Opinión
Qué suerte tener a Pajor

Así ha sido el doblete de Pajor ante el Real Madrid / Otras
Hay futbolistas que transforman un partido y otras que transforman una temporada. Ewa Pajor pertenece a la segunda categoría, la de las delanteras capaces de convertir cada ataque en una amenaza real y cada ocasión en una posibilidad tangible de victoria. Ante el Benfica volvió a abrir la lata cuando más lo necesitaba el Barça, igual que hizo días atrás ante el Tenerife, hace apenas unas semanas contra el Real Madrid o en Stamford Bridge, donde su gol valió un punto de oro. La polaca marca cuando hay que marcar, sin adornos, sin ruido, con la precisión de quien entiende que su zona de confort es el área rival.
Su rendimiento está siendo tan brillante como sostenido. Con el gol al Benfica alcanzó los cuatro tantos en la fase de liga de la Champions y se mantiene en la lucha por el liderato de la tabla de goleadoras, que encabezan Weir, Beerensteyn, Harder y Russo. Desde que recuperó la titularidad tras su lesión de rodilla —media hora contra el Dépor, otra media ante el Leuven y de nuevo en el once a partir del clásico—, ha marcado en todos los partidos. Como si jamás hubiera estado fuera. Como si la alarma que saltó en octubre hubiese sido solo un espejismo. El golpe fue duro, sí, pero su rápida recuperación resultó casi milagrosa: en cuanto volvió, lo hizo con la misma voracidad competitiva de siempre.
“Viéndola entrenar cada día, no me sorprende el nivel que tiene”, decía ayer Pere Romeu. “Es una auténtica bestia competitiva, una bestia física. Da la sensación de que podría estar muchos días seguidos jugando”. Y no exagera. Pajor juega como si el área fuera su territorio natural, un lugar donde todo adquiere sentido: anticipa, detecta el error ajeno, aparece puntual en el segundo palo, remata con frialdad quirúrgica. Y desde que aterrizó en Barcelona se ha dedicado a confirmar por qué la buscaban desde hacía tanto tiempo.
Pero más allá de los goles —56 en sus primeros 61 partidos, cifras de élite absoluta—, Pajor se ha ganado al club y al vestuario desde la profesionalidad. En el Barça destacan su ética de trabajo, su generosidad silenciosa, su capacidad para convivir con la exigencia sin perder la calma. Es introvertida, sí, pero muy querida. Lleva un año estudiando español y hasta algunas palabras en catalán para comunicarse mejor con el entrenador y las compañeras. Ese esfuerzo invisible explica también quién es: una futbolista que no vive de la inercia, sino de la responsabilidad.
Pajor siempre baja el foco hacia el equipo: “Yo marco tantos goles porque ellas me ayudan”, repite. Y quizá ahí reside su grandeza. El Barça genera un torrente incesante de ocasiones y necesitaba, desde hace años, una delantera capaz de convertirlo en gol, de poner el punto final a cada jugada. Pajor es esa futbolista. La que aparece cuando quema la pelota. La que decide partidos. La que ha devuelto al Barça la figura que llevaba tanto tiempo persiguiendo. Qué suerte tiene el Barça. Qué suerte tener a Pajor.
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