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Aratz, Aizkorri, Aitxuri y Andraitz: así es el recorrido que convierte Zegama en el maratón de montaña más exigente

Sancti Spiritu: la subida más famosa del trail running español está en Zegama+

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Vista aérea de uno de los puntos más icónicos de la Zegama - Aizkorri

Vista aérea de uno de los puntos más icónicos de la Zegama - Aizkorri / JUSTIN GALANT

David Boti

David Boti

Barcelona

Llamarlo maratón es casi un eufemismo. La Zegama-Aizkorri tiene de maratón la distancia y poco más. Con un desnivel positivo acumulado de 2.736 metros y un total de 5.472 metros de desnivel, es un monstruo donde buena parte del recorrido se considera muy corrible con sendas forestales y alguna zona técnica en el cresterío.

Este domingo, quien llegue a Zegama esperando algo parecido a correr por un parque se va a llevar una sorpresa mayúscula. Quien llegue sabiendo lo que le espera, lo vivirá como una de las experiencias más intensas que puede ofrecer el trail running.

El recorrido arranca en la plaza del pueblo, a 296 metros de altitud, y se adentra en un trazado que transita por caminos y senderos de gran belleza natural: hayedos, zonas escarpadas de roca viva y pastizales de altura. Lo que espera a los 583 corredores este domingo se puede dividir en cuatro capítulos, uno por cada cima, y cada uno tiene su propia personalidad.

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Desde la salida en el centro del pueblo, los corredores dan una vuelta al mismo y encaran la primera subida hacia Bixarte. Tras pasar por Otzartue y Ultzama, afrontan la primera gran ascensión a la cima del Aratz. A 1.443 metros, el Aratz marca el tono de lo que viene después: subida directa, sin contemplaciones, con el terreno ya mostrando las primeras placas de piedra caliza que, en días de lluvia, se convierten en auténticas pistas de hielo.

Sancti Spiritu, la subida más famosa del trail en España

Desde el Aratz, el recorrido baja de nuevo para encarar el Sancti Spiritu, la subida más icónica del trail running español. Unos 2,5 kilómetros con más de 500 metros de desnivel hasta la cima del Aizkorri: tramos muy empinados por terreno rocoso, una zona donde el sendero hace eses para ganar altitud y, ya arriba, un tramo aéreo bordeando el cresterío de la montaña hasta divisar la ermita del Santo Cristo. Es aquí, en el kilómetro 19,6, donde la carrera concentra la mayor parte del público, las paredes humanas, los txistularis y el ruido ensordecedor que hace que los corredores lleguen al límite y encuentren fuerzas donde ya no las había.

El recorrido atraviesa además lugares legendarios como el túnel de San Adrián, una cueva natural recorrida por una antigua calzada romana.

Desde la cima del Aizkorri, el recorrido continúa cresteando hacia el Aitxuri, el techo de toda la carrera a 1.551 metros. En esta zona el progreso es lento: hay que hacer alguna trepada con ayuda de las manos, y el terreno exige concentración absoluta. Es el tramo donde la fatiga acumulada y la exposición al viento en cresta se combinan de la manera más traicionera. Quien llega aquí con las piernas frescas tiene mucho ganado; quien llega justo empieza a negociar consigo mismo.

Tras una técnica bajada hacia las campas de Urbia, los corredores afrontan un último repecho, la subida a Andraitz, desde donde regresan hacia la vertiente de Zegama.

Pasando por Itzubiaga, Moano y Mandabide, encaran los últimos kilómetros de descenso hasta adentrarse de nuevo en Zegama, con miles de aficionados esperando su llegada. Esa bajada final, con las piernas destruidas después de cuatro horas de esfuerzo en el mejor de los casos, es donde Kilian Jornet suele abrir los últimos huecos sobre sus rivales.