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El silencio del Eintracht

Mientras la UEFA deshoja la margarita de las sanciones, los alemanes siguen callados

Bengalas en la grada de aficionados del Eintracht

Bengalas en la grada de aficionados del Eintracht / Dani Barbeito

El Barça, esta vez sí, evitó una nueva invasión alemana en el Spotify Camp Nou. Revisó todos sus protocolos de venta, los modificó y gestionó las entradas como, de hecho, debería hacerse siempre, priorizando a la afición local. Ante el Eintracht, como pasó ante el Atlético, el estadio vivió una fiesta culé y el ambiente fue el de las grandes noches. Los precios invitaban al socio no abonado a comprar entradas y, una vez dentro, en parte por el recuerdo de 2022, se dejó el alma animando. Es el camino a seguir porque es la única forma de que el equipo de Flick sienta el aliento de los suyos. La economía no está para regalar nada, eso lo entiende todo el mundo, pero cuando el club lo pone fácil, el barcelonismo no falla.

Imagen de la afición del Eintracht con la policía en el Spotify Camp Nou

Imagen de la afición del Eintracht con la policía en el Spotify Camp Nou / Dani Barbeito

De hecho, el único borrón en la grada lo protagonizó, de nuevo, la afición germana, 2.300 seguidores del Eintracht que, cuando viajan hacia el sur de Europa, deben pensar que lo hacen al tercer mundo y que, en el tercer mundo, todo vale. Fueron muchos menos que hace tres años, pero con la misma actitud salvaje que entonces, destrozando todo aquello que podía ser destrozado, demostrando que ya no se trata de contener la avalancha, sino de cortarla de raíz.

El club, que ha elevado su queja a la UEFA pidiendo daños y perjuicios por el mal ocasionado, debería ir un paso más allá y prohibir en el futuro a los seguidores del Eintracht volver al Camp Nou. Sin importar que la UEFA, que obliga a ceder un cupo de entradas al rival, pueda castigar al Barça por ello, porque, de hecho, este organismo es tan culpable de lo que ocurrió como los propios aficionados alemanes. Si la UEFA es quien manda en el estadio cuando se juegan los torneos que organiza (la prueba es que la publicidad es la que imponen ellos), también debe velar por la seguridad de quienes solo quieren ver un espectáculo futbolístico.

No es normal que gentuza como la del Eintracht campe a sus anchas sin que quien manda en el fútbol europeo haga nada al respecto. Mirando hacia otro lado demuestran que solo les interesa el dinero y que para el resto se apañen los clubes. No es normal que la afición del Barça no pudiera viajar a Belgrado porque un par de cafres mostraran una pancarta que apestaba a nazi en Mónaco en el desplazamiento anterior, mientras los energúmenos llegados de Frankfurt la lían sin castigo. Como no es normal que castigara al Barça porque su afición mostrara ‘estelades’ mientras mira hacia otro lado con los violentos. Y lo más grave, sin embargo, a la espera de la respuesta contundente de la UEFA, que aseguran llegará, es que el Eintracht no ha mostrado su rechazo al comportamiento de sus seguidores ni se ha disculpado con el club blaugrana. Su silencio les hace cómplices.