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Scouting para enero

Deco: "No es momento de hablar de fichajes. Ahora hay que recuperar a los lesionados"

Deco atendió a los medios de comunicación en el acto de 'El Partido Solidario de las Estrellas' / David Bernabeu

Más allá de jugadores, entrenadores, directores deportivos, secretarios técnicos o preparadores físicos, dentro de la estructura de un club de fútbol profesional existe un departamento clave que sostiene gran parte de la planificación deportiva: el scouting. Liderado por su director o chef scout, es el área encargada de controlar el mercado, realizar el seguimiento, análisis, detección, descubrimiento y valoración de futbolistas, además de catalogarlos de cara al presente y al futuro del club. Se trata, probablemente, del departamento que más horas dedica al trabajo diario, ya que su actividad no se limita a la oficina, donde se elaboran informes y vídeos de jugadores observados o por observar, sino que se apoya en una red constante de información procedente de contactos propios, scouts de otros equipos, prensa deportiva, internet, agentes e incluso del propio entrenador.

El trabajo de campo es permanente. Los scouts asisten cada fin de semana a partidos en directo tanto a nivel nacional como internacional e intercontinental, y durante la semana están presentes en competiciones europeas como la Champions League, la Europa League o la Conference League. También aprovechan las pausas de las ligas para seguir a las selecciones absolutas y de categorías inferiores, ya que es imprescindible valorar a los futbolistas en contexto internacional. En verano, los campeonatos de Europa sub17, sub19 y sub21 se convierten en puntos de observación obligatoria, al igual que los torneos sudamericanos sub17, sub20 y sub23, donde coinciden scouts de la mayoría de clubes de las cinco grandes ligas europeas. Lo mismo sucede en la Copa África, en los torneos africanos de base o en competiciones de selecciones asiáticas, con técnicos y ojeadores tomando nota de jugadores que consideran determinantes.

La preparación del mercado de enero supone una exigencia aún mayor. Es una ventana en la que suelen aparecer más conflictos de criterio entre entrenadores y directores deportivos, ya que se confrontan dos necesidades distintas: solucionar un problema inmediato o apostar por un fichaje a largo plazo. En enero, la urgencia suele encarecer el valor de los futbolistas, especialmente si no finalizan contrato en verano, lo que complica las negociaciones. El entrenador acostumbra a pedir refuerzos, mientras que el director deportivo no siempre comparte esa visión, en muchos casos para defender la planificación realizada en la ventana estival. En otras ocasiones, aunque son menos frecuentes, es el director quien considera necesario reforzar una posición y el entrenador se resiste por confianza en el grupo y por temor a que la llegada de un jugador con un ego elevado rompa una buena dinámica.

El consenso suele ser total cuando aparece una lesión de larga duración de un futbolista importante y el filial no dispone de un relevo con garantías. En ese escenario, la prioridad es incorporar un jugador en activo, con ritmo de competición, y no un suplente con pocos minutos. Todo ello debe contextualizarse según los objetivos del club, ya sea luchar por títulos o por una clasificación europea, ya que no todos los futbolistas sirven para ambos escenarios.

El mercado invernal es más complejo que el de verano porque obliga a preparar en apenas cuatro meses al menos una opción por posición, tanto a nivel nacional como internacional, con posibilidades reales de llegar al club. Cada scout debe seguir de manera exhaustiva las ligas asignadas, a sus equipos en competición doméstica y europea, y a las selecciones correspondientes. Los futbolistas que destacan en sus clubes deben ser observados también con sus selecciones, aprovechando las pausas internacionales. En el caso del Barça, la exigencia es máxima, ya que los jugadores deben ser evaluados en partidos de alta presión, tanto en grandes escenarios de liga como en competiciones europeas y duelos internacionales ante selecciones de primer nivel, para medir su rendimiento mental y su capacidad de gestión de la presión.

Detectar la explosión de jóvenes talentos en segundas divisiones europeas es otro aspecto clave, ya que facilita operaciones a menor coste. Un ejemplo es el de Van de Ven, actual central del Tottenham y de la selección neerlandesa, que jugaba en el Volendam y podía haber sido incorporado por una cifra muy inferior a la que hoy marca su valor de mercado. Para no perder tiempo, es fundamental intuir qué jugadores pueden salir en enero y descartar perfiles sin opciones reales de movimiento, aunque siempre atentos a cambios derivados del rendimiento.

El análisis deportivo no es suficiente sin información sobre la vida privada, el entorno y, especialmente, la capacidad mental del jugador para afrontar un cambio brusco y competir de inmediato. Por ello, siempre que es posible, se observa al futbolista entrenando durante la semana para valorar su profesionalidad y actitud, y se intenta un contacto personal para conocer su ambición, carácter y comprensión del sistema de juego del equipo. También es clave saber en qué condiciones puede llegar, ya sea traspaso, cesión con o sin opción de compra u obligación, un aspecto donde la habilidad negociadora del director deportivo resulta determinante.

La polivalencia, la continuidad en el rendimiento y la capacidad de competir muchos partidos a alto nivel son requisitos imprescindibles, especialmente en un club como el Barça. Una vez completado el análisis, se elaboran vídeos detallados y informes que se presentan en reuniones entre la secretaría técnica y el entrenador, donde se toma la decisión final teniendo en cuenta el contexto deportivo y económico. Aun así, incluso con un trabajo exhaustivo, el fichaje de enero siempre conlleva una incógnita: el tiempo de adaptación del jugador, un proceso en el que resultan clave el apoyo del vestuario y la gestión del entrenador en términos de minutos, confianza y paciencia.

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