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El último caño de Jan Virgili

Jan Virgili celebra su gol en la final de la Intercontinental Sub 20

Jan Virgili celebra su gol en la final de la Intercontinental Sub 20 / instagram

Hay futbolistas que entran por los ojos y otros que exigen atención para valorar lo que esconden debajo de la superficie. Jan Virgili es de los segundos: es desgarbado, el balón parece a punto de enredarse entre sus pies y muchas veces corre sin levantar la cabeza como si rumiara más la jugada que el juego. Estas son algunos de sus rasgos y, sin embargo, causa estragos en los rivales.

No es que le falten argumentos futbolísticos (posee una quinta marcha en carrera demoledora), pero su mayor virtud es la decisión. Cada vez que recibe el balón somete a su par a un desafío. Poco importa que cometa un error o la defensa le vaya ganando la partida, en la siguiente jugada va con la misma fe. No es poca cosa: la cabeza define a los extremos y los mejores de su especie tienen en común su valentía. Jan Virgili vive cada jugada como si fuera agónica y su equipo lo necesitara para lograr una remontada.

De lejos parece un extremo bajito con cara de niño, pero de cerca es un animal competitivo. Lo demostró desde que llegó procedente del Nàstic, donde venía de ser el máximo goleador del grupo sétimo de la Liga Nacional Juvenil con 18 goles. Primero, en el juvenil A, contra chicos de su edad y meses más tarde en el Barça Atlètic en la dureza de la Primera RFEF .

El filial terminó descendiendo pero, en la adversidad de un equipo en caída libre, se rebeló con grandes actuaciones y goles. Virgili logró trasladar sus mejores virtudes a pesar de la diferencia de edad: desequilibrio, amenaza goleadora, constancia defensiva y mucho corazón.

Su impacto en el filial fue tan espectacular que terminó llamando la atención de Flick. El alemán se lo llevó a la pretemporada, pero se cayó de la lista para la gira asiática. Otros jóvenes como Dro o Toni pasaron por delante suyo y Jan Virgili empezó a pensar en salir ante la perspectiva de jugar esta temporada en la Segunda Federación.

Hace solo unos días, cuando ya se conocía el fuerte interés del Mallorca, enamoró al Maracanà con un gol formidable y un balón al palo, en un escenario mítico. Su actuación no fue suficiente para llevarse la Intercontinental sub’20 ante el Flamengo, pero por momentos Jan Virgili pareció el más brasileño de los 22 jugadores en el campo.

Ayer el jugador ya viajó a Mallorca para incorporarse al club que más ha creído en él. Arrasate ha estado encima del futbolista en los últimos días, porque necesita extremos para su idea y le tiene fe. También el Barça sabe que no sería nada prudente perderlo y se guarda una opción de recompra, además del 50% de los derechos del jugador.

El club azulgrana gana 3,5 millones, pero Flick pierde una alternativa en el filial si en algún momento necesita un extremo clásico. Virgili es un especialista de la banda, una especie en extinción. Pero, además, tiene otro valor añadido: su capacidad de cambiar partidos saliendo desde el banquillo.

Cuando más quema el balón, más se ofrece. A ninguno de sus compañeros del filial les sorprendió que le tirara un caño a Araujo en un rondo en unos de sus primeros entrenamientos con el primer equipo. Virgili siempre fue un descarado y lo vuelve a demostrar con su salida al Mallorca. Quiere probarse en Primera a riesgo de poner en peligro el tren del Barça.