Carles Tusquets, presidente de la Comisión Gestora

Al 'soci' no se le puede vender humo

OPINIÓN

Ivan San Antonio

@sanantheone

Cada vez que el Barça ganaba un título, ponía el sello al expediente y lo guardaba en un cajón. El club se acostumbró tanto a la victoria que todo sabía a poco. La última Liga de Valverde ni se celebró y cualquier cosa que no fuera el triplete era un fracaso. La opulencia con la que el entorno trataba el éxito era obscena y la actitud, prepotente. Hasta que la realidad nos bajó de la nube y el golpe tras la caída hizo daño. Mucho daño. Tanto que el Barça aún se recupera de las profundas heridas que provocó el impacto con el suelo.

Quienes ahora pelean por gestionar el club desde su presidencia, prometen a los socios el mejor proyecto, ese que devolverá a la entidad a lo más alto del podio. Todos ellos aseguran tener las mejores ideas y el capital humano que las llevará a cabo. Pero algo no cuadra porque, de la misma manera que la política real convierte a un idealista que quiere cambiar el mundo en otro títere del sistema cuando entra en él, Laporta, Font y Freixa no sabrán a qué se enfrentan hasta que no asuman el mando. Proponer es positivo y describir una hoja de ruta, imprescindible para entender hacia dónde quieren llevar el club, pero este no es un escenario normal porque nadie sabe qué sorpresas esperan tras abrir la puerta del Camp Nou. De hecho, el candidato que huya de promesas imposibles de cumplir y apueste por el realismo, tendrá mucho ganado. Volver a ganar, ser otra vez el mejor club del mundo, no depende tanto de gestionar, como ha ocurrido tantas veces, la riqueza, sino de ser capaz de construir desde la miseria, que es exactamente la situación en la que se encuentra el Barça. Los proyectos megalómanos son de otra época y al ‘soci’ ni se le puede engañar ni vender humo.

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