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Cazorla: “Tenía gangrena en el tendón de Aquiles de 11 cm”

El capitán del Real Oviedo repasó su laureada carrera y dio pistas sobre su posible retirada: "Es casi seguro que esta será mi última temporada. Quiero disfrutarla, saborear estos últimos momentos y cuidarme"

Cazorla: "El plan es jugar sin dolor, sé gestionarme mal"

Cazorla: "El plan es jugar sin dolor, sé gestionarme mal" / Perform

Clàudia Espinosa

Clàudia Espinosa

Santi Cazorla (Llanera, 1984) cumplió su promesa y devolvió al Real Oviedoa lo más alto. Dos décadas hacía que no pisaba la máxima categoría del fútbol español, desde la temporada 2000/2001 para ser exactos. Y, tras caer ante el RCD Espanyol y quedarse con la miel en los labios en 2024, sería el hijo pródigo el encargado de echarse a la espalda a una plantilla que festejaría su centenario (26 de marzo de 1926) en Primera División.

La fe del asturiano, leyenda viva de este deporte y luchador nato, lideró la épica del Real Oviedo en el Carlos Tartiere tras el 0-1 de Joaquín Panichelli en los primeros compases del partido. "Lo único que sé es que voy a estar sí o sí. Es el momento de arriesgar", expresó en la previa un Cazorla que sufría ciertas molestias en su rodilla izquierda. Le dio absolutamente igual: fue el alma de una fiesta sinigual en la capital del Principado.

Así fue el emotivo homenaje a Santi Cazorla en el Carlos Tartiere: "No puedo pedir más"

Así fue el emotivo homenaje a Santi Cazorla en el Carlos Tartiere: "No puedo pedir más" / J. Alonso / A. Domínguez

Ejemplar

Es todo un ejemplo de superación: 40 años, 14 intervenciones quirúrgicas y hasta ocho centímetros menos de tendón de Aquiles por culpa de una bacteria. Nada ni nadie le impediría disfrutar de un posible 'The Last Dance' con el club de sus amores en Primera División. Y, como era de esperar, no está siendo ni mucho menos un camino de rosas, pues su equipo es ahora mismo colista con ocho puntos. Asimismo, se vivieron varias semanas de cierta incertidumbre e inestabilidad debido a la destitución de Veljko Paunović y el posterior nombramiento de Luis Carrión.

¿'The last dance'?

El capitán, que acumula 196 minutos repartidos en siete partidos y desempeña un rol secundario en el cuadro carbayón, concedió una entrevista a 'L'Équipe' para repasar su exitosa trayectoria y dar pistas sobre una posible retirada: “Es casi seguro que esta será mi última temporada. ¡Los jóvenes me están superando a pasos agigantados! Hay que saber cuándo retirarse. Quiero disfrutarla, saborear estos últimos momentos y cuidarme. Estamos intentando extender mi contrato. Muchos excompañeros siempre me han advertido: ‘Juega todo el tiempo que puedas, porque el día que te retires, echarás mucho de menos la vida cotidiana’. Cuando me retire, seguiré vinculado a esta vida de una forma u otra", manifestó.

Por ahora, eso sí, no se visualiza emprendiendo una aventura en los banquillos: “Por ahora, no lo creo. Cuando estuve con Xavi en Catar me dijo: 'Yo tampoco quería, pero el curso de entrenador despertó algo en mí'. Así que me sacaré el título y ya veremos si me gusta de verdad", aseguró.

"Prácticamente jugaba llorando"

Habló del partido que marcó un antes y un después en su carrera, un amistoso ante Chile que disputó en 2013, cuando militaba en las filas del Arsenal: "Recibí un golpe que me fracturó un hueso del pie. Fue entonces cuando empecé a recibir inyecciones de corticosteroides para aliviar el dolor. Con el tiempo, se volvió insoportable. Prácticamente jugaba llorando. Ya no lo disfrutaba. Cuando salí del campo ese día, le dije al médico: 'Se acabó, tenemos que encontrar una solución'".

Recordó una bonita anécdota con un Arsène Wenger que le llamó antes de su primera operación: "Sé que te operan mañana y que tu contrato termina al final de la temporada. Te he preparado una extensión de un año. Ve tranquilo, concéntrate en tu recuperación”. Jamás olvidaré este gesto tan humano", explicó.

Cazorla se mete en el Top 5 de la Premier

Cazorla con Giroud celebrando un gol / Agencias

Fue una recuperación larga y tediosa: “Tenía la piel muy dañada por tantas inyecciones. Estaba muerta y no cicatrizaba. Los problemas se fueron acumulando. Durante la operación, contraje una infección bacteriana. Ahí empezó el calvario. Me operaron todos los meses, once veces en total sin que nadie entendiera lo que ocurría. Cuando volví a España para una segunda opinión, tenía gangrena en el tendón de Aquiles en un tramo de 11 cm”, desgranó.

Pero nunca perdió la esperanza: “En Inglaterra me dijeron que corría el riesgo de perder la pierna, desde la rótula hacia abajo. Mi médico español me tranquilizó. La gente solía decir que minimizaba la gravedad de la lesión. Al final, esa negación me ayudó a mantenerme optimista. Las pruebas demostraron que mi brazo izquierdo era el más adecuado para hacer un injerto. Ahí tenía el tatuaje de mi hija. Como resultado, ahora tengo la otra mitad en el pie. Hoy sonrío ante esta pequeña señal del destino”, concluyó.