que cierra de forma emotiva: “Mi padre hubiera disfrutado un montón con el Atleti–Oviedo. Y seguro que desde donde esté lo habrá visto todo con una sonrisa”.

Vía: La Nueva España