Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tuercebotas

Lo que va y lo que no va con el sueldo de Araujo

En un contexto de libertad de expresión mal entendida, el central del Barça ha sido objeto de insultos y vejaciones en redes sociales, donde el anonimato propicia la toxicidad

La entrada de Araujo sobre Cucurella que le costó la tarjeta roja

La entrada de Araujo sobre Cucurella que le costó la tarjeta roja / EFE

¿Qué se dijo de Ronald Araujo después de ser expulsado en el Chelsea-Barça al filo del descanso con 1-0 en el marcador para el equipo londinense? Que era el tercer error garrafal del central uruguayo en Champions (PSG, Inter de Milán y Chelsea); que no es fiable en partidos de máxima exigencia; que no entiende los fundamentos mínimos del oficio de central; que es un tipo con gran físico y escaso cerebro; que es intolerable que vista una sola vez más la camiseta del Barça; que es indigno de llevar el brazalete de capitán... y así hasta una larga retahíla de análisis estrictamente deportivos mezclados con faltas de respeto profesional, personal y, directamente, insultos.

¿Quién profirió estas críticas y descalificaciones sobre Ronald Araujo? Hubo periodistas que criticaron su rendimiento en sus crónicas y análisis; reporteros y otros profesionales, bajo la figura del tertuliano, lo analizaron y comentaron, de forma más o menos hiriente, en el barçaverso; tuiteros, esa especie, lo comentaron en las redes sociales, de X a Instagram. En cada capa del ecosistema la crítica se degradaba. El comentario deportivo se convertía en un desprecio, en argumentos denigrantes o directamente en insultos. Las redes sociales han tenido fuertes impactos en todos los ámbitos de la conversación pública; en la deportiva, es desolador, con unos niveles de toxicidad insoportables sostenidos por el anonimato.

Basta

Araujo ha dicho basta. Ha decidido parar hasta recuperarse del impacto en su salud mental que han tenido tanta crítica, insulto, desprecio y menosprecio. Lo está pasando mal, supongo que para regocijo de quienes le dijeron de tonto para abajo.

Algunos que entienden mal el corporativismo de la profesión periodística se han apresurado a afirmar que va en el sueldo (multimillonario) de los futbolistas profesionales soportar las críticas sin que deban cogerse la baja por problemas de salud mental. Sin duda, un deportista está sujeto a la crítica profesional, a la mala cuando falla y a la buena cuando, por ejemplo, marca un gol decisivo en el descuento con un desmarque y un escorzo digno del mejor nueve. Los aplausos y abucheos del antiguamente conocido como el respetable son gajes del oficio, en el estadio, el escenario y la pantalla.

Pero no los insultos. Ni las vejaciones. Ni los memes. Ni el menosprecio.

Libertad de expresión

En redes, bajo un malentendido ejercicio de libertad de expresión y un distorsionado concepto del derecho a la opinión, hay barra libre para la toxicidad. Amparados en el anonimato, miles de personas descargan lo peor que se les ocurre contra futbolistas, propios y ajenos. En nombre del espectáculo, periodistas y pseudoperiodistas contribuyen a la jauría amparados en conceptos muy serios e importantes como la libertad de prensa. Ji ji ji, ja ja ja, qué tronco es tal central, qué tuercebotas es tal delantero. Y hasta la próxima.

No, no va en el sueldo de Araujo soportar insultos, vejaciones y menosprecios, da igual cuántas expulsiones acumule en Champions. Que indignen más sus tarjetas rojas que aquellos que vierten odio desde cuentas anónimas dice mucho de estos tiempos que nos han tocado vivir. Y de nosotros.