Opinión
Seamos guapos

Las batallas internas azulgranas siempre son bienvenidas en el entorno madridista de Florentino Pérez / Valentí Enrich / SPO
Qué bonito es ser del Barça. En serio. Enriquecedor. Porque no solo va de jugar al fútbol. No. Aquí hay que vivir y convivir con la geopolítica, derechos sobre la preservación de la intimidad, normativas y exenciones laborales, ingeniería financiera, análisis y evolución de obras, resistencia emocional y, por supuesto, meditación zen para aguantar los males que nosotros mismos, incorregibles, generamos y… ¡lo que se nos vendrá desde Madrid! ¿O alguien pensaba que—con un equipo a medio cocer y crecer y un entrenador que vivía en el banquillo como en el sofá de casa haciendo ver que no entendía nada, sabiéndolo todo— después de la maravillosa temporada pasada que tuvieron que aguantar, los que manejan los hilos permitirán fácilmente otra igual o parecida? ¡Ilusos! No duden que los mismos que controlan la noble casta de árbitros, comités, medios de comunicación y oscuros pasillos de federaciones y ligas profesionales, ya están preparando el presente con el mismo celo con que Florentino plancha su capa de emperador antes de la batalla. No se trata de fútbol. Se trata de orden. El suyo.
Y no, no esperen apoyo ni complicidad europea. En la UEFA, si no eres club estado y repartes caramelos, eres sospechoso de ser autosuficiente, referente, independiente y, ser, si me lo permiten y no nos lo cargamos (que ya no lo veo reflejado ni en la maqueta, ni en la segunda gradería lateral del nuevo estadio, y eso me preocupa…) “Més que un Club”.
Pero no todo será culpa de los “malos”. También sabemos cómo dispararnos al pie. Con escopeta de feria y sonrisa de autodestrucción. Porque si hay algo más peligroso que un defensa del Getafe de Bordalás, es la manía culé de dividirnos por chorradas. Que si el capitán habla mucho, que si el presidente habla poco, que si los turnos de la obra, que si el tweet que se escribe y que se borra, que si aquel no saluda… ¡Por Dios! ¿Tan difícil es entender que o vamos juntos o nos hundirán?
Los catalanes ya deberíamos haber aprendido la lección. Unidos, no solo asustamos… ¡Arrasamos! Pero cuando nos dividimos discutiendo por nimiedades impropias, hacemos el ridículo en tres idiomas. Pues lo mismo pasa con el Barça. O dejamos de generar pollos, que desde 600 kms, utilizarán de ingrediente para cocinar informativos, debates y portadas, y aprendemos a aceptar y potenciar nuestras lógicas diferencias como un tesoro, o, divididos, nos engullirán.
Llega una nueva guerra deportiva, institucional y mediática, y no habrá VAR que nos proteja. En la división vence la vileza, en la unidad, la belleza. Seamos guapos…
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