Opinión

Redactora de la sección Barça
Que no nos roben también el relato

Los jugadores del FC Barcelona Ronald Araújo (i), Dani Olmo (c) y Lamine Yamal (d) al finalizar el partido de vuelta de cuartos de final de Liga de Campeones contra el Atlético de Madrid. EFE/Juanjo Martín / Juanjo Martín / EFE
La eliminación de la Champions a manos del Atlético es de las que más duelen de los últimos años. Porque el Barça volvió a morir en la orilla, sí, pero esta vez sin regalar nada. Lo hizo todo para ganar. Absolutamente todo. Y aun así, no fue suficiente.
El Barça compitió de principio a fin. Fue mejor en el Camp Nou, incluso con diez, y volvió a ser superior en el Metropolitano. Dominó, generó, empujó. Pero en la Champions, a veces, no basta con ser mejor. Hace falta acierto, hace falta que los detalles no te castiguen siempre… y hace falta que las decisiones no caigan sistemáticamente del mismo lado.
Porque sí, el Barça perdonó. Y también concedió más de lo que debía en momentos puntuales. Pero eso no es incompatible con decir que el arbitraje condicionó la eliminatoria. Cada gran decisión, en la ida y en la vuelta, fue en contra del Barça. Todas. Los grises, negros. Siempre. Y los blancos, también cruz: la expulsión perdonada a Koke, el penalti de Pubill, el de Olmo. Demasiadas cosas.
Y luego está el relato. Las burlas en redes a un equipo de chavales que no han hecho daño a nadie retratan más a quien las hace que a quien las recibe. Está en la línea de lo que representa el equipo del Cholo. Como lo de Musso, tan buen portero como mal deportista. Rompe la cara a Fermín y, lejos de pedir perdón, se burla de ello. Innecesario. Evitable. Y revelador.

La patada de Musso a Fermín / Valentí Enrich
Aquel parón, precisamente, lo cambió todo. Era el 0-3. El Barça tenía la eliminatoria donde quería. Se rompió el ritmo y el partido entró en el terreno que más le convenía al Atlético: el del antifútbol. Porque sí, ganó el antifútbol. Pero que no nos roben también el relato: no fue solo eso.
Este Barça tiene algo especial. Tiene al mejor jugador del mundo con 18 años. Tiene un entrenador que ha devuelto el sentido al equipo. Tiene un grupo de jugadores de casa que sienten el escudo como pocos, que van a Canaletes, que cantan el 'Perico dime lo que se siente', que conectan con la gente. Hay una comunión real entre equipo y afición.
Habrá que ajustar cosas, claro. Mejorar, también. Pero el camino está. Como dijo Eric Garcia, “ho tornarem a intentar les vegades que faci falta per tornar-la a guanyar, aquesta generació de futbolistes volem portar-la a Barcelona ”. Y así será.
Porque si algo dejó claro esta eliminatoria es que hay camino. Y que el proyecto gira alrededor de Lamine. Capitán cuando tocaba hablar, líder cuando tocaba jugar, ejemplo cuando tocaba perder. Ganará Champions. Muchas.
Y mientras tanto, toca cerrar la Liga. Celebrarla como merece. Que la diferencia de puntos ahora no nos haga olvidar lo que cuesta ganarla
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