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Edurne Pasabán (53 años): "Soy del País Vasco, ahí todo el mundo sale a caminar y a disfrutar del entorno. Mis padres me llevaban desde pequeña a la montaña aunque ellos no son alpinistas, pero crecimos rodeados de montes"
La primera mujer en coronar los 14 ochomiles reivindica sus orígenes, la salud mental y el liderazgo femenino

Edurne Pasaban:"Si tienes miedo date la vuelta porqué no va a salir bien" / SPORT
Edurne Pasaban (Tolosa, 1973), referente mundial del alpinismo y primera mujer en completar los catorce ochomiles, recuerda en una entrevista exclusiva para el diario Sport sus comienzos como una etapa "lejísimos" de la realidad actual del himalaísmo y del ochomilismo. En los años noventa, cuando el alpinismo era un deporte casi invisible, una joven movida únicamente por la pasión por las montañas decidió acercarse a los 8.000 metros y tratar de escalarlos. "Lo veo como si perteneciera a otra vida", afirma.
Pasaban creció en un entorno profundamente ligado al trekking y a la naturaleza. "Soy del País Vasco, ahí todo el mundo sale a caminar y a disfrutar del entorno. Mis padres me llevaban desde pequeña a la montaña aunque ellos no son alpinistas, pero crecimos rodeados de montes", recuerda. Aunque en su casa no había referentes alpinistas, a los 14 años ya se adentró en la escalada en un club de montaña, iniciando un recorrido que la llevó por Pirineos, Alpes, Andes y, finalmente, al Himalaya llegando a escalar el Everest en 2001.

Edurne Pasaban: "Ibas 2 o 3 meses a un campamento base a 8 mil metros y eras la única mujer" / SPORT
La alpinista relata la dureza de ser la única mujer en los campamentos base de las grandes expediciones. Con 24 años, recién llegada a su primer ochomil, tuvo que escuchar comentarios como "¿Quién la ha traído hasta aquí?". Pasaban asegura que tuvo que demostrar su valía en un entorno donde a los hombres de su misma edad nadie les cuestionaba nada. "Abrirse camino no fue fácil", reconoce, aunque su carácter competitivo la ayudó a sostenerse y avanzar.
Convertirse en la primera mujer en completar los 14 ochomiles supuso una doble satisfacción: la deportiva y la íntima. Ella lo arriesgó no tener un trabajo fijo, por aquel entonces ser alpinista no era considerado un trabajo, para poder aventurarse en estas conquistas y es por eso que: "Poder vivir de lo que me apasionaba es mi mayor logro", explica. Apostó por un camino en el que nadie creía, ni siquiera su entorno más cercano, y logró convertirlo en su vida.
En plena carrera, con ocho ochomiles escalados y reconocimiento internacional, Pasaban se enfrentó a una presión social que la llevó a pedir ayuda. Mientras sus amigas formaban familias, ella seguía en la montaña. "A los hombres no se les juzgaba igual", señala. Aquella crisis la obligó a detenerse y a iniciar un proceso de autoconocimiento que, años después, sería clave para gestionar su retirada profesional.
Tras completar los 14 ochomiles, Pasaban recurrió a psicólogos y psiquiatras tras pedir ayuda al no poder solucionar sus problemas de salud mental, pero destaca que las herramientas adquiridas en 2006 fueron esenciales para transitar el duelo de dejar atrás la alta montaña. Identificar la necesidad de aprobación y la presión externa le permitió sostenerse en una etapa vital completamente nueva.

La expedición de la alpinista Edurne Pasaban ha invertido entre 14 y 16 horas en completar el trayecto entre el campo 4, situado a 7.800 metros, y la cima del Kangchenjunga / EFE
La alpinista reconoce que, ahora que ya esta retirada, echa de menos la adrenalina de la alta montaña y que, echando la vista atrás, el miedo fue siempre un aliado: "Gracias a sentir miedo estoy aquí hoy". Sobre los sentimientos y la emoción que se siente sobre la cima de un ochomil, desmonta el mito: apenas diez o quince minutos llenos de nervios, lejos del momento idílico que muchos imaginan. "El sueño perfecto se cayó en cuanto puse un pie en la cima".
Pasaban ha perdido a catorce amigos de cordada y ha vivido situaciones extremas, incluida la amputación de dedos en sus pies. "La muerte está siempre muy cerca", admite. Aun así, la pasión por la montaña explica por qué los alpinistas regresan una y otra vez. Recuerda especialmente las palabras del padre de un compañero fallecido: "La vida continúa, y la tuya tiene que continuar".

Edurne Pasaban, durante el acto / ©️Walden Outdoor Sports / ©️Pablo Expósito
Si debe quedarse con una enseñanza, es la humildad. La montaña le enseñó a soñar en grande, pero siempre con los pies en la tierra y consciente de sus límites.
Tras años en Nepal, Pasaban sintió la necesidad de devolver lo recibido. Su fundación trabaja para mejorar la educación infantil en zonas remotas del Himalaya. "Si podemos ayudar aunque sea a un solo niño, estamos haciendo lo mejor que se puede hacer", afirma.
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