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Vinicius y el Bernabéu, una reconciliación de cartón piedra

Vinicius habla con el árbitro del Real Madrid - Mónaco

Vinicius habla con el árbitro del Real Madrid - Mónaco / EFE

Regresó la Champions al Bernabéu, y como si se tratase de una medicina milagrosa, se calmaron las aguas en el madridismo. Hay competiciones balsámicas, torneos que se ajustan como un guante al carácter de un equipo. Es el caso de la Champions y el Real Madrid: pero esa especie de idilio fue el escenario sobre el que se representó una reconciliación que huele a compromiso, a pura formalidad.

Fue un pacto de no agresión; de cartón piedra, el que firmó la afición del Madrid con su jugador más controvertido, Vinicius.

Los pitos del pasado sábado ante el Levante se transformaron en amables aplausos en Champions ante el Mónaco. Ayudó el rival, que nunca incomodó del todo al Madrid ni puso en peligro la victoria local. Ayudó también ese cambio de chip que siempre se vive en Chamartín cuando llega la Champions: es otro público, diferente al que acude en los partidos de Liga; un público más amable, más dispuesto al aplauso que a la crítica. Más condescendiente.

Si además las gradas del estadio están repletas de turistas dispuestos a disfrutar de la experiencia -sucede también en Barcelona-, el resultado del cóctel es el esperado: todo son sonrisas, buenas intenciones y palmadas en la espalda.

Sin embargo, la realidad del Madrid está lejos de ese idilio escenificado en el Bernabéu. Por debajo de tantas capas, de tanta debate social y casi político alrededor del equipo, subyace una inquietud fundamental: el juego del equipo deja mucho que desear. El Madrid concede demasiadas ocasiones al rival. Juega sobre el alambre cada partido, por más que sea capaz de salvar el resultado ante equipos como el Levante o el Mónaco.

¿Qué ocurrirá cuando el Madrid se enfrente a un equipo de más cuajo? La sombra de Albacete puede ser muy alargada y eclipsar toda la temporada.

El Madrid es un equipo instalado en la incertidumbre, pero con una certeza: Mbappé siempre está ahí. Muchos días servirá para ganar el partido (Levante, Mónaco, y los que están por venir). Pero en otros partidos, su talento no alcanzará. Será entonces cuando Vinicius debería aparecer como lo que es, un fantástico futbolista cuando se centra en el juego y no en el ruido.

Está por ver qué cara ofrecerá el brasileño a partir de ahora: es un momento crucial de la temporada para él y por extensión, para su equipo. Está por ver si esa especie de tregua que el Bernabéu le ha concedido es efímera o duradera.

La respuesta solo la tiene el jugador: si se dedica a los aspavientos y a conspirar contra su entrenador (cabe suponer que no, dado el cariño que le muestra Arbeloa) o más bien a jugar al fútbol y facilitar la vida a sus compañeros, como hizo ante el Mónaco.