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Ante los vándalos, con redes y sin medias tintas

Joan Garcia será el centro de atención en su regreso a Cornellà-El Prat

Joan Garcia será el centro de atención en su regreso a Cornellà-El Prat / Dani Barbeito / SPO

Joan García divisa el mal trago del 3 de enero desde hace tiempo. Su estampa transmite sosiego, paz y saber estar. Es consciente de la hostilidad a la que se va a enfrentar. De lo que, a día de hoy, no hay certezas es de que el evento vaya a consumarse sin incidentes graves. Se adivinan índices de odio desproporcionados y el propio Espanyol malvive por el miedo a un posible cierre del campo. De ahí, la determinación - necesaria, aunque triste - de blindar los goles del RCDE Stadium y de apelar a la responsabilidad.

Es importante entender que el problema no anida en quien sanciona sino en quien comete el atropello. Sus dos últimas ligas, el Barça las sentenció en Cornellà. En la de Xavi, los futbolistas tuvieron que huir de los cafres que invadieron la cancha para agredirles. En la de Flick, tras el pitido final, no pudieron abrazarse ni medio segundo. Una imagen dantesca para la Liga. Algunos no sólo no lo censuraron, sino que acusaron de provocación al campeón. Defiendo la rivalidad deportiva, pero hay líneas rojas.

Nadie está para dar lecciones. El caso Figo, un capitán que engañó de palabra y por escrito a la afición, no tiene nada que ver con lo de Joan, al que el Espanyol siempre quiso vender. Pero hace cinco lustros, el barcelonismo también acuñó praxis que hoy no pasarían el corte. El choque, quinto contra líder, es un partidazo. Se asume que el foco lo va a tener Joan, desde el arranque hasta el fin. Es fútbol y es sentimiento. Pero debe fortalecerse el discurso en torno al seny. No creo que nadie, en su sano juicio, se arriesgue ser cómplice de actitudes indeseables que acaban resultando obscenas para el fútbol y para el deporte.