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Opinión

Hugo Scoccia

Hugo Scoccia

Escritor.

El Real Madrid y la historia de otro 'Nadaplete'

El centrocampista del Real Madrid Thiago Pitarch (i) es felicitado por el entrenador Álvaro Arbeloa al ser sustituido, durante el partido de la jornada 29 de LaLiga

El centrocampista del Real Madrid Thiago Pitarch (i) es felicitado por el entrenador Álvaro Arbeloa al ser sustituido, durante el partido de la jornada 29 de LaLiga / Juanjo Martín / EFE

Muchos sentimos un gran escalofrío cuando vimos que, el fichaje Mbappé, finalmente se materializó. Solo unos pocos –entre ellos el presidente Laporta– tuvieron la capacidad premonitoria para saber que corral con varios gallos suele acabar mal. En el grupo de los primos, en el que un servidor estaba, sufrimos al pensar equivocadamente que, mientras el Barça seguía inmerso en una crisis profunda provocada justamente por varios fichajes del pasado de gallos que acabaron siendo rana, el Real Madrid se reforzaba con uno de los mejores del mundo.

Pero la historia nos demuestra que el fútbol es mucho más que el talento individual. Y ahí es donde aparece de nuevo la salvación que hace del club blaugrana más que un club; esa filosofía de ver el fútbol como algo más grande que una estrella en concreto, el rechazo a lo galáctico y el abrazo a la formación prematura de los chavales que nacen y crecen en casa. Esto, junto a un entrenador que entiende a la perfección esta filosofía, es la fórmula que vence a cualquier millonada.

Camavinga tiene difícil seguir en el Real Madrid

Camavinga tiene difícil seguir en el Real Madrid / EFE

Con un equipo repleto de canteranos adolescentes se ha logrado ganar dos Ligas seguidas, dos Supercopas de España y una Copa del Rey; tres finales pisoteando a los del fichaje estelar. Es que el Madrid no juega a nada. Y no nos equivoquemos, no es una problemática del presente; a pesar de esas Champions tan deseadas por los Culés, el equipo blanco no ha jugado bien de manera constante en los últimos veinte años. Más allá de los instantes de iluminación puntual, de coraje y espíritu en algunos partidos europeos, hay poca cosa o nada. Viendo la incapacidad de las últimas décadas de ganar dos Ligas seguidas, se entiende todo. El problema es que, ahora, ni siquiera aparece ese espíritu.

La imagen del Real Madrid está en uno de sus momentos más bajos, y dejando de lado la gestión y pufo de su estadio, el mundo entero, en artículos y columnas de países distintos, se ríen, denuncian o apuntan su mal juego y su mal perder aun saliendo siempre –misteriosamente– beneficiados en esas decisiones arbitrales “grises”. Esta temporada, una vez más y tras la millonada invertida, el Madrid acabará bañado en un charco de fracaso. Y, otra temporada más, ese charco viene del victimismo y el lloro que solo ellos se creen y compran. Es la historia de ladrón que llora al ver que dentro el baúl robado solo hay monedas de chocolate. Un año más, un nadaplete más.