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Las últimas elecciones del siglo XX

OPINIÓN

Guillem Balagué

@GuillemBalague

Me da que se celebran las últimas elecciones del siglo XX en el Barcelona. Se habla más de la personalidad del líder que del proyecto, se mezcla sentimiento de pertenencia con el negocio pero intentando no molestar, se dice con timidez que sería necesario vender trocitos del club para poder sobrevivir. Pero el capitalismo es insaciable y en algún momento se llevará por delante al Barcelona tal y como lo entendemos. Nadie está dispuesto a debatir cómo puede el club seguir teniendo su personalidad universal y particular, pero mientras tanto se entrega a los acreedores; no a nuevos inversores, sino a fondos y bancos a los que habrá que convencer para que estiren un poco más la cuerda. El Barcelona es en teoría de los socios, pero en la práctica las decisiones las tomarán los gestores de la deuda, ajenos al club pero con ganas de ser relevantes.

 

El Barcelona ya no tiene ventaja fiscal por no ser sociedad anónima (otro pico que desaparece) y los límites que marcan el modelo de negocio (un aval de 124 millones, por ejemplo) ralentizarán el regreso a la élite de manera continuada. Los equipos ingleses no solo se han hecho más competitivos con dinero (que también, con mucho) sino también acercando el club al tipo de funcionamiento de las empresas más exitosas, profesionalizando cada departamento, buscando el equilibrio financiero, aunque, eso sí, alejando la emoción y convirtiéndolo todo en números. Ese inevitable salto hacia el club-empresa se dio a partir de un análisis de lo mucho que se hacía mal y sin tener miedo a un cambio de estructura interna revolucionaria ofreciendo cargos a gente de mucho nivel.

 

Nadie ha dicho que sea la mejor manera de llevar un club de fútbol, es solamente inevitable si se quiere seguir el ritmo de los que cuentan con los mejores futbolistas y entrenadores. Es como está montada esta sociedad. Ahora, si se acepta las dificultades para progresar y se dice que es mejor tener un once de jugadores salido de la Masía, aunque no se pueda ganar tan habitualmente, si ese es el sueño, entonces, lo aplaudo. Pero no se lo he escuchado a nadie, ni a candidatos ni a comentaristas. En la campaña nos han regalado los oídos, unos más que otros, con lo que los aficionados han querido escuchar. Igual es que no queremos apartarnos de lo que nos trajo al fútbol: formar parte de un mundo paralelo sin grandes responsabilidades ni obligaciones, donde nos contamos cuentos para caer dormidos

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