Ernesto Valverde es entrenador del FC Barcelona

Tocando fondo

OPINIÓN

Xavi Torres

@xavitorresll

No hace falta profundizar en la situación de Ernesto Valverde porque presenta pocos matices. Su proyecto llegó tocado al verano pasado tras el desastre de Liverpool pero Josep Maria Bartomeu no dio el paso de poner punto y final a la relación por falta de liderazgo, porque no se atrevió a desautorizar algunas voces con peso en el vestuario y porque su estructura fue incapaz de dar con el relevo. La desconfianza en el Txingurri, sin embargo, era total. Y en éstas seguimos.

La derrota ante el Atlético con la Champions en un horizonte cercano y las elecciones, en otro un poco más lejano, ha provocado un tsunami de incapacidades difícil de soportar por ningún discurso (plagado de mentiras, por cierto). Si Valverde sobraba lo lógico hubiera sido tener a su substituto antes de organizar tan triste espectáculo. Un adiós y un hola, en el mismo instante. Lo sucedido -el apuñalamiento más mediático de la historia del club- es una humillación del mismo calibre que la que viene recibiendo la Junta en su búsqueda de efectivos.

Sorprende que Puyol diga que no quiere ser el director deportivo y que Xavi y Koeman, no acepten sentarse en el banquillo del Camp Nou. O tal vez, no. Quizás estos mitos azulgranas no quieran participar del juego sucio y ante la ausencia de proyecto deportivo prefieran no tomar parte de semejante exhibición, delirante y continuada, de movimientos equivocados de un presidente que es, a la vez, vicepresidente deportivo y que ya ha demostrado sobradamente su ignorancia en la cuestión. Lo que está sucediendo es un caos sumamente ridículo que ensucia la imagen de la entidad hasta límites grotescos. Hablaron Guardiola, Luis Enrique e Iniesta para afear la operación. No serán los últimos. Que, además, alguien haya pensado en Pochettino supera toda la grosería imaginable.

El gesto de la Junta se mueve entre las asignaturas de primero de nuñismo y las suspendidas –incluso en septiembre- de la peor versión del gasparismo. Se trataba de matar dos pájaros de un tiro, trayendo al carismático Xavi para desactivar el problema deportivo –eso creía Bartomeu- y el electoral –el de Terrassa se mueve cerca del precandidato Victor Font-. Todo, siguiendo el modelo elegido, con operaciones chapuceras y sin escrúpulos. Después de tantas lecciones de ética y moral, una vez más, los valores a la basura.

Da igual quien se siente en el banquillo del Barcelona a partir de ahora. La carpeta del entrenador está cerrada. La que se acaba de abrir, un año y medio antes de tiempo, es la de la presidencia. Toca reflexión y debate. Con urgencia.

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