Quieren suicidar al fútbol

OPINIÓN

Emilio Pérez de Rozas

Luego se preguntan por qué tanta gente se pregunta lo mismo. Luego se cuestionan por qué tanta gente, sí, cierto, locos forofos del fútbol, siempre piensan que esto tiene truco. Luego crean debates de por qué todo el mundo los señala como los grandes beneficiados de las ayudas arbitrales. Luego piensas por qué el Real Madrid ha ganado tanto.

Y, sí, ha ganado mucho (y más que ganará) porque es un gran club, con una gran organización brutal, ejemplar, con una historia a sus espaldas tremendas, que tiene grandísimos jugadores, muy buenos técnicos, una gran afición detrás, ahora el estadio más guay (aunque igual les cuesta 150 millones de euros más porque ha aparecido el llamado ‘túnel de la risa’ del Metro) y, también sí, también porque al miedo escénico, a lo mucho que impresiona (a rivales y árbitros) esa camiseta, esa historia y ese escudo, de vez en cuando, más a menudo que a los demás, les echan una (o dos) manos por partido, por semana, por mes, por competición.

Si tú ves el Atalanta-Real Madrid, puedes llegar a entender esa vieja teoría, cierta, muy cierta, de que es mucho más fácil ganar la Champions que la Liga española, la Premier o el campeonato italiano. Son menos partidos, por supuesto, y, además, el azar, la suerte, los sorteos y, por supuesto, los arbitrajes influyen muchísimo más que en torneo doméstico. El Real Madrid cuenta, muy a menudo, con buena parte de esos factores a favor. Lo de la expulsión, en Bérgamo, de Remo Freuler, cuando era a lo sumo amarilla y cuando Mendy se iba al córner, es de escándalo. Del mismo modo que es de escándalo que el Real Madrid apele ahora para que le quiten la amarilla a Casemiro, que no podrá jugar la vuelta en Madrid, cuando ese piscinazo descarado en busca de un penalti era de roja directa por simular, máxime después de la cartulina que vio Freuler.

Por eso digo que, luego, se preguntan en la capital por qué la gente duda tanto de algunos, no de todos, los triunfos del Real Madrid. Como muy bien explicó GianPiero Gasperini, el revolucionario y ofensivo técnico del moderno y vistoso Atalanta, “los choques son parte del juego del fútbol, los quieren sacar y, si siguen así, va a ser un suicidio para el fútbol. No podemos tener árbitros que nunca jugaron y que no saben darse cuenta de lo que pasa. Lo que ocurrió esta noche es increíble. Si no lo entendieron, que cambien de trabajo. Tienen también las imágenes del VAR, lo tienen todo para no equivocarse. Esto no es la ciencia de los misiles, eh. No hace falta ser ingeniero de la NASA para entender esto. De todos modos, estamos satisfechos. Vamos a Madrid a jugar nuestro partido”. Y quien se partió de risa (y nunca mejor dicho) por la roja al jugador del Atalanta fue Fabio Capello, extécnico del Real Madrid, que denunció, bueno, en broma, pero poniendo el dedo en la llaga, la sonrisita de complicidad, nada oculta, de Zinedine Zidane, un segundo después de que expulsaran a Freuler. Bueno, Capello debió vivir muchas de esas acciones, en vivo y en directo, en el banquillo blanco y, por tanto, sabe de lo que habla.

“El árbitro ha estropeado el partido porque no era el último hombre y, además, (Mendy) se iba hacia fuera. Era amarilla. Hubiera sido bueno que el Atalanta pudiera jugar en igualdad de condiciones un partido tan importante como el del Real”, ha dicho el italiano, que va más allá: “Zidane también se mostró incrédulo. ¿Viste cómo se reía? El Atalanta tuvo mala suerte, pero hay partido en Madrid. Se puede pasar. Basta con marcar un gol y no encajar”.

Es por ello que siendo líder o perseguidor no hay que descartar nunca, nunca, al Real Madrid y sus circunstancias. Si miramos la clasificación de la Liga, es evidente que el Atlético, con el tremendo potencial que tienen, no está haciendo otra cosa que cumplir, incluso con sus pinchacitos de las últimas semanas. Los que no están cumpliendo, y por eso los colchoneros, que hace tiempo ya dejaron de ser ‘el pupas’, tienen opción de volver a ganar un título de Liga, son el Real Madrid y el Barça, que acumulan desgraciados partidos.

Pero así como en el seno del Barça no hay quien crea en un equipo que se aguanta con alfileres, en el interior del Real Madrid siempre queda acogerse a la ‘cofradía del clavo ardiendo’, que es ese espíritu peleón, disciplinado, combativo, que, unido a estas ayuditas arbitrales, que llegan del silbato o de la pantalla del VAR, da igual, siempre ayudan a dar alcance al que se despista siendo líder.

Es evidente, claro y cristalino, que si el que fuese líder de LaLiga, con 55 puntos y habiendo perdido solo dos partidos (y con un encuentro menos que Madrid y Barça), fuera uno de los grandes, uno de los campeones de siempre, nadie dudaría de que, a finales de marzo, ya sería campeón. Pero es el Atlético y tiene perseguidores que pueden remontar. Por más que los del ‘partido a partido’ se resistan a reconocerlo (y no lo harán porque lo suyo es clasificarse entre los tres primeros ¡¡¡falso!!!!, jugar la Champions y ganar la Liga de ‘los otros!), lo cierto es que solo el Atlético puede perder una Liga que Real Madrid y Barça parecen dispuestos a regalar.

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