Opinión
La solución para acabar con el caos del mercado

Fermín, el Jugador Estrella del Gamper / FC BARCELONA
Estamos a punto de cerrar la ventana de verano de compra, venta y cesiones de jugadores. Como cada año, la mayoría de operaciones se concentran en los últimos diez días.
En casi todas las ligas ya se han disputado dos jornadas; este fin de semana se jugará la tercera, e incluso la cuarta en algunos casos.
Muchos futbolistas todavía no tienen claro en qué equipo o liga jugarán la temporada 2025/2026. Algunos han completado la pretemporada con su club actual – Oriol Romeu –, han disputado amistosos – Héctor Fort – o apenas han tenido minutos en liga – Ceballos. Sin contar para el entrenador, aún no han definido su futuro y leen en la prensa especulaciones sobre su destino. Están más pendientes de las negociaciones de sus agentes que de entrenar y prepararse para afrontar la temporada.
Otros directamente están apartados de la plantilla. Isak (Newcastle), por ejemplo, entrena con el segundo equipo. El club no soporta la presión de mantener a jugadores que quieren salir hasta el último día de mercado.
Hay casos como el de Carlos Soler (PSG), que ya sabe que debe buscar otro club: no entra en las convocatorias y presencia los partidos desde la grada mientras sus compañeros compiten.
También encontramos futbolistas que no encajan con el nuevo entrenador. Mendy (R. Madrid), pese a haber sido importante la temporada anterior, no ha sido titular en amistosos ni en las primeras jornadas de liga. Esto le hace plantearse una salida para encontrar un club con más garantías de jugar y tener protagonismo.
La mayoría de los jugadores en esta situación acaban fichando a finales de agosto. Sienten alivio, pero afrontan un cambio importante en todos los sentidos: nuevos compañeros, entrenador, sistema de trabajo, ciudad, país, alimentación e incluso clima. La adaptación puede requerir hasta dos meses antes de rendir a buen nivel.
Todo esto genera inseguridad, estrés y priva al futbolista de una preparación adecuada. Por eso hay que replantear la duración de la ventana de verano de fichajes.
Actualmente no beneficia a nadie, especialmente al jugador, que es el protagonista y de quien depende que disfrutemos del fútbol.
Las ligas acaban en mayo. Durante la temporada los clubes ya han rastreado el mercado, visto partidos, analizado jugadores y entregado informes al director deportivo. Este, que conoce a la perfección la plantilla y junto al entrenador planifica el futuro, empieza a trabajar en las incorporaciones y bajas en cuanto termina la liga.
Las negociaciones, en general, arrancan en ese momento. Incluso antes ya hay contactos con agentes. Sin embargo, en muchos países se extienden hasta finales de agosto: tres meses completos.
¿Es necesario tanto tiempo para definir la plantilla?
Un jugador puede pasar casi 90 días viviendo en la incertidumbre sobre su futuro. ¿No es demasiado? Preguntamos a Fermín y Donnarumma:
- ¿Es mejor cambiar de equipo e incorporarse desde el primer día de la pretemporada? Claro que sí.
- ¿Es mejor para el club tener al jugador desde el inicio y trabajar tácticamente con él? Sin duda.
- ¿Es mejor para el entrenador empezar a conocerle y transmitirle lo que quiere desde el primer día? Clarísimo.
- ¿Es mejor para el club vendedor no tener a un jugador descontento en los entrenamientos? Evidente: el vestuario necesita futbolistas comprometidos.
- ¿Es mejor empezar la liga con la plantilla definida y que todos estén centrados en entrenamientos y partidos? Sí, sin duda.
Algunos países ya lo aplican. En Holanda, antes de iniciar la pretemporada intentan tener la plantilla cerrada, y en la Bundesliga también. La mayoría de equipos cumplen este objetivo.
En la Premier, la liga que más gasta cada año, casi todos los clubes – sobre todo los grandes – inician la competición con la plantilla formada. Los pocos fichajes de agosto suelen ser casos conflictivos.
En Francia la situación es distinta: los problemas con los derechos televisivos retrasan los fichajes, ya que los clubes no saben qué ingresos tendrán.
En España e Italia ocurre lo contrario: muchos refuerzos llegan cuando la liga ya ha comenzado. A veces, si los resultados iniciales son malos, los clubes cambian su planificación, incorporan más jugadores de los previstos o se desprenden de otros que en principio iban a quedarse. Esto transmite la sensación de que directivos y entrenadores no conocen del todo las capacidades de sus futbolistas, cuando en realidad han tenido toda la temporada para evaluarlos.
Hace poco, el presidente de la liga italiana, Ezio Maria Simonelli, y el director ejecutivo de la Premier League, Richard Masters, propusieron a los presidentes de las cinco grandes ligas europeas cerrar el mercado una semana antes del inicio de cada campeonato. Todos aceptaron, salvo el representante de la liga española. La propuesta no prosperó porque requiere unanimidad.
Yo iría más allá: por el bien de todos, la ventana de verano debería limitarse desde el final de mayo, cuando acaban las ligas, hasta el 15 de julio, cuando en general empiezan las pretemporadas. Casi dos meses de negociaciones serían suficientes.
Esto aportaría tranquilidad tanto a jugadores como a clubes. Además, permitiría a directores deportivos y agentes seguir de cerca la preparación de sus futbolistas con más atención y presencia.
Yo lo tengo muy claro.
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