Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

VICKY SUPERESTRELLA

Vicky López celebra uno de sus goles

Vicky López celebra uno de sus goles / FCB

Hay futbolistas que crecen. Y luego está Vicky López, que directamente estalla. Ha dejado de ser promesa, Golden Girl, Kopa o joya por pulir. Ahora es otra cosa: una superestrella en construcción acelerada, una futbolista a la que ya es casi imposible sacar del once porque, juegue donde juegue, siempre suma. Y porque se ha ganado el puesto a base de insistencia, talento y una madurez que desafía su DNI.

Contra el Leuven fue MVP. La más activa, la más imprevisible, la que agitó cada ataque desde la derecha. Cada intervención suya llevaba algo distinto: cambio de ritmo, regate, desborde, esa capacidad tan suya de generar peligro incluso cuando no parece haber espacio. Tiene 19 años y, sin embargo, da la sensación de que el techo está lejos, muy lejos.

Pere Romeu lo explica con naturalidad, como si describiera un fenómeno que ve todos los días. “Es muy joven y está creciendo. Si sigue así, dentro de unos años dará mucho que hablar, más incluso que ahora. Tiene muchísimo desequilibrio, regates complicados que difícilmente ves en otra jugadora”. No es exageración: es constatación.

Porque su camino no ha sido lineal. Hace un año, cuando Pere la colocó por primera vez en la banda, no terminaba de encontrarse. Ella misma lo admitió: “No toco tanta bola como en el medio… Me ha costado, pero me siento bien. Voy a dar lo mejor de mí donde me pongan”. Y lo hizo. Trabajó, se adaptó, escuchó, dejó atrás frustraciones, porque se enfadaba consigo misma cuando no le salían las cosas, y encontró un lugar sin perder su identidad. Hasta en la Euro, donde tuvo que hacer de Aitana por momentos, asombró al mundo sin renunciar a ser Vicky.

Hoy es, seguramente, la mejor jugadora del Barça en este inicio de temporada. Y no es solo cuestión de números (6 goles y 5 asistencias en Liga; un gol y una asistencia en Champions). Lo suyo va por otro lado. Vicky tiene aura. Tiene algo que no se entrena.

Juega con la picardía de quien creció en la playa y en el patio del colegio, imitando los regates de Neymar antes de subir a casa. La visión la aprendió de su hermano, pero la magia nació en ese fútbol callejero que a veces reaparece en forma de amago, ruleta o pase filtrado imposible.

Hace apenas cuatro días se convirtió en la jugadora más joven de la historia del Barça en alcanzar los 100 partidos. Otro récord, otro hito que rompe sin hacer ruido, con la naturalidad de quien vive el fútbol sin miedo. Tiene ese descaro tan propio de su generación, que pisa fuerte, que no se achica, que entiende el juego desde la libertad.

Vicky ya no es futuro. Es presente luminoso. Si esta es la temporada en que se confirma como pieza clave, el Barça habrá ganado muchísimo. Y ella, que siempre repite “yo soy Vicky y quiero disfrutar”, parece estar haciéndolo. Y de paso, está haciendo disfrutar a todos