Opinión | Tuercebotas

Periodista y escritor
Real Madrid: cosas que pasan cuando los resultados abandonan al resultadista
El vestuario blanco sufre una profunda división interna, alimentada por filtraciones a la prensa y tensiones entre jugadores por el rendimiento deportivo

Archivo - Aurelien Tchouameni - Federico Valverde, Real Madrid CF / Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press - Archivo
El síntoma más evidente de la gravedad de la situación del vestuario del Real Madrid es el hecho de que se sepa. Describiendo al detalle diálogos, acciones y gestos, las informaciones de la prensa deportiva indican que la causa de la pelea entre Aurélien Tchouaméni y Federico Valverde fue las filtraciones a los periodistas. Fuentes del vestuario han declarado al 'As' que lo sucedido entre los dos jugadores es “gravísimo, pero también otras cosas que no se saben”. La imaginación vuela. Ese vestuario está tan partido que incluso llega a las manos. Solo cabe imaginar lo que piensa cada uno en el césped cuando toca correr un poco más para hacer una cobertura defensiva o cuando alguien se desmarca y su ¿compañero? no le pasa el balón, y chuta a las nubes.
Hay una corriente de opinión sorprendentemente nutrida y ruidosa que culpa de la degradación de la relación del vestuario a Kylian Mbappé. A pesar de su indiscutible capacidad goleadora, sus detractores echan unas cuentas muy simples: el PSG era el mayor ‘loser’ de Europa con Mbappé en sus filas y sin él es un equipo de leyenda que aspira a su segunda Champions consecutiva, hazaña hasta ahora solo al alcance del Madrid en la era moderna del torneo; el Madrid que ficha a Mbappé venía de ganar una Champions y, con él, dos años de nadaplete; su capacidad goleadora está fuera de toda duda, pero su compromiso, su capacidad de liderazgo y su presencia en los partidos decisivos ya son más discutibles. Y, claro, lo de Ester Expósito y las fotos de vacaciones no ayuda.
El salseo
Hay más ingredientes en el puchero del cotilleo: los celos de los divos, el siempre fastidioso ejercicio de comparar fichas y rendimiento en el campo, el trato (o maltrato) de y con la prensa, las filias y fobias de la hinchada, espontáneas e inducidas... Todo ello es un fenomenal material de salseo y, hasta que el club empiece a desviar la atención según el viejo libro de estilo (nuevo entrenador, fichajes y el espectro de Negreira), va a ser la comidilla de la conversación futbolística.
Pero el problema deportivo del Madrid (el institucional es otra conversación) es, en esencia, futbolístico. El ADN del club, como la propaganda repite machaconamente, es ganar, ganar y después ganar. Da igual cómo, aunque hay un patrón claro que se repite: el péndulo del poder deportivo (el otro está en manos del Ser Superior) tiende más hacia los jugadores que hacia los entrenadores. De ahí el éxito de los denominados gestores (Carlo Ancelotti, Zinedine Zidane, Vicente del Bosque). Puede argumentarse que, Champions League en mano, no le ha ido mal. Es una forma de medir el éxito. Otra es Ligas y en el mano a mano con el Barça en España. Y una tercera forma de valorarlo es en el impacto en la conversación futbolística, que es diferente que la conversación sobre el palmarés, como bien se sabe en el mundo del fútbol desde los mundiales de 1974 y 1978.
Un portero superlativo, bloque bajo, un contraataque voraz y un goleador de primer orden es el auténtico ADN futbolístico del Real Madrid en los últimos años. Sus remontadas increíbles, los 90 minuti molto longo del Bernabéu y su asombroso idilio con la Champions son su aportación al imaginario colectivo. ¿Fútbol? Ese es otro asunto que solo se echa de menos cuando los resultados no acompañan. Como ahora.
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