Bernal.

Las redes sociales, amor y odio

OPINIÓN

Alex Corretja

@AlexCorretja74

Todos vivimos enganchados a ellas. Ya nadie se acuerda de que hace un par de décadas no existían y, seguramente, había mucha menos crispación de la que existe en la actualidad.

¿Os acordáis la semana pasada cuando os hablé de nuestro famoso ‘pico’ con Albert Costa cuando ganamos la medalla de bronce en Sídney 2000? Hoy en día, seguramente, esa imagen se hubiese vuelto “viral”, pero en aquella época con diez horas de cambio de horario, y en la otra parte del mundo, casi nadie se enteró de aquel éxito deportivo más allá de la anécdota personal. Es indudable que las redes sociales han cambiado la forma de relacionarnos y ver el mundo en nuestros días.

20 años atrás cuando nosotros éramos profesionales no existía nada de todo esto. Para conocer los resultados de los torneos de tenis recuerdo comprarme el diario (Sport por supuesto ;)) cada mañana antes de empezar los entrenamientos para seguir de cerca quién ganaba y quién perdía y, de esa manera, controlar a todos mis rivales y así saber cómo saldría yo en el ranking el próximo lunes. No existían las aplicaciones móviles que te permiten saberlo al instante. Hoy todo ha cambiado drásticamente. Los ‘selfies’ han sustituido a los clásicos autógrafos en cualquier trozo de papel. La tecnología nos permite movernos a una velocidad de vértigo, para lo bueno y para lo malo. Te da la posibilidad de conocer mucho mejor a la gente en general y te enteras de las cosas en cuestión de segundos, pero también ha hecho que los deportistas, por ejemplo, sean mucho más conocidos incluso llegando a confundirlos en algunas ocasiones. A veces se pueden llegar a creer más buenos de lo que son por el simple hecho de tener cientos de miles de seguidores, extrapolable también a otros ámbitos de la vida.

Pero también existe un riesgo descomunal a nivel público, se contrastan poco las noticias y da la sensación que es un “vale todo”. Cualquiera puede escribir algo o subir una foto o vídeo de alguien sin su consentimiento. “Más vale pedir disculpas que pedir permiso”, escuché hace poco en un programa. Intromisiones en la vida privada que los personajes públicos sufren a diario. Pero, sin embargo, las redes también pueden ser geniales, yo en mi caso particular reconozco que soy un afortunado, mantengo una excelente conexión con mis seguidores, tanto en Instagram como en Twitter. Nos conecta con gente de todo el planeta a la velocidad de la luz. Me parece alucinante, lo mismo que poder seguir las fotos de nuestros amigos, conocidos, y también como no, de nuestros ídolos en su Instagram o mucha gente en Twitter de la que aprendes por sus reflexiones y sus mensajes, más allá de algunos “haters” amargados. 

Esto seguramente antes también existía, pero no llegaba a esta magnitud porque no se había desarrollado este fenómeno social. Ahora fomentar el odio es demasiado sencillo. En el ámbito deportivo muchos creen poseer carnets de entrenadores desde el sofá de su casa viéndolo con la perspectiva que te da el anonimato. Por una parte me hubiese encantado tener redes cuando yo era jugador pero, a veces, me alegro infinitamente que el beso olímpico se haya quedado como una anécdota explicada por uno de sus dos protagonistas, 20 años más tarde. 

LOS MEDIOS TAMBIÉN BUSCAN NUEVAS FÓRMULAS

Este confinamiento puede cambiar la forma de comunicarse en un futuro y provocar la irrupción de nuevas formas de trabajar en los medios. En mi caso todas las entrevistas que hago son online. Todos se están adaptando a esta situación inédita y pidiéndote muy poco, ellos ya pueden sacar mucho.

Las televisiones, radios e incluso la prensa, buscan entretener con lo que tienen. Es un gran desafío para todos y debemos estar preparados. Hablando de adaptarse, este domingo en Teledeporte pasarán el mayor éxito de mi carrera: la final del Masters de 1998 frente a mi amigo Carles Moyá.

WIMBLEDON 2020, CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Cada vez que se cancela un Grand Slam, como sucedió esta semana con el de Wimbledon, te das cuenta que las posibilidades de que regrese la competición a los circuitos profesionales este año son más bien escasas. Lo primero es la salud y seguridad de deportistas, aficionados y organizadores. No habrá torneos hasta el 13 de julio como mínimo y el US Open ya mira de reojo porque podría ser el siguiente gran torneo que se cae de la lista.

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