La salida de Piqué

Xavi y Piqué, durante un partido
Xavi y Piqué, durante un partido | EFE

Dudaba sobre qué escribir esta semana. ¿De la posible y errónea venta de Frenkie de Jong al Manchester United? ¿Acaso de la tardía y merecida renovación de Gavi? ¿Quizás de la venta de derechos que se aprueban hoy y que liberarán algo al club para acometer fichajes? No. El motivo de la semana lo pone el caso Piqué y lo demuestran los miles de comentarios en las redes sociales y las decenas y decenas de artículos que se escriben estos días y los minutos y programas de debates en radios y televisiones.

Estamos todos de acuerdo que Gerard Piqué no nos deja indiferentes. Cada uno tiene una opinión, y pulso en las encuestas que mayoritariamente la gente cree que el ciclo del central de la Bonanova ha terminado en el Barcelona. Y puede que sea así. Ya tiene 35 años y el nivel de exigencia física en el fútbol es tremendo.

Si Piqué empieza la temporada con el Barcelona, como parece, estará más en el punto de mira de todos que lo haya estado antes, y ya es decir. Los aficionados que no quieren que siga buscarán en él un mínimo error para criticarle. Su entrenador ya le ha advertido que le quiere al cien por cien y que le apretará al máximo para que esté centrado en el juego y le enfrentará a una competencia que exigirá su mejor versión como él dice para ser titular y no carne de banquillo.

Porque si algo tengo claro es que Piqué será o sería un mal suplente, un reserva complicado. Las cámaras buscarían el morbo de ver al afamado futbolista sentado junto al entrenador mientras sus compañeros juegan un partido importante de la temporada. La directiva que le paga uno de los sueldos más altos de la entidad, le exigirá ese liderazgo y rendimiento que le corresponde. Tendrá que aguantar una enorme presión aunque parece que sabe convivir con ella. Debemos dejarnos de debates sobre si debe o no seguir. La pelota está en el tejado de Piqué. Y él ya ha decidido.

Tiene contrato en vigor por dos temporadas y ya ha dejado claro a su entrenador que, por lo menos, el año que viene su voluntad es la de cumplir la temporada, y luego se verá. Y claro, está el tema económico, con dos años firmados y una suculenta prima de final de contrato, y tras diferir salarios y cobros, como para dejar de ganarlo. No voy a hacer aquí de abogado o de fiscal de nadie. Piqué se sabe defender muy bien y los aficionados tienen todo el derecho del mundo a entender que su ciclo en el Barcelona terminó.

Si quiere probarse, adelante, es él quien tiene más que perder. La crítica puede ser feroz, el recuerdo de un mal año puede dañarle la imagen, pero es un tipo altamente competitivo. La partida ya ha empezado, ya hemos visto vídeos del jugador machacándose en el gimnasio en días de vacaciones. El desafío está ahí, el órdago está lanzado. Veremos quién tenía razón.