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Del Cerro Grande no fue justo con el Barça en San Mamés

Ni VAR, ni ver, son muy malos

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

Veamos, podemos decirlo, incluso, con la voz alta y convencidos de lo que decimos. Todos, absolutamente todos, los aficionados, ya no digamos los profesionales, entrenadores, futbolistas, seguidores, amantes, forofos de cada uno de los clubs de Primera División, de esa Liga que tanto defienden Luis Rubiales y Javier Tebas, pueden gritarlo: los árbitros son muy malos, mucho.

Repito, muy malos, pues no son capaces de acertar ni en vivo ni en directo, ni con repeticiones, ni con VAR ni sin VAR, ni a la antigua usanza o en manos de las nuevas tecnologías. Era evidente que el VAR no iba a terminar con la polémica (ni hacía falta), pero lo que no puede ser es que se mantengan los mismos o muy parecidos errores, jornada tras jornada.

El nuevo jefe de los colegiados, el amabilísimo, servicial, coloquial, conferenciante y abierto Carlos Velasco Carballo, el mismo que con documentación en la mano decía no hace mucho que sus árbitros solo habían cometido siete errores en penaltis no señalados, debería salir hoy mismo a la palestra y explicar por qué no fue señalado como penalti el que Yeray cometió sobre Semedo, en el minuto 95.

Y es que, insisto, son muy malos. No es, no, problema de que ayuden a los poderosos. No es problema de que no lo vean. No es problema de que trabajen (y cobren mucho, mucho) con la red o el paraguas del VAR, que ya está demostrado que no les ayuda demasiado (porque está dirigido por otro de ellos, humano y, encima, no va a ponerle en evidencia), es, simplemente, que no saben más, que son malos.

Y el que no es malo, es cobarde como lo fue anoche Del Cerro Grande, al que el partido de San Mamés, vibrante, estupendo, divertido, de toma y daca, para el Athletic en la primera parte, para el Barça en la segunda, le vino, no grande, inmenso. Y, si encima de todo ello, va y expulsa, vaya, a Raúl García por tocar el balón con la espalda (el hombro, la espalda) y, minutos después, se asusta, le entra el cague (perdón, perdón, pero fue así, no más) y no le proporciona la posibilidad de ganar al Barça, entonces estamos donde estábamos antes del VAR. Es decir, que son muy malos.

El Barça, al que le sigue faltando en el centro del campo alguien que piense, que trabaje los contragolpes, que filtre pases de miedo, que lleve la manija, no sé, alguien como Arthur, a quien parecen haberle descubierto que, como buen brasileño, también le gusta la fiesta, se atascó a la hora de marcar, de crear auténticas ocasiones de gol y, sí, tuvo a Messi, pero no al cien por cien, ni mucho menos. Tal vez jugó Leo por eso, porque no estaba Arthur.

Pero anoche, de nuevo, el Barça, como le suele ocurrir al Atlético, demostró tener uno de los tres mejores porteros del mundo y eso, jugando en casa de don José Ángel Iribar, es todo un homenaje, un honor. A falta de gol y claras oportunidades (Herrerín no fue, no, el héroe de la noche), bueno es arrancar un punto de la ‘catedral’ y mantener al Real Madrid a 6+1 puntos, ya que sería bueno no olvidar que el Barça goleó a los blancos (5-1) en aquella época que estaban mal, muy mal y, por tanto, la diferencia es mayor que dos derrotas, las mismas que suman los culés en 23 jornadas.

Eso sí, la Liga ya está donde quería todo el mundo, donde dijo Ernesto Valverde que estaría cuando el Real Madrid estaba en la Luna, es decir, a más de 10 puntos. La Liga se resolverá, como casi siempre, en otro mano a mano de los dos inmensos. Se acabaron las sorpresas. Y, de momento, pese al clavo ardiendo, llamado esta vez Vinicius, al que se agarra el madridismo, el líder es el Barça, que solo ha dejado de serlo en dos de las 23 jornadas que se llevan disputadas.

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