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TRAIL

El secreto de Kilian Jornet: así se crió el niño que aprendió a caminar entre rocas

Sus padres, Núria Burgada y Eduard Jornet, relatan en el programa ‘El Suplement’ de Catalunya Ràdio cómo fue la infancia libre y salvaje del mito del trail

Kilian Jornet, la gran referencia del ultra trail

Kilian Jornet, la gran referencia del ultra trail / NICK DANIELSON

David Boti

David Boti

Barcelona

"Creció en la montaña, jugó en la nieve y aprendió a caminar sobre terreno irregular." Así resumen Núria Burgada y Eduard Jornet los primeros pasos de su hijo Kilian, en una conversación íntima con 'El Suplement' de Catalunya Ràdio desde la Cerdanya. Allí, entre los muros de piedra de Montellà del Cadí, se entiende el origen de una fuerza de la naturaleza.

Burgada, maestra de escuela rural, y Jornet, guía de montaña, no criaron a sus hijos con normas rígidas ni ambiciones deportivas. Les enseñaron a moverse libres, a respetar la montaña y a convivir con el riesgo. "Kilian empezó a caminar con diez meses, y no sobre asfalto, sino sobre piedras", recuerda su madre. "A los 18 meses ya hizo una marcha de cinco horas, con su mochilita".

Mientras muchos niños jugaban en parques urbanos, el pequeño Kilian se lanzaba por la nieve en un trineo o desaparecía entre los árboles. "A veces no lo veíamos y nos asustábamos. Lo encontrábamos bajando solo con un trineo. Ya tenía ese espíritu", cuenta Eduard entre risas. Nunca le ataron, pero siempre lo vigilaban de lejos.

En la escuela rural era un líder natural. "Arrastraba a los demás, era inquieto y tenía mucha imaginación", dice su madre. La adolescencia, sin embargo, fue un choque brutal. "Venía de una educación muy libre, con espíritu crítico, y al llegar al instituto no entendía a los demás. No compartía sus intereses y se rebeló", confiesa Núria. Esa rebeldía se transformó en energía salvaje. "Podía irse solo de Montellà a Andorra corriendo o en bici, sin decir nada."

Los padres, lejos de reprimirlo, decidieron canalizar ese impulso. "Sabíamos que teníamos que encarrilar esa energía de forma positiva, porque si no...", admite Eduard. En lugar de prohibirle la montaña, le enseñaron a respetarla. "Le pedía que me dijera por qué canal iba a subir, por si pasaba algo saber dónde buscarle", recuerda el padre.

Mientras otros padres temían por fiestas o malas compañías, los Jornet temían por precipicios. "Nuestros miedos eran distintos: a ver a dónde habrá ido hoy", ríen. Aquella infancia moldeó un carácter que todavía hoy late en cada carrera. "Le enseñamos que no hay que imponer lo que a ti te gusta, sino acompañar lo que a tus hijos les apasiona." En el caso del pequeño Kilian, esa pasión era infinita.