NIEVE
Font-Romeu, la nieve que piensa en verde (y en familia)
El telecabina Airelles Express reduce el impacto ambiental y mejora la movilidad en la estación
El Draco’Snow convierte la diversión familiar en una experiencia de adrenalina sobre raíles

Font-Romeu está viviendo una temporada de ensueño / Altiservice
Esta temporada Font-Romeu tiene una textura especial: frío seco, mucha nieve y esa luz de alta montaña que hace que hasta el sonido de los cantos en la pista parezca más nítido. En cuanto te calzas los esquís, entiendes por qué el público catalán —sobre todo el que sube desde Barcelona— llena parkings y terrazas cuando el parte acompaña. Aquí hay nieve “para todos”: familias que buscan verdes largas, debutantes que quieren sentirse seguros y esquiadores con hambre de pendiente. Y lo mejor es que la estación sabe coserlo todo con una continuidad muy agradecida: puedes bajar desde la cota máxima hasta pie de estación encadenando pistas verdes, como si el dominio te llevara de la mano.
El corazón del día late en Roc de la Calme, donde el paisaje se abre con amplitud pirenaica. Desde ahí, las bajadas hacia el Lac des Pradeilles son de esas que se guardan en la memoria por la mezcla de bosque y horizonte. Y si te apetece “cruzar de barrio” sin complicaciones, también hay itinerarios claros para deslizarte hacia Pyrénées 2000, cambiando de ambiente como quien cambia de capítulo en un buen libro.
Pero Font-Romeu no se explica solo con pistas: se entiende mirando lo que han hecho fuera de la huella del esquí. En apenas tres años han invertido 30 millones de euros en modernización y, sobre todo, en una idea muy concreta: ser una estación cómoda, familiar… y más sostenible. La pieza que marca este salto es el nuevo telecabina Airelles Express, con 11 pilonas (antes eran 23), un rediseño que reduce el impacto visual y la ocupación del terreno. A esa ligereza se suma una mejora práctica: un 33% más de capacidad de transporte y un consumo energético un 11% menor respecto al anterior, según datos facilitados por la estación. Y hay un detalle que no sale en las estadísticas, pero se nota: la mecánica es silenciosa para no molestar al urogallo, esa presencia esquiva del bosque que aquí se respeta casi como a un vecino. Además, recuperan el calor generado por el sistema para calentar agua destinada a la limpieza de las cabinas: sostenibilidad aplicada, sin sermón.
Draco’Snow, snowpark y Gallinera
La novedad de la temporada se llama Draco’Snow, y funciona como un “tobogán sobre raíles” que añade adrenalina sin necesidad de quitarte el casco. Está pensado para ser divertido, seguro y, sobre todo, para que te salga esa risa tonta que solo aparece cuando algo te sorprende de verdad. Es fácil entender por qué engancha: bajas, frenas cuando quieres, vuelves a acelerar… y terminas mirando al de al lado con cara de “otra”. (Su versión aérea, Draco’Sky, la tirolina XXL, completa el pack de emociones en las propias pistas y con el snowpark como telón de fondo).
Ese espíritu de “más allá del esquí” se nota en cada rincón del dominio: raquetas, paseos en trineo con perros, Snake gliss, propuestas para peatones y una sensación constante de que aquí la familia no es un añadido, sino el centro del plan. En Pyrénées 2000, por ejemplo, han retirado dos telesquís para sustituirlos por una silla de cuatro plazas y una alfombra en debutantes: decisiones que no salen en las fotos épicas, pero que cambian el día a día de escuelas, niños y principiantes.
Y luego está el snowpark, que visitamos con esa mezcla de respeto y curiosidad que se tiene ante un lugar “serio”. Font-Romeu lleva tiempo jugando en la liga grande del freestyle: el spot ha acogido competiciones internacionales, incluyendo pruebas de Copa del Mundo de slopestyle en el pasado. Se nota en el diseño y en el ambiente: líneas pensadas, nivel, y esa cultura de park que convierte los trucos en lenguaje común.
Cuando el cuerpo pide pausa, comer en pistas se vuelve parte del relato. En Gallinera, el restaurante de altura, el esquí se toma con calma: un paréntesis gastronómico con vistas que te obliga a frenar el ritmo y mirar alrededor. Y si después te apetece “apretar”, ahí están esas negras que bajan de Gallinera a Pla del Aveillans, con el punto justo de exigencia para cerrar la jornada con la sensación de haber esquiado de verdad.
La experiencia redondea si duermes bien, y aquí Font-Romeu juega fuerte: el destino presume de 25.000 camas hoteleras y una oferta amplia, donde brilla con luz propia el Gran Hotel Ermitage (4)*, “todo un lujo en los Pirineos”, perfecto para volver con las piernas cansadas y la cabeza todavía en la última bajada.
Detrás de todo esto está Alti Service, empresa privada que explota la estación con concesión de 2022 a 2047, un horizonte largo que explica la ambición de las inversiones y la planificación por fases. En la hoja de ruta ya asoman dos nombres para la próxima temporada: el telesilla de Calma Nord y el Carlit Express.
Y un último guiño práctico para el esquiador que no quiere quedarse en una sola postal: Font-Romeu forma parte del forfait TRIO, que permite combinar jornadas en Font-Romeu, Les Angles y Formiguères. Tres estaciones, un mismo hilo conductor: nieve catalana y francesa compartiendo montaña, luz y ganas de volver.
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