Opinión
El traidor que se atrevió a soñar

Joan Garcia cambiará Cornellà por el Spotify Camp Nou / Dani Barbeito
Joan Garcia, ese joven que hasta hace unos días provocaba suspiros de admiración y pasión entre la afición del Espanyol, ha cometido un crimen, el crimen más atroz: ha escogido el Barça como puerta de entrada al fútbol de los elegidos.
¿Cómo se atreve este chico sencillo, nacido en un pueblito de tradición minera, tímido, sacrificado y descarado, a querer progresar profesionalmente, jugar en el equipo más referente y en el estadio más ilusionante del mundo, postularse, ahora sí, a ocupar la portería de su selección nacional, brillar en Champions entre los mejores y, encima, cobrar un sueldo de portero de élite que multiplica por mucho el que percibía? ¡Ha de ser un sinvergüenza!
La indignación perica ha estallado con la sutileza que lo haría un cóctel molotov en una gasolinera. Redes sociales ardiendo, amenazas irreproducibles y un repentino y caricaturesco máster colectivo en ética y lealtad. Al parecer, algunos, no percibían al guardameta de Sallent como un hombre libre, para ellos, era un esclavo obligado a rechazar al Barça por haber vestido un tiempo la zamarra blanquiazul.
Traidor es lo más dulce que se lee… ¿De verdad vale la pena insultar? ¿No será, quizás, un caso de obsesión o complejo mal gestionado? Joan no ha hecho nada que no hayan hecho decenas, centenares de jugadores antes que él. ¿O acaso no recordamos a jugadores saliendo del Espanyol hacia clubs grandes, también al Barça, sin este circo romano? ¿O será que el pecado imperdonable es convertirse en uno más de ese “Clan de Port Aventura” que ya celebran títulos mientras otros celebran permanencias? Seamos serios: el Espanyol es un club fantástico e histórico, pero por mucho que duela, hoy flirtea entre la primera y la segunda división mientras el Barça, con todas sus miserias, sigue siendo un escaparate mundial con el que cualquier futbolista sueña.
Pedirle a Joan que renuncie a todo por romanticismo es tan realista como esperar que Netflix haga una serie fiel a una obra literaria. La reacción perica puede no sorprender, pero asusta. Convertir a un futbolista de 24 años en símbolo de la inmoralidad es absurdo y, francamente, patético. En lugar de insultarle, quizás habría que preguntarse por qué el club de Cornellà le adoraba como a una estrella y le pagaba en cambio como un juvenil. Joan García no ha traicionado a nadie. Ha hecho lo que cualquier joven soñador haría: crecer. Y si para algunos eso es imperdonable, quizás el problema no sea Joan. Tal vez el problema sea mirar con ira hacia arriba, cuando llevas tanto tiempo instalado tan abajo.
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