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Respiren -y brinden- tranquilos

El entrenador del Real Madrid Xabi Alonso

El entrenador del Real Madrid Xabi Alonso / EFE

“Tranquilos”. Con este plural se despedía Xabi Alonso en su última rueda de prensa. Descriptivo. Es justo lo que le falta a un club, a un equipo y a una afición que ve cómo se desmorona el penúltimo invento de Florentino Pérez en el que ya no cree ni él.

El presidente ha decidido mantener activa una calma tensa para tener las fiestas en paz y dejar que corra el aire antes de una Supercopa que prevé complicada. Todos saben que, si allí pintan bastos, el técnico tolosarra será despedido. Del mismo modo que han sabido, partido a partido desde hace semanas, que el plan es echarle. Increíble. Así no se sostiene nada, ni un proyecto de club ni una línea argumental que debería existir y ni está ni se la espera.

En paralelo, las horas de Vinicius en el Real Madrid parecen estar contadas. Cuando en los medios de la capital arrugan el ceño y pasan palabra sobre el tema, ya saben lo que significa. El brasileño puede ser la víctima perfecta. Mucho más que Xabi Alonso, que hoy está y mañana, no.

Los números del jugador son nefastos: 61 partidos y solo 13 goles. Y el puesto número 16 en la lucha por el Balón de Oro. De su renovación, nadie sabe ni contesta mientras la afición le pita y los chavales del F.C. La Bañeza, afortunados con el Gordo de la lotería, le abren las puertas del club por si quiere cambiar de aires.

“Tranquilos”. Más que allí lo están aquí. Mientras Xabi Alonso es incapaz de plantear soluciones, Flick es un maestro en eso. Esta es la clave de este Barça que brindará esta noche por unas fiestas relajadas y ganadas a pulso. Un entrenador resistente que sigue encontrando soluciones a cada desgracia que suma.

Le gustaría ser fiel a un mejor juego, pero las circunstancias le han empujado a ser solvente y punto. Sobreponerse sin quejarse ha sido el mantra. Y cuando levanta la voz es para reivindicar a uno de los suyos, Raphinha, al que los premios le han dejado injustamente de lado. Cuando toca -recuerden el famoso día de los egos- manda un mensaje. Y al que le pique, que se rasque. A sus 60 años y con todo lo ganado, lo perdido y lo vivido, no está dispuesto a traicionarse.

Una situación muy distinta a la de Xabi Alonso, para el que fichar por el Real Madrid suponía el salto a lo más alto. Joven y, a priori, suficientemente preparado para aterrizar en semejante trasatlántico está a punto de ahogarse. No ha sabido llegar a una plantilla que con él dice sentirse perdida y que no sabe leer su libreta. En la cúpula, le señalaron tras el numerito de Vinicius al ser sustituido en el clásico. Desde entonces es transparente. El brasileño le obvia en sus disculpas posteriores y Florentino Pérez le ‘olvida’ en el brindis navideño.

“Tranquilos”. Lo está el barcelonismo cuando mira hacia la portería y ve a un Joan Garcia que transmite tanta seguridad. Corrector de errores de su defensa y transmisor de calma, su calidad incuestionable le avala ante cualquier rival. Cuando el veterano Courtois sigue siendo el salvador de los suyos, vemos que el titular del futuro más inmediato es el catalán. Otra razón más para disfrutar de estas fiestas e irnos a dormir un poco más tranquilos. Que falta nos hace.