LALIGA
“Qué miedo me da ser del Madrid y jugar en El Sadar”
El Real Madrid vio como se le escapaban dos puntos clave en la lucha por LaLiga en su visita a Osasuna

El técnico vuelve a hablar de los arbitrajes en rueda de prensa tras al partido ante Osasuna / Perform
“Qué miedo me da, qué miedo me da, ser del Madrid y jugar en El Sadar”. Un cántico entonado por los aficionados de Osasuna que ya es costumbre en las previas de la visita del conjunto blanco a Pamplona, uno de los territorios que históricamente les ha recibido con mayor hostilidad. Desde el lanzamiento de petardos a Paco Buyo, las grandes diferencias de ideología política entre sus dos grupos radicales (Indar Gorri y Ultra Sur), el corte de mangas de Schuster a la grada ya como entrenador, los piques entre Pandiani y Cristiano, el gol de Juanfran que valió una salvación o, lo último, las constantes provocaciones de Vinicius. Innumerables capítulos de enemistad que evidencian la animadversión de la marea rojilla hacia todo lo que tenga que ver con el blanco.
Visto lo visto, un Osasuna - Real Madrid es sinónimo de partido caliente, y ayer no podía ser excepción. Hace tiempo que en la capital habían superado el miedo a jugar en Pamplona con tres victorias consecutivas en sus últimas visitas, pero hoy todavía siguen en bucle con la misma pesadilla: muchas decisiones polémicas con un penalti señalado tras una entrada con retraso de Camavinga, una posible mano de Juan Cruz en el área local, un derribo en el área inexistente sobre Vinicius y el empate final que deja el liderato botando para el Barça tras el ‘pinchazo’ del Atlético ante el Celta.
OSASUNA RESISTE ENTRE EL RUIDO ARBITRAL
Los de Vicente Moreno sobrevivieron como pudieron al vendaval de Mbappé y Vinicius, que a punto estuvo de silenciar todo el ruido con una actuación destacable que no pudo sellar con gol. El canterano Herrando, que tenía la difícil tarea de suplir la baja de Boyomo por sanción, cumplió con nota junto a Catena y se erigió como héroe al robarle el segundo gol al francés en una acción límite. Sergio Herrera volvió a reinar en la locura con un paradón en el descuento a Kylian. Budimir, que sumó su gol número 57 para igualar el récord de máximo goleador histórico del club en Primera División, desgraciadamente saldrá en las portadas por la polémica del penalti.
Fue una enorme actuación coral de un equipo que ya ganó al Barça en este mismo estadio esta temporada y ahora sueña con entrar en Europa. Aunque quién nos iba a decir que lo que más ruido genera todavía de este empate, más allá de la posibilidad de que hoy los de Hansi Flick se pongan líderes en solitario, venga de un desacuerdo lingüístico y de traducción entre Munuera Montero y Jude Bellingham. A partir de ahora pedirán que se incluya un intérprete entre los miembros de la sala del VAR.
LA POLÉMICA DEL INGLÉS Y LOS MITOS DEL ‘FUCK OFF’
Jude Bellingham, protagonista de esta bonita historia, quiso homenajear a Ernest Hemingway, un angloparlante que pisó Pamplona en 1923 y, asombrado por el ambiente festivo de los Sanfermines publicó su primera novela de éxito traducida como ‘Fiesta’. El legendario escritor nacido en Illinois hizo universales las fiestas de la ciudad y se convirtió en un icono de Iruña, mientras que el inglés del Real Madrid se marchó expulsado del ruedo del Sadar por proferir un insulto con su inconfundible acento de Birmingham. Parecía un británico perdido entre las calles un siete de julio tras oír el ruido del chupinazo.
El internacional inglés, que hasta ahora había creído que podía ir soltando improperios en su idioma natal al colectivo arbitral sintiéndose inimputable (en el derbi ante el Atlético le dijo claramente al línier ‘Fuck you man, fuck off’), se topó de bruces con un Munuera Montero que dijo basta y le enseñó la roja. Aunque el colegiado del encuentro recogiera en el acta el motivo de la expulsión con la expresión ‘fuck you’, una forma más despectiva e incriminatoria de mandar a freír espárragos a alguien, los micrófonos de la televisión del partido subtitularon sus palabras como ‘fuck off’ (según el diccionario de Cambridge significaría "marcharse o irse, usado especialmente como una forma grosera de decirle a alguien que se vaya” - vete a la mierda, vete a tomar por culo). En cualquier caso, ambas acepciones son válidas como una falta de respeto, entendiendo la lógica diferencia de gravedad que podría cambiar el alcance de la sanción en caso de ser revisada.
En el fútbol inglés, el insulto de ‘fuck off’ se usa día sí y día también. Como si en España los jugadores repitieran cada vez que protestan o se sienten frustrados una palabrota en concreto, los partidos de la Premier League están plagados de ‘fuck off’. Al igual que vemos muchos menos penaltis que en LaLiga, menos piscinazos y más permisividad arbitral con las faltas, pues lo mismo con las quejas verbales. Pero ojo, que esté aceptado no quiere decir que esté bien visto y ni mucho menos frente a una autoridad. En nuestro fútbol, a Bellingham le han cortado de raíz las faltas de respeto, sean más o menos graves según la interpretación de cada uno.
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