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Siete Grand Slams con 22 años y a Alcaraz ni le importa

Carlos Alcaraz posando con el trofeo del Open de Australia

Carlos Alcaraz posando con el trofeo del Open de Australia / AP

Melbourne no solo vio una final histórica. Vio un cambio de época. Lo de Carlos Alcaraz ante Novak Djokovic fue exactamente eso: el momento en que el tenis, ese deporte que siempre necesita un heredero, dejó de buscar y se puso de pie para señalarlo. El español admitía en los días previos que cambiaba su primer 'grande' en tierras australianas por el resto. Tampoco le hizo falta.

Empezó con golpe frío, como empiezan las noches grandes: 2-6 y el guion clásico de Djokovic, el de siempre, un señor que ya había ganado 10 'grandes' en Melbourne. Pero entonces Carlos hizo lo que hacen los elegidos: ajustó el ritmo, se creyó todo y cambió la temperatura del estadio. 6-2, 6-3 y 7-5. Cuatro sets. Cuatro capítulos de una misma sentencia: el futuro no espera.

Djokovic luchó sin fortuna, sí, pero también porque volvió a tener enfrente un verdadero muro. El serbio tiró de colmillo, de experiencia, de la épica de quien ha ganado 24 Grand Slams (más que ningún otro tenista) y se ha acostumbrado a sobrevivir a cualquier "guerra". Esta vez, su "guerra" llevaba nombre y apellidos. Y piernas de 22 años.

Alcaraz conquistó su primer Open de Australia, su séptimo Grand Slam, y lo más grande: se convierte en el tenista más joven de la historia en completar los cuatro grandes. Eso no es un dato. Es un aviso. Qué manera de empezar 2026. Qué manera de anunciar que esto va en serio.

Melbourne enloqueció porque entendió lo evidente: Carlitos ya es la referencia del tenis mundial. Y hasta Nadal, con esa mirada de campeón que no regala elogios, acabó impresionado. Normal. Porque hay un detalle que retrata el fenómeno mejor que cualquier metáfora: Alcaraz necesita menos partidos que tipos como Nadal, Djokovic o Federer para ganar un Grand Slam. Su media es de 14 partidos. Asusta. Es la eficiencia de campeón con hambre de niño y cabeza de veterano.

Sí, todavía está lejos de los 24 de Djokovic, los 22 de Rafa, los 20 de Federer. Pero hoy no toca contar lo que falta. Hoy toca celebrar lo que ya es. Ya son siete. Y esto, amantes del tenis, solo acaba de empezar.