Opinión
Para quitarse el sombrero

El Barça celebró en París la primera plaza en la Champions / FCB
Durante todo el verano se repitió la misma advertencia: ojo con el Barça en la Champions. Ojo, pero no por miedo, sino por duda. Que si la plantilla era más corta, que si las salidas, que si las lesiones, que si ya no era lo mismo. El equipo escuchó, tomó nota y respondió donde siempre lo hace: en el campo. "Queríamos callar bocas", dijo Cata a SPORT en París.
El Barça cerró el año europeo como líder de la fase de liga en el estreno del nuevo formato de la Champions. No es un simple primer puesto. Es el acceso directo a los cuartos de final, la ventaja de decidir en casa (incluso en el Spotify Camp Nou) y la tranquilidad de no cruzarse con el OL Lyonnes hasta una hipotética final. En una competición cada vez más exigente y desigual, el Barça no solo ha sobrevivido: ha mandado.
El contexto importa. El verano estuvo marcado por salidas obligadas, alguna inesperada y una realidad económica que impedía grandes movimientos. Más allá del fichaje de Laia Aleixandri —y qué fichaje—, el objetivo realista era acabar entre los cuatro primeros para asegurar el billete directo a cuartos. Y ni mucho menos era sencillo. Equipos con presupuestos muy superiores como el Lyon, el Chelsea o el Arsenal partían como favoritos y, a diferencia del Barça, sí estaban obligados a responder por inversión.
Durante meses, el discurso fue recurrente: que el Barça sufriría en Europa, que la plantilla se había debilitado, que cualquier lesión podía ser definitiva, que el club ya no apostaba igual por ellas. El equipo respondió con fútbol. Goleadas al Bayern, a la Roma, al Leuven, al Benfica y al París. Y un empate de enorme mérito en Stamford Bridge ante un Chelsea capaz de presentar dos onces de gala justo cuando el Barça llegaba más castigado por el calendario y las bajas.
Los números acompañan: 16 puntos de 18 posibles, cinco victorias y un empate, 20 goles a favor, solo tres en contra (mismos datos que el Chelsea), dominio absoluto de la posesión y una precisión de pase del 89%. El mejor equipo de Europa en esta fase. Pero no es solo el qué. Es el cómo.
Este Barça juega mejor y compite mejor. Ha aprendido a sufrir, a convivir con la frustración ante bloques bajos y a no perder la identidad cuando el balón no entra, porque también forma parte del camino asumir que habrá días en los que nada sale o partidos en los que el plan no funciona. Y aun así, el equipo se mantiene. Lo ha hecho con una mezcla de veteranía y juventud difícil de igualar. No hay ningún equipo en el mundo que, ante ausencias tan pesadas como las de Patri, Aitana, Ona Batlle, Salma, o Kika y Pajor por momentos, sea capaz de sostener el nivel y, al mismo tiempo, sacar de la manga a futbolistas de 17 y 18 años como Serrajordi, Aïcha, Sydney o Carla Julià para rendir en escenarios de máxima exigencia. Y todo ello mientras Vicky, con solo 19 años, se consolida como una de las grandes estrellas, brillante, con impacto, personalidad y rendimiento de jugadora grande. El mérito de Pere Romeu, y de las jugadoras, claro, es enorme.
Las notas se ponen al final del curso. Pero hoy, con esta primera fase cerrada y más dura que nunca, toca detenerse y reconocerlo. Lo que ha hecho este grupo y su staff es extraordinario. Y sí, es un día para estar muy orgullosos de este equipo. Es para sacarse el sombrero
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