Por suerte el Barça no es como el Madrid

Por suerte el Barça no es como el Madrid

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

El mensaje de Joan Laporta a Javier Tebas | FCB

Cierto: el Madrid no necesita jugar bien para ganar y el Barça sí. Cierto: el Madrid no necesita tener ninguna ideología futbolística, y el Barça sí. Cierto: el Barça necesita tener el balón y al Madrid le da igual. Cierto: al Madrid ya le está bien tener siempre el mismo presidente y el Barça necesita pasar por las urnas. Cierto: en el Barça debatimos durante semanas acerca de las palancas y en el Madrid las decide Florentino en una tarde. Todo esto viene a cuento de la 14a Champions el Real Madrid y de su efecto en el Barça. Porque cualquier cosa importante que le ocurre a uno afecta al otro en sentido contrario.

Por eso es auto engañarse intentar negar que la decimocuarta Champions blanca ha sido una inevitable bofetada para el barcelonismo en general y para la nueva junta del Barça en particular: el primer efecto es que Joan Laporta ya no podrá decir, como en campaña electoral, que con él el Madrid no gana ninguna Champions. Sin embargo, hay quien confunde esta evidente cura de humildad con una renuncia a la identidad que ha formado el club a lo largo de su historia y, especialmente, en las últimas tres décadas.

Invariablemente, como una tradición también muy barcelonista, una parte del entorno reacciona a cada gran título madridista con una ansiedad esquizofrénica y un mimetismo patológico: si en el Madrid lo único que importa es ganar, dicen, entonces en el Barça deberíamos empezar a imitar su mentalidad. Si el Madrid ficha entrenadores solo para ganar, igual en el Barça deberíamos hacer lo mismo. Y así hasta el infinito. Para algunos, de repente el Madrid se convierte en el modelo a seguir, pero solo cuando gana.

Porque los resultadistas, en el Barça, son como los caracoles después de la lluvia: solo aparecen después de las derrotas propias o las victorias rivales. Habría que recordarles, aunque canse, que el Barça solo ha ganado en Europa y ha impuesto su hegemonía cuando ha sido fiel a sus ideas. Esto no quiere decir que el famoso modelo no pueda evolucionarse y hasta debatirse hasta donde haga falta, pero los que sueñan en tener un entorno estable, un entrenador paracaídas y un solo objetivo simplón de ganar y solo ganar, ya pueden esperar sentados un millón de años porque en el Barça esto es sencillamente imposible.

En el Madrid, el camino hacia la victoria es recto y simple. En el Barça es una compleja carretera de curvas, a cuál más peligrosa. Los dos son profundamente diferentes. Por suerte. Solo hace falta aceptarlo.

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